Thursday 23 de May, 2024

POLíTICA | 01-03-2023 07:14

Feministas piqueteras: las mujeres que lideran los movimientos sociales

Dos líderes de organizaciones sociales revelan cuánto les costó llegar a posiciones de poder. Conducciones machistas y ninguneo.

En el movimiento feminista hay muchas miradas y todas coinciden en la necesidad de alcanzar la igualdad de género. Pero las perspectivas y batallas a dar difieren en cada realidad social. El feminismo popular visibiliza a mujeres vulnerables y en riesgo considerando que la pobreza, por sí sola, puede aumentar males como la violencia, la explotación sexual y la trata de personas. Las posibilidades de escapar de esos flagelos disminuyen a medida que nos alejamos de los sectores de mayor poder.

Dos líderes piqueteras, Silvia Saravia, coordinadora nacional de Barrios de Pie-Libres del Sur, una de las organizaciones de la opositora Unidad Piquetera (UP) y Dina Sánchez, vocera del Frente Popular Darío Santillán y secretaria adjunta de la oficialista Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), conocen perfectamente esta debilidad de las mujeres más vulnerables. Ambas pertenecen a organizaciones enfrentadas políticamente pero cuando se les pregunta a una por la otra, las dos se elogian, porque se sienten hermanadas en la lucha. 

Mujeres solas

Dina Sánchez vino de Perú a los 15 años y es madre de 2 hijos. Se acercó al merendero del Frente porque estaba sola “con una mano atrás y otra adelante”. Los chicos tenían que comer. Todo se complicó cuando su hijo mayor se hizo adicto y desaparecía por días. En el Frente encontró refugio, “yo tenía a la 'compañerada' que me ayudaba”. Así comenzó a trabajar juntando basura. “Era madre, jefa de hogar, el padre hacía la suya. Pensaba que los problemas eran míos, que si pasaba algo era porque no me esforzaba lo suficiente”, cuenta. 

Dina Sánchez

Su situación es parecida a la de la mayoría de las mujeres vulnerables. “La pobreza tiene cara de mujer”, sintetiza. Ellas llegan a las organizaciones sociales porque están solas con sus hijos, no tienen qué darles de comer y se sienten acompañadas. Pueden salir a trabajar y sus chicos son cuidados en espacios de recreación, de educación, donde todas colaboran. 

Pero el salto del activismo raso al liderazgo no fue fácil. Lo más complicado fue su ingreso en las planas mayores de la UTEP, donde es la voz disidente. Dirigida por Esteban Castro y acompañada por hombres de peso político como Emilio Pérsico, Daniel Menéndez, Juan Carlos Alderete y Juan Grabois, Dina cuenta que “fue una lucha, era un ninguneo. Lo que pasa con los compañeros varones, es que les encanta la camarita, la fotito, el micrófono”. Pero en la economía popular, la mayoría son mujeres, entonces “basta de estar atrás”, asegura. 

También culpa a los medios, por ser “machistas y patriarcales”. Siempre buscan a un hombre. En los actos las mujeres suelen estar abajo, cargando pasacalles. Ella prefiere estar en la marcha con las compañeras “porque es la única manera de que la militancia no se desligue de las bases, de la realidad que viven”. La lucha con los líderes hombres persiste. “Con el carácter que tengo, la pudro, no me callo y puteo por las redes y ahí los medios empiezan a llamar. Los compañeros se enojan, pero yo les digo 'ustedes lo hicieron así y yo soy calentona y salgo por las redes, ya fue, enójense'”, dice. 

Dina Sánchez

Culpa y competencia

Silvia Saravia concuerda en que el feminismo popular representa realidades propias. La mujer generalmente está a cargo de los hijos, sin recursos económicos, sin acceso a la salud ni a la educación, sin poder “comer bien” y con la imposibilidad de salir de situaciones de violencia. El feminismo popular se separa de otros feminismos, por ejemplo, en la cuestión del aborto legal. Ellas acordaron que no están a favor del aborto, pero sí que sea legal porque permite la asistencia médica y la posibilidad de acceder a información. Esta posición fue cuestionada por otros sectores, pero “eso es el feminismo popular y es donde se recrea otra manera de ver las cosas”. 

Considera que los varones en la pobreza también son víctimas y se frustran al no poder cumplir el mandato de ser proveedor. Se retraen en el barrio y no soportan que la mujer salga de la casa. Esto muchas veces desemboca en situaciones de violencia doméstica. “Muchas compañeras justificaban salir de sus casas al piquete, al comedor, porque si no se cae el plan. Era una justificación para su compañero, que le decía ¿adónde vas?”, explica. 

Silvia Saravia

“La situación de ponerse la cuestión al hombro, la resolución concreta cotidiana, hizo que muchas encontraran cierta independencia, hasta económica, porque ellas cobran el plan, salen a la calle, más allá de que después vuelven y las cagan a palos”, explica Saravia. Salir de esta situación es casi imposible sin la organización que las apoya.

En cuanto a los liderazgos políticos, la situación todavía es complicada. La conducción siempre era asumida por los varones, porque las propias mujeres se corrían, reproduciendo lo que pasa en la sociedad. Saravia dice que la asaltó la culpa y hasta los reclamos de sus propios hijos cuando le tocó coordinar su organización. “Te preocupás más por los demás que por nosotros”, resume.

Hay una desvalorización muy fuerte del rol de las mujeres discutiendo política en los movimientos piqueteros. A pesar de que en las organizaciones son dos tercios, ese tema se invisibiliza, especialmente por los medios, que siempre buscan la voz de los hombres. “Como dijo Alberto Fernández, una nunca puede decir que se terminó el machismo”, remata entre risas. 

Galería de imágenes

María Pastore

María Pastore

Comentarios