Viernes 25 de septiembre, 2020

OPINIóN | 03-08-2020 16:58

Rodríguez Larreta y el síndrome de Estocolmo

Las dudas del jefe de Gobierno para apoyar la nueva prolongación del aislamiento. Y qué lo une al peronismo.

Se llama síndrome de Estocolmo a la relación de afecto y complicidad que un secuestrado desarrolla con sus captores, en contra de toda lógica. Las estadísticas que maneja el FBI dicen que el 27 por ciento de los rehenes experimentan esos sentimientos de empatía y agradecimiento para con sus carceleros, aunque el síndrome aún no está reconocido por los dos manuales más importantes de psiquiatría, el “Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales” y la “Clasificación internacional de enfermedades”. Pero existir, existe.

Si no que lo diga Horacio Rodríguez Larreta, el jefe del Gobierno porteño que hace meses está secuestrado por el presidente Alberto Fernández, quien lo sienta a su derecha en cada nuevo anuncio de la cuarentena, casi como una cábala. En el peronismo jocosamente han empezado a llamarlo “compañero Horacio” y a felicitarlo por su incondicional respaldo. Larreta le sigue el juego al Gobierno por dos razones. Primero, intuye que, estando al frente de la Ciudad, necesita aceitar el vínculo con la Casa Rosada por cuestiones operativas en medio de la pandemia, o, en otras palabras, porque sabe que no se puede gestionar un territorio de millones de habitantes con el poder central en contra. La segunda razón eran las encuestas, aunque ahora, con el paso de los meses,  estén dejando de serlo: al comienzo de la pandemia, la foto del jefe porteño con el Presidente les rendía a ambos y alimentaba su imagen de patriotas dialoguistas, pero hoy la malaria económica y la prolongación –una y otra vez– del aislamiento desinfló esa popularidad que los sondeos les regalaron en las primeras semanas. Porque todo tiene un límite. Y el intendente, aún secuestrado, siente que la cuarentena y la paciencia de los ciudadanos no da para más.

Y sin embargo, allí sigue, en medio de sus captores. Su cara larga en el último anuncio, el que prolongaba durante otras dos semanas más las medidas de control, hablaba por sí sola. Alberto Fernández y el gobernador Axel Kicillof casi lo llevaron a la rastra a ese cónclave, que Larreta dudó en apoyar. Pero el síndrome de Estocolmo lo terminó sometiendo, otra vez.

Antes de ese último anuncio, el “compañero Horacio” había festejado el gradualista cronograma de apertura de hace dos semanas, que el pico de contagios de los últimos días echó para atrás. “Siento que es la primera buena noticia que doy en meses”, se había sincerado.

Pero tendrá que seguir esperando. O escaparse de sus secuestradores.

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Franco Lindner

Franco Lindner

Editor de Política, columnista de Radio Perfil y autor de "Fernández & Fernández" (Planeta).

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