Domingo 26 de septiembre, 2021

OPINIóN | 06-08-2020 14:38

La nueva ley de teletrabajo protege la industria del juicio

Adrián Gilabert, autor del libro 'El trabajo ha muerto', advierte que se trata de una norma promulgada en 2020 pero con un pensamiento de hace 100 años.

Cuando nos enfrentamos al análisis de una ley podemos hacerlo observando cada artículo, analizarla en cuanto al “espíritu” de la ley, y también dos cuestiones centrales: si es oportuna y bajo qué sistema de pensamiento o creencias se hace.

Queda claro que el espíritu es cuidar a las personas en esta nueva modalidad, en verdad es nueva para nuestros representantes, para muchas empresas y personas esta modalidad lleva años. Por supuesto que nunca jamás antes habíamos tenido un estado de emergencia que nos obligue a trabajar desde casa masivamente. Justamente, esto que aún estamos haciendo no es teletrabajo, es un trabajo remoto de emergencia. Sobre esto han legislado teniendo un espíritu “corto” debido a la falta de comprensión de lo que es el teletrabajo : movilidad, trabajo por objetivos sin jornada laboral clásica. Si bien el espíritu es cuidar, de tanto que nos cuidan nos van a ocasionar serios problemas. Veamos.

En toda ley hay artículos obvios, lógicos, ridículos y conflictivos. Vamos a centrarnos sólo en las últimas dos clasificaciones.

Primero, la obligatoriedad de registro en el Ministerio de Trabajo de cada empresa que tenga esta modalidad denota que consideran al teletrabajo una modalidad, algo especial, raro, una excepción, no lo que en verdad es: trabajo con las herramientas de la época. Esta necesidad de registro es seguir sumando burocracia innecesaria. Sugiero algo más sencillo, consideren a todas la empresas del país dentro de la modalidad, porque no existirá más el trabajo sólo en oficinas.

Segundo, hay varios ítems que refieren a la jornada laboral : el que menciona que debe haber un acuerdo escrito previo, el que las plataformas deben ser acordes a la jornada laboral impidiendo su conexión fuera de la misma y el derecho a la desconexión.

Vemos aquí un problema serio de sistema de pensamiento. Subyace el modelo “trabajador-engranaje” Tayloriano. Jornada laboral de 8 horas, trabajo repetitivo. No han advertido lo que ha estado pasando en este siglo. No es lo mismo el trabajo en la línea de producción en cuanto al orden en horarios y turnos, que el rol de marketing que eventualmente ante una campaña nueva trabaja durante un mes 12 horas por día hasta el lanzamiento y luego baja la intensidad a dos o tres horas diarias. No es lo mismo la rigurosidad que requiere el rol de logística en tiempos y urgencias, que el rol de una planificación financiera que a veces se hace por la noche cuando no hay llamados o reuniones. No han comprendido la gran oportunidad que las herramientas nos dan para tener trabajos con “jornadas” variables, según el rubro, el rol, el día, las ganas. La idea de que la plataforma se “apague” fuera del horario pactado no le hace ningún bien al empleado, no lo cuida, lo limita para acomodar su agenda según su día, esto más allá de lo ridículo que puede sonar la idea de “apagar” una plataforma, tanto como apagar una línea de producción.

Tercero, el empleador deberá hacerse cargo de mayores gastos del empleado por la conectividad por medio de una compensación y en ella no aplicará el impuesto a las ganancias. Lo que no está claro es si aplicarán cargas laborales sobre esa compensación. Espero que no aplique o veremos un crecimiento en los costos para las ya débiles Pymes, o lo que es peor, una enorme resistencia por parte de las pymes a contratar bajo la modalidad teletrabajo, perdiendo así mucho empleo joven.

Cuarto, que los accidentes en ocasión de teletrabajo, es decir, “en casa” para esta ley, deban ser considerados accidentes de trabajo sientan las bases para incrementar la perversa “industria del juicio” que ha puesto a los y las dueñas de las pymes en la idea de “no quiero contratar gente nunca más en este país”. Sólo imaginemos un clásico accidente en la cocina con aceite hirviendo siendo considerado accidente de trabajo….

Quinto, regula la contratación “transnacional”, por un lado que una empresa del exterior contrate a un profesional en nuestro país y vice versa. En el primer caso rige la ley de donde se realiza la tarea. Imaginemos a una empresa de Irlanda contratando a alguien aquí y asumiendo la ley laboral Argentina. Ya sé, imposible de imaginar. Claro, es evidente que en vez de facilitar la contratación en blanco y con salarios magníficos que podrían pagar a nuestra gente lo único que lograrán son algunas de estas opciones : habrá profesionales que se irán del país, otros serán monotributistas facturando al exterior al tipo de cambio oficial, habrá quienes se tomen el trabajo de armar una sociedad anónima para prestar el servicio y proteger a la empresa extranjera, pagando contadores y entrando en la maraña del sistema tributario. Sin duda, traban el empleo. Se pierden oportunidades.

Finalmente, nos queda compartir dos aspectos : si la ley es oportuna y bajo qué sistema de pensamiento o creencias se ha hecho.

Cuál era el apuro? Por qué no estudiar lo que ocurrió estos meses, por qué no pedir las ideas que se estuvieron debatiendo en el sector privado, por qué no consultar a quienes hace rato “teletrabajan” y, sobretodo : por qué no esperar a ver en la realidad los efectos positivos y negativos que esta transformación puede tener en los vínculos laborales? Por qué no mirar más allá aunque sea por una vez y plantear con estudio y reflexión un proyecto moderno, que nos sorprenda?

No, no fue oportuna en tiempo y espacio.

Va siendo hora de que seamos un poco valientes y cambiemos el sistema de creencias bajo el cual está pensado la ley : “empresario malo”, “trabajador/a engranaje”, “para ganar plata debo hacer lo que no me gusta”, “jornada laboral”.

La palabra trabajo viene del latín tripaliare y significa “tortura”, sí, como lo ha leído. Es decir que teletrabajo sería algo como “tortura a distancia”.

Es tiempo de avanzar sobre la idea de la actividad plena rompiendo sistemas de creencias, teniendo como ejes el propósito (razón de ser), la creación de valor por medio de talentos, los proyectos por objetivos y la movilidad. Tenemos las herramientas de la época para lograrlo, pero nos estaría faltando una “ley”....

 

* El autor escribió el libro 'El trabajo ha muerto' y es especialista en crisis empresaria.

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por Adrián Gilabert

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