MUNDO | 10-10-2019 14:47

Juicio político a Donald Trump : jueces o cómplices

La investigación judicial contra el Presidente de EE.UU pone en marcha el blindaje de los congresistas republicanos. El antecedente Nixon.

Lo que revelará el juicio político no es la falta de escrúpulos de Donald Trump, visible desde hace tiempo, sino el nivel ético del Partido Republicano.

¿Qué harán los senadores republicanos cuando el caso ucraniano llegue a la Cámara alta? ¿Actuarán como jueces obsesionados por cumplir la ley? ¿Serán celosos guardianes de la Constitución? ¿O priorizarán el partidismo y convertirán el impeachment en campo de batalla donde derrotar a los demócratas?

Si actúan como jueces y guardianes de la ética y la Constitución, harán lo que hicieron los republicanos que le soltaron la mano a Richard Nixon durante el Watergate. Pero si, por el contrario, priorizan el partidismo por sobre las evidencias (en caso de que las hubiera), quedarán en la historia como cómplices de un presidente inescrupuloso y como protagonistas de una debacle ética y constitucional.

De confirmarse las evidencias sobre la presión de Trump al presidente de Ucrania con el objetivo de dañar la campaña de Joe Biden, si la mayoría conservadora en el Senado igual lo salva de la destitución, esos republicanos se habrán situado en las antípodas de sus correligionarios que, a mediados de la década del setenta, habían decidido no ser cómplices de Nixon sino guardianes de la ética que aquel presidente había degradado al ordenar el espionaje a la campaña electoral demócrata.

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Era un gobernante exitoso que acababa de ser reelecto con más del 60% de los votos, imponiéndose en 49 de los 50 estados de la Unión sobre su contendiente, George McGovern. Pero igual tuvo que renunciar cuando se hizo evidente que los legisladores de su propio partido no estaban dispuestos a poner la filiación política por sobre la ética y el cumplimiento de la ley.

Nixon no sólo acababa de tener una victoria histórica; también había mostrado estatura de estadista al decidir la salida norteamericana de Vietnam y al protagonizar el acercamiento con Mao Tse-tung que reformuló el tablero estratégico mundial, aislando a la Unión Soviética. Sin embargo, cuando la Cámara de Representantes se disponía a iniciar la investigación del Watergate, las señales que emitió el Partido Republicano predecían que los conservadores no estaban dispuestos a encubrir un delito. Por eso Nixon renunció antes de comenzar el juicio político.

La demócrata Nancy Pelosi no espera esa seriedad y esa ética institucional en los republicanos de hoy. Tal es la razón por la que se opuso a que el informe del fiscal especial Robert Mueller sobre la injerencia de Rusia en el proceso electoral para favorecer a Trump habilitara el camino hacia el impeachment. La titular de la Cámara de Representantes da por hecho que la mayoría republicana en el Senado salvará al presidente, incluso al precio del estropicio político, institucional y ético que implicaría ignorar evidencias irrefutables.

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¿Acaso no sería lapidario para el Partido Republicano semejante traición a los valores sobre los que se fundó la democracia estadounidense? Seguramente lo sería en otros tiempos. Pero en la actual sociedad norteamericana, dividida por una grieta como las que fracturan muchas otras sociedades del mundo, es posible que el indecoroso blindaje partidario a la impunidad de Trump no modifique el apoyo del núcleo duro de conservadurismo fanatizado por el magnate. Por el contrario, podría exacerbarlo, azuzando el odio a los demócratas. En definitiva, en el terreno de la demagogia anti elite política y anti izquierdistas, lo que políticamente “no te mata, te fortalece”.

Lobbies. A la grave falta que implica maniobrar para que otro Estado interfiera en el proceso electoral norteamericano, Trump añadió la negligencia o la ignorancia de las leyes que implica haber hablado personalmente al presidente ucraniano para que investigue lo actuado por Biden con Piotr Poroshenko, el antecesor de Zelenski. Y luego siguió sumando negligencias o muestras de ignorar las normas, al exigir saber quién fue el agente que lo denunció.

Pero no hubo voces republicanas reprochándole nada. Tampoco las hubo cuando se burló de Greta Thunber, la niña sueca que cuestiona a la dirigencia mundial por su inacción frente al calentamiento global.

Solo Arnold Schwarzenegger mostró respaldo a la joven activista, mientras en el conservadurismo prevalecía el silencio ante la burla de Trump y la ola de odio contra Thunberg desatada en las redes. En la dirigencia derechista repetían que, al hablar en la ONU, la joven nórdica había “sobreactuado” y que es una marioneta de lobbies empresariales.

En rigor, siempre hay lobbies empresariales detrás de debates mundiales que hacen a las formas de producción. Detrás del “negacionismo” respecto al cambio climático que expresan Trump y otros líderes conservadores están los lobbies de la industria de combustibles fósiles. Es precisamente la acción lobista de este sector la que impidió la implementación de cambios graduales en la producción de energía desde que, en los años 80, los científicos confirmaron que el ecosistema corre peligro porque el planeta se calienta velozmente. ¿Qué resulta más acorde con la gravedad de lo que se debate? ¿La indignación de la niña sueca o la serena inacción de los gobernantes?

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Sin dudas la indignación muestra más salud psicológica y moral que el negacionismo y la indiferencia. Pero ningún republicano reprochó a Trump haberse burlado de la niña que, como toda persona con síndrome de Asperger, además de un coeficiente intelectual elevadísimo, tiene dificultades para ocultar sus emociones. Solo el actor que gobernó California, un republicano muy sui generis, se apartó de la ola de odio ultraconservador y apoyó a la activista.

Quizá, de estar vivo, también John McCain la habría defendido de las burlas de Trump. Y es probable que el viejo senador de Arizona, igual que sus correligionarios de siglo pasado, a la hora de votar el juicio político no actuaría como cómplice porque priorizaría la ética y la Constitución.

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Claudio Fantini

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