Lunes 20 de septiembre, 2021

MUNDO | 28-02-2019 12:42

Polémica en Brasil: ¿vuelve el electroshock?

El Ministerio de Salud brasileño publicó a principios de febrero una nota donde promueve el uso de la terapia electroconvulsiva y la internación para pacientes psiquiátricos.

En el medio de la polémica en el país por la decisión del Gobierno de la Ciudad de implementar pistolas Taser en el subte, el Ministerio de Salud del gobierno de Jair Bolsonaro propuso en una nota técnica publicada a principios de febrero la utilización del electroshock para tratar enfermos psiquiátricos. En el informe de “cambios en la Política Nacional de Salud Mental y en la Política Nacional sobre Drogas”, se apunta a aceptar las terapias con internaciones en manicomios e incluso en casos de menores de edad.

El documento, publicado por el Ministerio de Salud de Brasil y las coordinaciones de políticas sobre salud mental, se orienta a utilizar los recursos del estado para la adquisición de equipos de electroshock o electrochoque. "En la historia de brasil, esta práctica fue un instrumento de represión, de poder sobre el paciente, más que una terapia", dijo Alejandro Padilha a NOTICIAS, quien fue ministro de Salud en el gobierno de Dilma, de 2011 a 2014, y actualmente es diputado federal. Según el médico, era utilizada para reprimir, controlar y reducir a los pacientes en las instituciones psiquiátricas.

"Si esta técnica se aplica en una paciente, de forma no controlada, sin profundo conocimiento y el soporte técnico necesario, puede impactar muy negativamente en el estado físico de la persona", afirmó. El informe hace incapié en el estímulo financiero para la reapertura de manicomios, hospitales psiquiátricos aislados. Padilha repudia esta iniciativa por dos puntos: en principio, porque las instituciones psiquiátricas aisladas muchas veces no tienen soporte clínico para tratar más que enfermedades mentales y, en la historia de Brasil, fueron "una carnicería" por no poder tratar otros problemas de salud.

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En otro punto, recalcó la diferencia entre los tratamientos en situación de internación, en relación a los que se pueden realizar en un ambiente comunitario, en contacto con la sociedad y la familia. A partir de la reforma de salud psiquiátrica de los 90, Brasil fue precursor en profundizar sobre la estrategia de la atención psicosocial, que promueve la inclusión de los enfermos psiquiátricos a la sociedad, acompañados por profesionales y su familia. "Esta propuesta del ministerio significa el retroceso de estas políticas, así como de los recursos que fueron invertidos en la Red Nacional de Atención Psicosocial", explicó el ex ministro de Salud.

Esta propuesta, en lo concreto, cambia los rumbos de la política de salud mental, desde el esfuerzo para reducir la hospitalización de pacientes de salud hacia la presión de algunos sectores por el aumento de financiamiento destinado a la internación. En el documento, firmado por el coordinador general de Salud Mental, Alcohol y Otras Drogas del Ministerio de Salud, Quirino Cordeiro, se critica el cierre de camas psiquiátricas y señala el tratamiento de adictos en instituciones psiquiátricas.

Padilha, además, hace énfasis en lo costoso de este tipo de terapias, como la electroconvulsiva. En el marco de una reforma de la Constitución, que establece un valor máximo de inversiones públicas, como Salud, la prioridad puesta en terapias más caras (como el electroshock), aumenta la desfinanciación a otros sectores, que deviene del recorte presupuestario. "Detrás de esa decisión, también se evidencian los intereses privados de quien produce y quien vende estos soportes", afirma el médico.

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La comunidad LGTBIQ, en alerta. Diversos representantes de la comunidad LGTBIQ en Brasil se mostraron preocupados por la nota técnica del Ministerio de Salud. Padilha aseguró que el electroshock y la internación obligatoria, son prácticas que a menudo se utilizan para "tratamiento gay". Aunque la Organización Mundial de la Salud eliminó a la homosexualidad de su listado de enfermedades mentales en 1990, algunos sectores conservadores mantienen que la orientación sexual puede ser un trastorno mental.

"La combinación de estos dos estigmas, que es el paciente con trastorno mental y de orientación sexual LGBT, puede estar reforzada con el ambiente de la internación y la exclusión de la sociedad. Todo esto, ciertamente, significará el sufrimiento de muchas personas", aseveró Padilha.

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