Jueves 26 de mayo, 2022

MUNDO | 26-08-2021 19:05

Afganistán, el fracaso de Estados Unidos: vuelta talibán y atentados

Los ataques en Kabul parecen confirmar aún más que la retirada de las tropas americanas causan un retroceso de más de dos décadas.

Mientras miles de personas tratan desesperadamente de salir de Afganistán a través del aeropuerto de Kabul, que actualmente es controlado por el ejército de los EE.UU, los alrededores se encuentran bajo control del Talibán. En este escenario se produjo en el día de hoy un doble atentado en las inmediaciones del aeropuerto de Kabul. Donde  murieron al menos 13 personas, entre ellos varios niños y 60 se encuentran heridas. Actualmente el Wall Street Journal señala que las víctimas mortales afganas se elevarían a 60. Según ha dejado trascender el general de EE.UU. Kenneth F. McKenzie, entre las víctimas mortales hay 12 militares estadounidenses, 11 marines y un médico. McKenzie también ha confirmado que  tanto la primera explosión, producida en la puerta Abbey, una de las tres entradas del aeropuerto, como la segunda explosión en el Hotel Baron, ubicado en las cercanías del aeropuerto, fueron ejecutadas por suicidas con chalecos bomba.

Luego de las explosiones, militantes del grupo terrorista ISIS-K comenzaron a disparar  a la personas cerca del aeropuerto de Kabul, para luego adjudicarse los atentados. Si bien los servicios de inteligencia  de EE.UU., Reino Unido y Australia habían advertido en las últimas horas de una “elevada amenaza terrorista” en el aeropuerto, un diplomático occidental confirmó a la agencia Reuters que las entradas del aeropuerto se encontraban colapsadas con miles de personas, aún luego de conocerse las alertas. Este atentado es solo un nuevo y sangriento capítulo del intento fallido de EE.UU. por imponer  un orden mundial, donde la rápida caída del gobierno afgano blanquea una realidad dramática y compleja atravesada por los intereses de las potencias que rodean Afganistán.

El fracaso del nuevo siglo americano

El apoyo por parte de Pakistán, Reino Unido y los EE.UU. de las milicias Muyahidines que luchaban en Afganistán contra la ocupación de la U.R.S.S. en plena guerra fría, en 1979. Significó la financiación e incluso entrenamiento de lo que llegaron a ser 30.000 combatientes musulmanes provenientes de diversos países, entre ellos se encontraba el joven saudí de 22 años Osama Bin Laden. Así, tras 10 años de guerra los soviéticos se retiraron en 1989 de Afganistán, como resultado de la exitosa (en ese momento) política exterior de la administración Reagan, quien logró su objetivo de provocar en la U.R.S.S. un desgaste militar y económico ayudando a su posterior caída en 1991. 

Pero en Afganistán, para 1992 lo que fue una guerra de liberación contra un invasor extranjero se transformó en una nueva guerra civil entre facciones islámicas que luchaban entre sí, en uno de los países del mundo con más diversidad étnica, religiosa y lingüística. Esto se debe a que Afganistán posee más de 8 etnias, siendo la mayoritaria la etnia Pasthun, cuyos miembros se encuentran tanto en Kabul, capital del país, como en Pakistán. Así en un país carente de gobierno central, donde las únicas zonas tranquilas eran aquellas donde un grupo había logrado retirar al otro, nació por esos años un movimiento llamado Talibán, derivado de la palabra talib (estudiante, en árabe) perteneciente a la etnia pashtun. Los talibanes pregonaban una visión tradicionalista del islam, afín a la de Arabía Saudita, su aparición fue en 1994 y rápidamente se propagaron por el país tomando el control de Kabul en 1996. Si bien no controlaban todo el país, su avance se realizó con el apoyo directo de Pakistán y el apoyo indirecto de Arabia Saudita. 

Mientras por un lado occidente condenó al régimen Talibán por la situación de los DD.HH. en el país, en especial el de las mujeres que eran sometidas a una interpretación radical de la ley islámica sharía. Por otro lado, en los albores de un mundo que se mostraba como unipolar, EE.UU. veía con buenos ojos el enfrentamiento entre los talibanes y el régimen de Irán, ya que habría un flanco de conflicto en las fronteras de ese país enemigo. EE.UU. también tomó inicialmente a los talibanes como un actor moderado que podría estabilizar una zona de por sí inestable, acabando con los fundamentalismos radicales acusados de financiar el terrorismo internacional. 

Pero estas expectativas se vieron truncadas, con  la decisión del régimen talibán de albergar tanto a Bin Laden como a miembros de su organización terrorista Al Qaeda, luego que estos actores hubieran realizado varios atentados contra embajadas estadounidenses, hecho por el cual la administración Clinton bombardeó a fines de los 90 diversos lugares en Afganistán. Posteriormente con los atentados del 11 de septiembre y la rápida invasión de Afganistán, para capturar a Bin Laden y el resto de los miembros de Al Qaeda, se inicio una nueva guerra. En donde EE.UU. con un bajo número de tropas  y con el apoyo de la milicia, Alianza del norte,de orientación anti talibán, logró la caída del régimen y la toma de Kabul a solo dos meses de los atentados de las Torres Gemelas. 

Retirada y avance imparable

Luego de la ocupación de EE.UU. y la redacción de una nueva constitución, fue electo el presidente Hamid Karsai, pero este nuevo gobierno sólo tendria el control parcial del país. Hecho que se reflejaba en la continuidad de la producción de opio afgano, utilizada en la elaboración de heroína, llevado a cabo por diversos señores de la guerra y cuyas ganancias se calculan en 2000 millones de dólares por año. A su vez, EE.UU. continuaba su enfrentamiento tanto contra el Talibán como contra Al Qaeda mientras Bin Laden era arduamente buscado. La ofensiva de EE.UU. fue creciendo llevando a la administración Obama a aumentar en 140.000 los soldados en ese país, en esta nueva y álgida etapa se produjo el asesinato de Bin Laden, quien se encontraba escondido en Pakistán, aliado de EE.UU. en la guerra contra el terrorismo, lo que mostraba la preocupante permeabilidad de los aliados regionales, a la influencia del Talibán

Con la muerte de Bin Laden en 2011 y la posterior muerte en 2013 del Mullah Omar, uno de los fundadores del Talibán, parecía dilucidarse el fin de conflicto, lo que llevó a EE.UU. en 2014 a la decisión de comenzar el retiro de tropas, mientras se entrenaban a las fuerzas afganas para relevar a las tropas de la coalición. Pero tan solo un año después el Talibán comenzó a recuperarse, realizando un avance con una serie de ataques a lo que se sumaron otros ataques de militantes del Estado Islámico (EI) en ese país, aumentando el desgaste de las fuerzas armadas de EE.UU. Esto llevó al errático presidente Donald Trump de aumentar las  tropas en 4.000 hombres y lanzar “la madre de todas las bombas” en 2017, a buscar conversaciones de paz con los talibanes en Doha, Qatar. Siendo que en medio de una tercera ronda de conversaciones ,Trump anunció unilateralmente a fines del 2018 el retiro de 7000 soldados de Afganistán ante la sorpresa de funcionarios afganos y diplomáticos de EE.UU. en Kabul que temían un caos inminente. 

Para 2019, los Talibanes controlaban 50 de 407 distritos del país, disputando poco más de 200, es decir, el gobierno del ahora expresidente Ashraf Ghani controlaba en dicho periodo apenas el 38 % del territorio. Esto sumado al costo humano y financiero que la guerra estaba teniendo para EE.UU. que entre 2001 y 2018 sufrió la muerte de 2401 militares, mientras el costo de la guerra ya había ascendido a 900.000 millones de dólares.  A su vez, la moral de las fuerzas afganas se encontraba en baja, como reveló Ghani en 2019 al declarar que 45.000 miembros de las fuerzas de seguridad afgana fueron asesinados desde que relevarán a la OTAN en 2014.

Así, finalmente en febrero del 2020 se llegó a un acuerdo en Doha, donde EE.UU. reduciría para julio de ese añosus tropas de 13.000 a 8.600 para retirarse totalmente en mayo de 2021. Dicho acuerdo fue ratificado por el actual presidente Joe Biden quien adelantó la retirada total para fines de agosto del 2021. Posteriormente una nueva ofensiva del Talibán junto a Al Qaeda comenzó en mayo del 2021(fecha original del retiro de EE.UU.) mientras simultáneamente se retiraban del país las tropas de EE.UU. Entre los meses de julio y agosto los talibanes tomaron el control de 64 distritos del gobierno afgano, tomando el 12 de agosto a Kandahar y Herat, segunda y tercera ciudad del país respectivamente. Esto dejó el camino despejado para la caída de Kabul el 15 de agosto, causando las escenas dramáticas de los últimos días

Oportunidades y peligros para las potencias

El nuevo escenario abierto por los talibanes se da en un país que siempre ha sufrido los embates de ubicarse en el punto de encuentro de imperios poderosos. A su posición estratégica en el Asia central, se le debe sumar que Afganistán posee enormes recursos mineros como cobre, cobalto, oro e incluso litio. Según diversos estudios la provincia de Helmand, al sur del país contendría más de 1 millón de tierras raras, fundamentales para el desarrollo tecnológico, y recurso que diversas potencias ansían. Afganistán también se encuentra en el centro de las ambiciones chinas de la “nueva ruta de la seda”, que incluye la intención por parte de China la construcción de gasoductos, rutas y rieles que están en desarrollo. Lo que explica la rapides de China para iniciar conversaciones con los talibanes preservando sus inversiones y buscando nuevas.

Mientras la Rusia de Putin se muestra abierta al diálogo diplomático con el nuevo regimen, ya  que venía tendiendo puentes de diálogo entre el depuesto gobierno afgano y los talibanes, a quienes prefiere como actores en su zona de influencia, en función de crear un Estado tapón que proteja los límites al sur de Rusia de amenazas más graves como el EI. China más alla de sus inversiones, mira con preocupación que el nuevo régimen fomente el surgimiento de organizaciones extremistas de su minoría musulmana Uigur, al oeste del país. Y en donde EE.UU. contempla con estupefacción como luego de 20 años con miles de muertos civiles y militares, y miles millones de dólares gastados, se encuentran en el mismo punto de partida de lo que George W. Bush llamó “la guerra contra el terror” .

 

 

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Ignacio Ramundo

Ignacio Ramundo

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