Gildo Insfrán atraviesa el tramo más incierto de casi cuatro décadas en el poder. Llegó a la vicegobernación de Formosa en 1987, gobierna la provincia desde 1995 y es el mandatario con más tiempo ininterrumpido en el cargo desde la recuperación democrática. Sin embargo, su continuidad ya no depende solo de las urnas formoseñas, donde nunca perdió, sino de una decisión de la Corte Suprema que todavía no tiene fecha. En ese contexto, el gobernador encontró el domingo una celebración que no figuraba en ninguna agenda institucional: el ascenso de San Martín de Formosa a la Primera Nacional, tras vencer a Cipolletti en Córdoba, en la final del Federal A.
El frente judicial es el que más pesa. En diciembre de 2024, la Corte declaró inconstitucional la reelección indefinida que habilitaba la Constitución provincial. El oficialismo respondió con una reforma que limitó los mandatos a una sola reelección consecutiva, pero incorporó una cláusula transitoria que considera al período en curso como el primero. En los hechos, esa redacción abre la puerta a un noveno mandato en 2027. La Confederación Frente Amplio Formoseño, el mismo espacio opositor que ganó la primera causa, volvió a presentarse ante el máximo tribunal. En agosto, la Corte aceptó tratar el caso en instancia originaria y le corrió traslado a la provincia por sesenta días.
Tras el fallo de 2024, Insfrán había prometido acatarlo: “Puedo estar de acuerdo o no con el fallo, pero de que tenemos que cumplir, vamos a cumplir”. La reforma posterior cumple con la sentencia en la letra, pero preserva en la práctica la posibilidad de que el gobernador vuelva a ser candidato. Incluso antes de aquella sentencia, la Legislatura provincial ya había aprobado por 20 votos contra 10 la necesidad de reformar la Constitución, una muestra del control que el oficialismo mantiene sobre los resortes institucionales de la provincia.
Un club, un banco, un gobierno
El ascenso de San Martín sirve, en ese marco, como radiografía del poder formoseño. El estadio del club se llama 17 de Octubre. En las camisetas aparece el Banco de Formosa, entidad bajo control del oficialismo provincial, y la Secretaría de Deportes figura como auspiciante permanente. En las tribunas, entre los cerca de 3000 asistentes habituales, suele exhibirse la leyenda “Gildo 2027”. Según quienes frecuentan el estadio, el vínculo del gobernador con el funcionamiento del club excede el del principal sponsor.

El autor del primer gol de la final, el mediocampista Ricardo Tapia, es referente de un plantel ligado al poder provincial. El ascenso recibió además la felicitación de Claudio “Chiqui” Tapia, presidente de la AFA, un gesto que no pasó inadvertido en la dirigencia provincial. La víspera, Insfrán había encabezado el lanzamiento de la quinta edición de la Copa de la Amistad, con 2600 futbolistas mujeres de toda la provincia. En Formosa, la política deportiva es también una herramienta de presencia territorial.
El adversario elegido
Frente a la Corte, Insfrán eligió una estrategia conocida: nacionalizar el conflicto en clave federal. “Nuestro destino lo decidimos los formoseños, los porteños no votan”, insistió esta semana. Es la misma línea que sostuvo tras el primer fallo, al que calificó como “un tiro de gracia al federalismo”. El discurso tiene eficacia puertas adentro, donde la desconfianza hacia el centralismo porteño es un recurso político probado. Pero omite un dato central: quienes llevaron el caso al tribunal no son actores de Buenos Aires, sino dirigentes de la oposición formoseña, que encontraron en la Justicia el terreno que no logran conquistar en las elecciones.

La incertidumbre judicial también condiciona su posicionamiento en el peronismo nacional. Insfrán no se pronunció por ninguno de los candidatos presidenciales del espacio. Axel Kicillof lo visitó recientemente, con firma de convenios incluida, en un gesto leído como parte de la construcción de apoyos entre los gobernadores. El formoseño no correspondió con un respaldo explícito. La prudencia tiene lógica: sin certezas sobre su propio futuro, comprometerse en la disputa nacional supone un riesgo que no necesita asumir.
Lo que viene
El escenario inmediato depende de los tiempos de la Corte. Un fallo adverso obligaría al peronismo formoseño a definir una sucesión que nunca preparó y abriría, por primera vez en décadas, una discusión real sobre el poder en la provincia. Un fallo favorable, o la simple demora, le permitiría a Insfrán llegar a 2027 en condiciones de competir por un nuevo período.
Mientras tanto, el gobernador administra los tiempos como lo hizo siempre: con control del aparato provincial, distancia de las internas nacionales y un discurso que convierte cada objeción externa en una afrenta a la autonomía de Formosa. El ascenso de San Martín le dio una foto de festejo. La decisión que define su futuro político, en cambio, sigue pendiente en Tribunales.















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