OPINIóN | 06-12-2019 15:52

La pulseada entre Evita y el Generalísimo Francisco Franco

Secretos de la "Gira del Arco Iris" que protagonizó Eva Duarte en Europa. La ideología y la vida en peligro.

El viaje de Eva Duarte de Perón a Europa en 1947 generó un sinnúmero de especulaciones y falsedades. Desde vincularla con la fuga de nazis y el oro de los judíos, hasta ser criticada por no haber sido nombrada por Pío XII marquesa ni duquesa pontificia.

En ese viaje, que Evita misma bautizó como la “Gira del Arco Iris”, duró 79 días y visitó 8 países. Fue acompañada por una delegación, que integraban Lilian Lagomarsino de Guardo, Alberto Dodero, y Juan Duarte, entre otros. Se sumaron dos religiosos: Hernán Benítez S.J. confidente de Eva Duarte, y Pedro Errecart OFM que reportaba a Perón.

Durante ese largo periplo, fue agasajada por los jefes de estado. Pero a mi juicio, hay un hecho poco conocido que vale la pena ponerlo en valor histórico, que la pinta a Evita de cuerpo entero.

Unos días antes de llegar a Madrid, una célula del partido comunista colocó un explosivo en la embajada argentina, en repudio por la visita de la primera dama. Los autores fueron capturados, y condenados a muerte en mayo de 1947.

Estando en Madrid, Evita recibió una carta: “Señora Eva Perón, por favor, a mí me han fusilado a mi padre y ahora van a fusilar a mi madre. Necesito que me ayude. Se llama Juana Doña, está en la cárcel de mujeres y Franco la quiere matar. Firmado: Alexis Jiménez”.

Ante esta trágica noticia escrita por un niño de 6 años, Evita se perturbó y se preocupó por la vida de esa mujer. ¿Qué hizo? Le pidió una audiencia a Franco para interceder en favor de Juana. –General, libere a esa mujer y a sus compañeros. –Señora, esas personas son rojos, que pusieron una bomba en su embajada. –No me importa, son vidas humanas que hay que salvar. –Señora, no se inmiscuya en cuestiones que le son ajenas. –Mire Franco, si no la libera, no recibirá ni un gramo de trigo. Finalmente, Eva Perón se salió con la suya y consiguió que Franco le conmute la pena de muerte, por 30 años de prisión. Sus camaradas, en cambio, fueron fusilados el 28 de agosto. El niño Alexis logró salvar la vida de su madre. Juana Doña Jiménez ingresó en la cárcel donde estuvo 18 años en prisión.

Algo similiar ocurrió con el fraile lego Pedro Errecart. Este franciscano estando en Madrid, también recibió un mensaje de tres argentinos que iban a ser condenados a muerte, y el religioso le fue a pedir a Franco que les conmute la pena, lo que consiguió. Franco no salía de su asombro de lo que le estaba sucediendo con la visita protocolar y oficial de la delegación argentina. Fue para él y su esposa, un verdadero dolor de cabeza.

El 1 de agosto de 1961 Juana Doña salió en libertad. Viajó a Francia. Fundó el “Movimiento por la Liberación e Igualdad de la Mujer”. Escribió varios libros: “Mujer”, “Desde la noche y la niebla”, y otros. Continuó con su actividad política en el Comité Central del PCE. Falleció el 18 de diciembre de 2003 en Barcelona, a los 84 años.

La periodista Silvia Pisani del diario La Nación, pudo hacerle un reportaje a Juana Doña en el año 2002, un año antes de su muerte:

“–Usted jamás dijo nada a Eva Duarte. ¿Por qué? –No me interesé yo, ni se interesó ella. Fuimos dos mujeres que no tuvimos relación. Ni le di las gracias. Y no se crea, hay gente que eso me lo reprocha y otra gente que dice que hice bien. –¿Por qué no le agradeció? –Quedamos en paz. Para mí fue la vida, seguramente. Pero para ella, la posibilidad política de exhibir el logro de haber conmutado la pena a la mujer que puso la bomba en la embajada argentina. –Usted fue política. ¿No le interesó que ella también lo fuera? –Soy comunista desde que tengo 13 años. Aprendí mucho de política. Y aquel peronismo no fue un sistema con el que yo simpatizara. Me alegró al principio, cuando vi que les quitaban a los ricos para repartir a los pobres. Pero lo cierto es que mucho de aquel oro desapareció. Muy pronto la cosa dejó de ser tan humana. O tan ideológica…”.

A lo largo de su ajetreada vida, esta mujer nunca le agradeció a Eva Perón que le salvó la vida por pedido de su hijo, quien realizó la compleja misión de enfrentarse con Franco, un dictador todopoderoso, implacable e insensible. Tampoco intentó conocerla, y menos aún escribirle unas líneas.

El momento en que se enteró de la muerte –prosigue la entrevista de Pisani– de quien la había salvado. –¿Qué pensó? –Admito que, entonces, me hubiera gustado enviar un telegrama, al menos. Al fin y el cabo, yo vivía por ella… ¿Sabe? No me arrepiento de nada…”.

Eva Duarte de Perón murió cinco años después de este acto heroico, precisamente el de salvar una vida humana, de una mujer desconocida. Nunca recibió la gratitud más que merecida de la víctima ni de sus familiares. Por eso mismo, no son dignos del refrán: “Es de bien nacido ser agradecido”.

(El autor acaba de publicar "Perón íntimo", Editorial Areté).

 

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Ignacio Cloppet

Ignacio Cloppet

Miembro de la Academia Argentina de Historia. Profesor de la Usal.

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