OPINIóN | 14-11-2021 11:19

Un inesperado cierre a la campaña

Por Nicolás Rotelli*. El asesinato de un hombre mientras trabajaba en su kiosco en La Matanza fue el punto de quiebre en una larga campaña electoral signada, como tantas otras, por acusaciones cruzadas y escasas propuestas.

La ilusión de “cierre” es inherente a la política: la campaña comienza aquí y termina allá, se hablará de estos temas, éstos serán los voceros, tal día a tal hora será el cierre de campaña con un acto en el que habrá música, cotillón, bombo, bandera y vincha (sin escatimar en costos). Pero esta vez, el cierre parece haberse precipitado desde afuera. El asesinato de un hombre mientras trabajaba en su kiosco en La Matanza fue el punto de quiebre en una larga campaña electoral signada, como tantas otras, por acusaciones cruzadas y escasas propuestas. Un punto de quiebre para una sociedad cansada: de la pandemia, de la crisis económica, de la inseguridad, de la campaña.

La política pareció sentir el golpe. Una sociedad movilizada, indignada, en términos del sociólogo catalán Manuel Castells, que reclama en el espacio público cuando entiende que se vulneran sus derechos. Sin embargo, la campaña siguió su rumbo, tanto para oficialismo como para oposición, más allá de algunos matices. Los cierres de campaña se mantuvieron prácticamente inalterables, como si no hubiera lugar para correcciones sobre la marcha, para entender que el momento reclamaba otra respuesta de los postulantes a representantes de una sociedad en duelo.

La comunicación política se define a sí misma, muchas veces, desde el construccionismo: a través de los mensajes construyo acontecimientos, problemas, interpretaciones y soluciones. Ahora bien: ¿qué ocurre cuando surge algo imprevisto? ¿Adónde queda el potencial de “construir” desde el discurso político si lo que conmueve es la violencia, la ausencia de la palabra para dirimir los conflictos o las tensiones?

Las estrategias de comunicación política en campaña parecen haber cambiado en sus formas, pero no en el fondo. De los análisis de grupos focales a las mediciones actuales de las reacciones de la ciudadanía en las redes, las herramientas apuntan a medir el pulso social para, a partir de allí, trazar la estrategia discursiva. El esquema es incremental: presentar en sociedad el candidato, mostrar credenciales, ofrecer propuestas. Así, se van sucediendo apariciones en público, actos, entrevistas y, por supuesto, spots de campaña. El punto de llegada es justamente el cierre de campaña, momento donde se condensa, supuestamente, la emoción acumulada durante todo este proceso. ¿Pero qué ocurre cuando un hecho como este asesinato sacude fuertemente a la sociedad? ¿Tiene la comunicación política la elasticidad suficiente para cambiar el rumbo y entender lo que está reclamando la ciudadanía? Parece ser, si miramos los últimos actos de las principales fuerzas políticas, que pudo más la estrategia original, de mostrar apoyo popular en un acto masivo, que la de empatizar con una sociedad que reclama más acción y menos discurso.

Un cierre a la campaña, un poco de silencio en medio de tanto ruido, podría contribuir a recuperar el lazo de confianza entre la sociedad y los políticos, resquebrajado desde hace años, según la última encuesta de la organización Latinobarómetro.

Frente a una nueva elección en la Argentina, buena parte de la política parece seguir entendiendo a la comunicación como la difusión de su palabra, aún en un contexto en donde escuchar al ciudadano debería dejar de ser una consigna para convertirse en la primera acción de la próxima campaña.

 

*Magister en Gestión Política. Investigador en comunicación social.

por Nicolás Rotelli

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