LIBROS | 11-07-2020 12:30

Juan L. Ortiz: el regreso

***** “Obra completa” de Juan L. Ortiz. Eduner (Univ. de Entre Ríos) y UNL (Univ. de Santa Fe), 1694 págs. en 2 volúmenes. $ 3.500.

Ahora se sabe que Juan L. Ortiz (1896-1978) es uno de los grandes poetas de la lengua castellana (jaspeada por el francés y el guaraní). Durante décadas no se movió de las cercanías del Paraná, elaborando un modo único de expresarlo, insistente, licuado, misterioso. Se fue encargando de editar sus libros, ilustrados con dibujos propios en la tapa. Salió sólo tres veces de Entre Ríos: a Buenos Aires a los 17 años, donde vivió dos años; desde Buenos Aires a Marsella, custodiando chatas de hacienda; y ya reconocido, a China, Rusia y otros países socialistas.

Se puede decir en un oxímoron: la pasión delicada que lo sostenía en la pobreza, en el trabajo burocrático, eran su compañera Gerarda y la Obra. Porque esos numerosos libros chicos demostraron en 1970 ser un solo libro: “En el aura del sauce”, reunidos en la primera edición, rosarina, de su obra completa. La prolija lectura descubría, además, que después de una década de no publicar, había dado a conocer poemas de gran extensión, en especial “El Gualeguaychú”, que solo en la superficie parecían ser otra cosa. En 1996 hubo una segunda edición santafesina.

Ahora dos universidades se unieron para difundir una tercera edición renovada y aumentada, dividida por el sentido común en dos tomos. El primero es “El aura del sauce”. El segundo, “Hojillas”, aprovecha la investigación de sus archivos para agregar muchos poemas, prosa, artículos, los textos críticos de la segunda edición y una serie de extensos trabajos nuevos. La coordinación y prólogos principales son de Sergio Delgado.

Quien ya lo conoce y admira, podrá disponer de una herramienta muy bien preparada para su uso. Un aporte importante es una prolija “Cronología” de su vida, de Mario Nosotti. Otro, las cartas para César Tiempo. Al principio hace sonreír el encabezado: “Querido Tiempo”.

Quien no lo conozca, puede descubrir algo que, al principio, lo dejará un poco desorientado, pasmado: la insistencia en el agua, el aire, los colores de las estaciones, las palabras guaraníes entremezclándose.

El trabajo del estilo es microscópico y paciente. A medida que avanza, el lector nuevo descubrirá que nunca leyó algo igual. Que con seguridad la poesía, aparte de rimas y de estilos, siempre es, “acaso sobre todo, la intemperie sin fin”.

También te puede interesar

Galería de imágenes

En esta Nota

Elvio E. Gandolfo

Elvio E. Gandolfo

Crítico de Libros.

Comentarios