Domingo 27 de noviembre, 2022

MUNDO | 30-10-2022 19:54

Lula da Silva: su "Frente de Todos" y una oposición durísima

El nuevo presidente deberá buscar la reconciliación brasilera para sacar al país de sus crisis e implementar reformas. Posibles reveses frente a un Congreso opositor.

Es resultado de las elecciones brasileras probó que no hubo una migración masiva de votos de los más pobres a Lula Da Silva. El líder del PT y su equipo de campaña trabajaron en la apelación nostálgica a las que habían sido las políticas sociales en sus dos primeros dos mandatos (2003-2010), en las que Brasil experimentó un crecimiento económico extraordinario combinado con medidas exitosas de distribución del ingreso. 

Pero antes esos mensajes el electorado se mostró dividido. El segundo mandato de Lula da Silva había terminado con una aprobación del 80 por ciento y un crecimiento del PIB de 7,5%. Pocos ven que ese escenario vaya a repetirse. El ex presidente reelecto sólo generó un fuerte apoyo entre los brasileños que están en el umbral de la indigencia, y que han sido tradicionalmente los beneficiarios de su programa social insignia, la Bolsa Familia, que distribuyó transferencias monetarias, los planes sociales que también corren localmente. 

Las elecciones muestran en tanto que Jair Bolsonaro se apoyó en la clase media baja, aquella que ve con recelo las políticas sociales de Da Silva hacia sus propios votantes, un escenario parecido al que viven Alberto Fernández y el Frente de Todos en Argentina. La línea entre los dos grupos es borrosa, advierten los analistas políticos brasileros, pero la tensión entre las dos facciones por los ingresos y las oportunidades económicas, algo que también sucede localmente, parece brindar una mejor explicación de los resultados electorales brasileros.

Por eso, la retórica de campaña que adoptó Lula en el último tramo, fue bastante diferente de las elecciones anteriores, cuando chocó abiertamente con las élites. Esta vez el candidato del PT se presentó como el candidato del sistema, como un “Joe Biden brasileño”, poniendo fin a un interludio trumpista. Reunió un frente extraordinariamente amplio, un "frente de todos" que incluye a casi toda la oposición de izquierda, pero también a los principales representantes del poder económico, socialdemócratas, liberales conservadores, la ecologista de izquierda Marina Silva y el liberal socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, entre otros.

Su campaña tampoco estuvo dominada por la movilización callejera o el faccionalismo agudo. Por el contrario, hubo pautas explícitas para los simpatizantes de no confrontar a los votantes bolsonaristas, e incluso de restar importancia al tradicional color rojo del PT en los eventos de campaña. Y aunque su coalición había preparado un programa político de izquierda, Lula lo ignoró en los debates, lo eludió en discursos a votantes y medios de comunicación, y subrayó en varias ocasiones que no tomaría posiciones divisivas, especialmente cuando se trata de sus planes para la economía: mismos argumentos usados por Alberto Fernández en su campaña de 2019. 

A lo largo de la campaña de hecho, Lula Da Silva construyó una imagen de promotor de la paz, señalando la necesidad de resolver los conflictos que se multiplican entre los diferentes segmentos sociales. Bolsonaro y las fuerzas bolsonaristas, en cambio, ocuparon de lleno el espacio político antisistémico (una línea similar a la que hoy mantiene el ex persidente Mauricio Macri, expuesta en su libro "Para qué"). El presidente saliente basó su campaña en ataques verbales contra los medios corporativos, especialmente contra la cadena de televisión más grande, Globo, la Corte Suprema de Brasil y las universidades.

En un país que tradicionalmente ha sido testigo de la intimidación, el chantaje y el asesinato de opositores electorales en las periferias urbanas y en el interior del país, la retórica de Bolsonaro puso a Brasil en riesgo de una violencia política generalizada. Varios asesinatos se atribuyeron a disputas entre simpatizantes de los dos candidatos. Un escenario más parecido al que se dio en Estados Unidos con Donald Trump. Y que acabó con la violenta toma del Capitolio en Washington.

La salida de la profunda crisis en la que se ha sumido Brasil en la última década requerirá de un New Deal brasileño que impulse cambios estructurales muy necesarios en la ley laboral. Pero para ello Lula deberá buscar la reconciliación y reconstruir puentes entre los segmentos polarizados de la sociedad. Algo que no será sencillo, dada la enorme resistencia que encontrará en el Congreso. 

Si bien muchos vieron los resultados de las elecciones del 2 de octubre pasado como una clara victoria de Lula Da Silva y la izquierda brasileña, un análisis más profundo revela una realidad diferente. Lula obtuvo 57 millones o el 48 por ciento de los votos, menos de lo que pronosticaban muchas encuestas, lo que lo llevó a una segunda vuelta con Jair Bolsonaro.

Jair Bolsonaro obtuvo 51 millones de votos, dos millones más que en la primera vuelta de la elección presidencial de 2018. Esto a pesar de que su gobierno fracasó en sus políticas económicas, el manejo de la pandemia, la lucha contra la corrupción y la agenda del cambio climático, especialmente en lo que respecta a frenar la deforestación amazónica.

En las elecciones parlamentarias y de gobernadores, que también tuvieron lugar el 2 de octubre, los partidos de derecha y, en particular, la extrema derecha, se comportaron mucho mejor de lo que mostraban las encuestas: ganaron más representantes en las dos cámaras del parlamento que el PT y sus aliados, por lo que tendrán mayoría para complicar buena parte de los proyectos que envíe Lula da Silva al congreso brasileño.

Entre los elegidos al parlamento se encuentra el ex juez Sergio Moro, quien dirigió la investigación anticorrupción que llevó a la cárcel a Lula; Damares Alves, la defensora más ruidosa de la teoría conspirativa de la “ideología de género”, que afirma que los valores familiares están amenazados; y el exministro de salud Eduardo Pazuello, quien manejó mal la respuesta a la pandemia. Todos eran ministros del gobierno de Bolsonaro que ahora aparecen como decisivos opositores de la nueva gestión, que enfrentará como la de Alberto fernàndez en Argentina, posibles reveses para la aprobación de presupuesto y reformas con fines económicos. 

 

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Maximiliano Sardi

Maximiliano Sardi

Editor de Internacionales.

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