OPINIóN | 14-11-2021 07:05

El Gobierno tras las elecciones: radicalizarse o no

Qué hará Cristina en caso de un castigo en las urnas. Y cómo reaccionará de Alberto. Las nueve combinaciones posibles.

Hay funcionarios que no funcionan, y precios máximos que tampoco funcionan. Al menos eso cree el 55% de los bonaerenses. Solo el 17% piensa que eran necesarios y el 28% está en una posición intermedia: “no sé si sirven, pero algo había que hacer”. Esta fue la última gran herramienta del Gobierno para reaccionar frente a uno de los temas más álgidos del cotidiano de [email protected] [email protected] y que se había colado en la campaña lógicamente. En las últimas horas también volvió a aparecer la inseguridad.

Pero como ya comentamos hace tres semanas, el amperímetro de los principales indicadores de opinión pública sigue sin mostrar ninguna señal de mejoramiento para el gobierno. Si las tendencias que pintan el contexto no se mueven, sería raro entonces que exista una recuperación del voto hacia el oficialismo.

Una sociedad des energizada usa las pocas reservas que posee para concentrarse en ordenar y normalizar su vida cotidiana: el trabajo, la escuela de los chicos, relajarse los fines de semana, pensar en las vacaciones, etc. Esto significa que el interés por las campañas iba a ser muy bajo y terminó siendo apenas un poco más que nulo. La falta de novedad siempre opera para no despertarse del sopor. Acá “se juntaron el hambre con las ganas de comer”: no hubo onda en los votantes y la oferta pudo hacer muy poco en este contexto.

Por eso, buena parte de los reportajes están más orientados hacia el día después de la elección que a los resultados que pueda haber el domingo. Es lógico. Claro, cuando todo el mundo da por supuesto algo, si luego sucede algo distinto, se dirá que fue inesperado y volverá a mover el avispero. Para el oficialismo perder por más o por menos hace diferencia. Sin embargo, para la opinión pública lo importante será si el Frente de Todos ganó o perdió otra vez, más allá de los detalles.

La cantidad de combinaciones posibles sobre lo que puede pasar políticamente la semana después es demasiado grande como para acotarla, sencillamente porque depende sobre todo de dos jugadores. Vamos a intentar hacer ese juego especulativo mientras los comandos de campaña empiezan a comerse las uñas de cara al domingo por la noche.

Tomemos dos grandes factores: las reacciones de Cristina y las de Alberto. Imaginemos –haciendo reduccionismo por respeto al tiempo de [email protected] lectores- que cada jugador tiene al menos 3 opciones: radicalización, statu quo o moderación. A partir de eso existen 9 combinaciones posibles. Vamos a hacer un repaso somero en dónde podría desembocar el futuro, dependiendo de cada combinación.

En este esquema radicalizarse significaría correrse hacia la izquierda y tener un discurso más confrontativo; moderarse es ir hacia el centro y bajar los decibeles; statu quo implica mantener las cosas más o menos como hasta ahora, entre dos aguas, ni chicha ni limonada. Más allá de las probabilidades de que se cumpla cada combinación, hay dos varas claves para evaluar las conveniencias para los actores: la política y la electoral, que no siempre coinciden en este universo.

Como sucede en el juego del Ta Te Ti, hay 3 combinaciones en donde puede haber confluencia. Dicha confluencia ayuda a ordenar la política y evitar dolores de cabeza adicionales al manejo de los problemas, pero no todas aseguran rentabilidad electoral hacia 2023 (siempre y cuando los parámetros del electorado se mantengan). La sociedad viene pidiendo moderación desde 2013, pero llevamos 8 años sin que se encuentre el punto de equilibrio sustentable para los ciudadanos y ciudadanas. Por eso vamos y venimos.

Que Alberto se radicalice según el deseo de Ella o que Cristina se modere según la secreta aspiración de Él parecen escenarios poco probables, pero desde ya nada puede descartarse. Por supuesto que a todas estas opciones les faltan matices, pero mantener alguna suerte de statu quo suena poco probable: sería algo así como vamos viendo hasta que CFK decida su jugada maestra para la presidencial.

Otros escenarios improbables: sería muy extraño que Alberto pierda los estribos mientras Cristina se modere. Por el contrario, las combinaciones más esperables: que Ella tienda a la radicalización o se mantenga como hasta acá (en el tironeo cotidiano).

Volviendo al Ta Te Ti, la combinación menos probable es la coincidencia en la radicalización, mientras que las otras no son para nada descartables. CFK en el poder ejerció alguna suerte de moderación/pragmatismo (devaluación mediante) que le permitió a Scioli arañar el sueño de ser presidente (recuerden, hubo solo 660.000 votos de diferencia en el balotaje).

Cuanta más radicalización percibida, más se alejará el oficialismo de 2023. Cuánta más moderación creíble, más competitivo será. Pero esto implica ver a una Cristina corriéndose del centro de la escena para ceder poder, lo cual suena raro. La opción del moderado + Ella, o un moderado + un leal a Ella, se puede repetir siempre y cuando haya legitimidad por resultados. Hasta ahora no la hay.

Como la historia nunca se repite en sentido estricto -lo contrario es una simplificación simpática- el punto es que en 2013/2015 el kirchnerismo…

1)   venía de ganar en 2011 con el 54 %,

2) Cristina concentraba todo el poder,

3) perdió Provincia de Buenos Aires, pero ganó a nivel nacional aunque deteriorado,

4) tenía un candidato presidencial competitivo, y

5) no había una oposición consolidada para ganarle la presidencial (hasta que finalmente se armó Cambiemos, que era una incógnita).

Hoy los puntos 3, 4 y 5 no se verificarían, con el adicional de la brecha entre el poder y la lapicera: si Alberto fuera un títere pleno, Ella no tendría quejas… pero las tiene.

Moraleja: mejor aleccionarse que el Eterno Retorno es un mito. A comprar lupas para detectar mejor los detalles que terminan generando diferencias exponenciales.

(Publicado en https://7miradas.com)

 

por Por Carlos Fara

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