Lunes 26 de febrero, 2024

MúSICA | 05-11-2023 10:50

Electrónica al cuadrado

Nico Sorín recrea el Octeto Electrónico de Astor Piazzolla desde una visión atrevida y rupturista.

CUATRO ESTRELLAS

Con la intención de lograr un acercamiento al mundo joven rockero o por su eterno espíritu inquieto, en los años ’70 Astor Piazzolla probó con algo que llamó Octeto Electrónico. Que no debe confundirse, por supuesto, con el Octeto Buenos Aires, seguramente el punto más atrevido y supremo en su historia que lideró un par de décadas antes. Más allá de estar integrado por músicos enormes, aquel experimento incluía un bajo eléctrico, órgano y un teclado de sintetizador que tocaba su hijo Daniel; una instrumentación a la que hoy, sin dudas, no se llamaría de igual modo pero que era muy osada para el ámbito tanguero por esos tiempos.

Muchos años después, y en el marco de los festejos por el 100º aniversario de su nacimiento, su nieto el baterista Pipi Piazzolla
convocó a un artista de otro palo, el multifacético Nico Sorín, para que hiciera una recreación libre de aquel proyecto. Y a diferencia de
otros aportes de ese año ’21 del aniversario, éste de Sorín se instaló y se fue haciendo clásico, como que viene repitiéndose
centralmente en el salón de Niceto Club –donde lo vimos- y que en breve también tendrá proyección internacional con presentaciones
en Chile.

Lo que decidió Sorín, con algunas pequeñas variantes de músicos desde el comienzo hasta hoy, fue partir de la música, el repertorio y
los arreglos de Piazzolla, estudiar todo en profundidad, y ponerlo en sintonía con su propio concepto de la electrónica y con sus
experiencias como cabeza del grupo Octafonic. Podría decirse entonces que agrega una electrónica intensa, rockera, voluminosa,
a ratos desaforada, a aquella electrónica tímida del bandoneonista.

La orquestación elegida se parece en el papel pero el modo de utilizar los instrumentos, la amplificación, el atrevimiento para
interpolar otras piezas –como que puede sonar “El bombón asesino” en medio de “Adiós Nonino”-, la improvisación, la libertad para
salirse de las formas y/o las melodías originales, dan por resultado una música rupturista que aliviana y complejiza a la vez obras que
son de por sí sumamente jugosas.

Sorín conduce desde los teclados o la batuta. Lo acompañan Nana Arguen (guitarra eléctrica), Franco Fontanarrosa (bajo eléctrico), el
inefable Rodrigo Gómez (batería), Noelia Sinkunas (piano), Marcoz Cabezaz (percusión y marimba) y Federico Santisteban
(bandoneón); un verdadero dream team que le responde a la perfección. Suenan “Meditango”, “Zita”, el citado “Adiós Nonino”,
“Violentango” y “Michelangelo 70”. El Chino Laborde hace una buena interpretación de la “Balada para un loco”. Y “Libertango”, la
pieza de Piazzolla más tocada en el mundo, abre y cierra el concierto; para la hora de los bises, con Milo Moya haciendo una
suerte de scat rockero y la gente cantando como si fuera un coro de cancha. Quién sabe qué pensaría Piazzolla de todo esto. Pero en
tal caso no importa, porque la búsqueda bien que vale la pena.

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Ricardo Salton

Ricardo Salton

Periodista crítico de música.

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