MUNDO | 08-02-2021 14:35

La pandemia potenció las eternas crisis de las monarquías europeas

Cómo las realezas, inmersas en sus viejas crisis estructurales, ahora, además, deben enfrentar las generadas por el coronavirus.

El manejo de la  pandemia por parte de los gobiernos europeos ha puesto bajo la lupa la capacidad de gestión, no solo de los políticos tradicionales, sino también de las realezas de Europa. En un contexto de crisis sanitaria y económica, los súbditos de las monarquías parlamentarias les exigen a las casas reales "ejemplo y liderazgo". Sin embargo, la credibilidad y prestigio de varias monarquías se encuentran en niveles históricamente bajos, ya que, además, la crisis del coronavirus las ha complicado aún más. 

Las monarquías europeas son instituciones que construyen su poder en base al simbolismo de su representatividad del Estado y en la no intervención en las acciones de gobierno. Por lo tanto, todo comportamiento de la nobleza que choque con esta representatividad genera un daño a esta institución. Los escándalos reales relacionados con infidelidades entre miembros de la corona, hijos ilegítimos y fiestas sexuales, entre otros, han tenido impacto, como lo sufrió el monarca sueco Carlos Gustavo. También han sufrido escándalos de mayor gravedad como la acusación de Virginia Giuffre contra el príncipe Andres de Inglaterra de haber abusado sexualmente de ella cuando era menor de edad; y de la supuesta pertenecía a la red de trata del difunto empresario norteamericano Jeffrey Epstein. Un escándalo que trato de ser contenido por la corona y por el Gobierno inglés que en 2011 le retiró al príncipe el título de "Representante Especial de Comercio e Inversión del Reino Unido".

Coronas y Coronavirus

El contexto de pandemia llevó a los súbditos de la corona a exigirle a sus monarcas que sean los primeros en dar el ejemplo en las medidas de cuidados contra el coronavirus. Pero todo se complicó cuando la prensa holandesa reveló que el rey Guillermo Alejandro y la reina Máxima se habían ido 2 veces de vacaciones a Grecia durante el 2020. Primero apareció una fotografía en la que se veía cómo la pareja real no mantenía las medidas de distanciamiento y, posteriormente, trascendió que el segundo viaje de vacaciones lo realizaron en medio de los cierres parciales de fronteras de ese país. Esto hizo que el descrédito de la monarquía holandesa creciera a niveles sin precedentes, generando multitudinarias protestas contra los nuevos confinamientos que terminaron en graves disturbios a finales de enero del 2021.

Desde la llegada del Coronavirus, el golpe que recibe la realeza cada vez que un miembro de la nobleza no respeta alguna de las medidas de cuidado sanitario que le exigen al resto de la población, afecta directamente la imagen de la corona. Como le sucedió al rey Alberto de Mónaco cuando fue fotografiado festejando el Oktoberfest sin tapabocas, acción que generó una indignación generalizada en sus seguidores.

Las apariciones públicas también han sido cuantificadas por la prensa, como en el caso de la Reina Isbael II, quien en el 2020 dio un inusual discurso a todo el Reino Unido en el que aseguró: "Juntos estamos enfrentando esta enfermedad, y quiero asegurarles que si permanecemos unidos y decididos, la superaremos". Estas palabras las dijo luego de un largo periodo de no aparición de la familia real inglesa, ya que habían sido contagiados de COVID19 nada más y nada menos que los príncipes Carlos y William.

El costo de la Corona

El costo de mantener la monarquía y los negocios que hacen los miembros las casas reales son lo que siempre genera más revuelo y rechazo, en especial durante la fuerte crisis económica desatada por la pandemia. Si se observa la asignación directa que reciben las casas reales de Europa  por cada súbdito, en el periodo 2017-2020, la monarquía más costosa es la de Mónaco, que recibe 1219,20 euros de asignación directa por súbdito (Mónaco es uno de los países con el PBI per cápita más alto del mundo). Mientras que, la menos costosa es la española, con 0,17 euros de asignación directa por súbdito. 

Dentro de la larga y nutrida lista de escándalos financieros en los que los miembros de la realeza esconden dinero de los organismos de control parlamentarios, el caso de la corona española es actualmente el más dramático. El rey Juan Carlos I pasó de ser "el rey de la transición democrática española" a "el rey de los escándalos": desde su viaje de cacería en África en 2008, en medio de un pico de desempleo de su país, como los 65 millones de euros que recibió entre 2004 y 2009 Corinna Larsen, la ex amante del rey;  hasta el de 2011 de corrupción que involucró a la infanta Cristina y su marido Iñaki Undargarín, que  obligó al monarca a mostrar sus finanzas al público. Por esto, en 2014, la imagen de la corona había quedado tan perjudicada que el monarca debió abdicar en favor de sucesor: Felipe VI. 

La abdicación no cambió nada, ya que los escándalos de la casa real española continuaron en 2018, con la aparición de una cuenta oculta por 84 millones de euros que el ex rey poseía en Suiza.  La justicia ed ese país y la española sospechan que el dinero allí escondido fue parte de un pago de la casa real Saudi al ex rey por la intermediación en la construcción de un tren de alta velocidad en la Meca. Este oculto pago habría sido realizado mediante paraísos fiscales por un solo fin: evadir impuestos. Esto causó una serie de fuertes protestas en las que se pedía el juicio del ex rey y, pocos días después, Juan Carlos I abandonó España y se refugió en los Emiratos Árabes.

El caso español es el ejemplo más dramático del momento de crisis que sufren las monarquías europeas, donde la falta de  liderazgo y escándalos financieros no hacen más que fomentar una fragilidad cada vez más difícil de ocultar.

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Ignacio Ramundo

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