Martes 29 de noviembre, 2022

POLíTICA | 02-01-2022 00:43

Fiestas en soledad para los parias del gobierno

Los excluidos del mundo K reclaman ayuda, pero son desoídos. D’Elía y Sala, en pie de guerra. La huelga de hambre de Jaime.

El encuentro de Cristina Kirchner con artistas y periodistas militantes en la localidad de Pilar desató la furia de Luis D’Elía. “Felicitaciones por el trabajo que hacen con tanto compromiso y profesionalismo y gracias por el afecto de siempre”, les dijo la vicepresidenta a los presentes, mientras muchos dirigentes peronistas de caras largas se enteraban de lo sucedido por los medios.

D’Elía no aguantó: “Qué suerte que tienen los artistas. Yo estuve preso tres años por kirchnerista y jamás levantó el teléfono para preguntarnos cómo estábamos”, escribió en su cuenta de Twitter, señalando a la jefa del espacio. Bomba.

A dos años del inicio del gobierno del Frente de Todos, el furgón de cola de la coalición espera un mínimo gesto. D’Elía, Ricardo Echegaray, Julio De Vido, José López, Milagro Sala y Ricardo Jaime quedaron encerrados en el tren fantasma del kirchnerismo. Son los parias del Gobierno y ya no tienen reparos en hacerlo saber.

Reproches. No es la primera vez que D’Elía le apunta directamente a Cristina Kirchner. El titular del partido Miles, en libertad condicional luego de haber sido condenado por la toma de una comisaría de La Boca, había hecho reclamos a la fórmula de Gobierno. Pero nunca con la contundencia de esta última vez.

En septiembre, le exigió al “compañero” Alberto Fernández que reanude los planes sociales que se habían repartido durante la cuarentena estricta del 2020. “Los precios de los alimentos están desorbitados. Hay hambre en los barrios. Debemos hacer algo urgente”, aseguró.

Por aquellos días, también criticó la decisión de Cristina en 2019: “Si viviera Néstor Kirchner jamás hubiera elegido a Alberto Fernández como candidato a presidente". Y agregaba: ”No sé por qué lo eligió Cristina. Es una pregunta que me hago reiteradamente. Ella conocía al personaje desde hace veinte años y sabía cuáles eran sus condiciones ideológicas, sus opciones, sus sistemas de alianzas en la política”, completaba el hombre que se considera “en las antípodas” del Presidente.

Pero Alberto y Cristina no son los únicos señalados por el dirigente social. D’Elía se le animó también al hijo de la vice: “El kirchnerismo soy yo, ellos no sé qué son”, dijo sobre La Cámpora. Y completó: “Al kirchnerismo lo construimos Carlos Kunkel, Aníbal Fernández, Néstor Kirchner y Luis D’Elía. Estos pibes no sé quiénes son”.

Otro que reclamó un llamado en la última semana fue Ricardo Echegaray. El ex titular de la AFIP, condenado en la causa Oil Combustibles, indicó que debía estar “tan absuelto” como los empresarios Cristóbal López y Fabián de Sousa. Y, a pesar que consideró que no cree que el kirchnerismo le haya "soltado la mano”, luego reveló que sólo un dirigente K lo había llamado: Oscar Parrilli. “Eso es de ser humano”, concluyó.

Lo de Echegaray estuvo complicado desde el principio. Es que apenas el macrismo había ingresado a la Casa Rosada, el hombre quiso despegarse del kirchnerismo duro: en su primera reunión como jefe de la Auditoría de General de la Nación aprobó duros informes contra la administración de Cristina.

La vuelta del peronismo al poder lo dejó en un lugar incómodo: Mercedes Marcó del Pont lo puso en el freezer y lo dejaron solo enfrentando el juicio. “Ni un llamado recibí”, llegó a decir en sus alegatos.

El único gesto de cortesía, no menor a esta altura de su situación procesal, tuvo que ver con que desde la AFIP decidieron mantenerlo en el cargo de Aduana hasta que la sentencia quede firme, a pesar de que la misma lo inhabilita para ejercer cargos públicos. Un oasis de generosidad, en medio del desierto en el que lo dejaron.

Rebelión. Tanto o más que a Cristina, al Presidente también comenzaron a animársele los parias del Gobierno. Ni la investidura es suficiente como para que los olvidados del peronismo acaten lo dicho por Alberto Fernández. Así fue que se rebeló Milagro Sala, quien, luego de protestar por sus condenas, lo desautorizó públicamente.

Sucedió a principios de diciembre, durante un homenaje a víctimas de la última dictadura. El Presidente defendió a la líder de la Tupac Amaru: “Voy a estar siempre al lado de los injustamente presos”, aseguró. Y agregó: “Tengo la responsabilidad de pedir por ellos. Hablo con Milagro y sé lo que pasa”.

Pero Sala no la dejó pasar: “Escuché al Presidente, dice que habla seguido conmigo pero hace más de un año que no hablo con él”, dijo antes de exigir: “A mí es la política la que me metió presa y es la política la que debería resolver mi situación”. Con un par de frases, Milagro dejó al Presidente en off side.

Un pionero en el arte de disparar contra el Presidente es Julio De Vido. El ex ministro de Planificación llegó a describir el accionar de Alberto Fernández como una “miserabilidad inconmensurable”. Fue previo a que designara como jefe de la cartera de Justicia a Martín Soria, cuya hermana había votado el desafuero del otrora todopoderoso dirigente.

De Vido, histórico aliado de Néstor Kirchner, quedó marginado del poder y sufre las consecuencias. Su ostracismo lo ha llevado, incluso, a ser más crítico de la gestión de lo que pueden ser los opositores. En noviembre, por ejemplo, se había animado a vaticinar el escenario más sombrío. Indicó que podía haber “una implosión social” si “la política económica no cambia”. Luego protestó: “No volvimos mejores”. Peor aún en su caso: nunca pudo volver.

La pelea de De Vido con el Gobierno no es nueva. El primer round sucedió apenas el peronismo había vuelto al poder: el entonces jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, negó a los “presos políticos”. “Hay detenciones arbitrarias”, dijo, cambiando el concepto. “¿Qué opinaría si Cristina hubiese sido desaforada y estuviese presa?”, lo apuró el ex ministro. Y protestó: “Cuánto déficit de formación política”.

A su mano derecha, José López, también le hicieron sentir el desarraigo. Tanto que el ex secretario de Obras Públicas llegó a confesarle a sus más íntimos que se creía el “chivo expiatorio” del kirchnerismo. Claro, era de los pocos que permanecía entre rejas mientras los demás recuperaban su libertad.

Finalmente, luego de insistir hasta el cansancio, consiguió la libertad condicional. Pero como está bajo el programa de protección de testigos se produce una paradoja: la integridad de López es cuidada por aquellos a quienes señaló como responsables de la corrupción en el juicio por la Obra Pública. Por eso se mantiene en silencio.

Otro histórico aliado de Néstor quedó encerrado en el tren fantasma. Ricardo Jaime, ex ministro de Transporte, es, a esta altura, el único ex funcionario que continúa preso. Por eso, este diciembre buscó generar un golpe de efecto que no tuvo consecuencias. “Inicié una huelga de hambre ya que no concibo pasar la sexta Navidad en prisión preventiva, mientras todos los arrepentidos están libres”, aseguró semanas antes de las fiestas. Nada cambió.

Los parias K siguen esperando un gesto del Gobierno. Sufrieron los cuatro años del macrismo, pero el regreso del peronismo tampoco los benefició. Un revés difícil de digerir. Para colmo, en esta primera mitad de la gestión, vieron con asombro cómo algunos que estaban peor que ellos recuperaban la salud. Amado Boudou, por ejemplo, a quien cada vez lo ven más cerca del Presidente y la vice. D’Elía, Echegaray, De Vido, López, Sala y Jaime no aceptan su condición: son los excluidos de la gestión. Los fantasmas del peronismo.

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Carlos Claá

Carlos Claá

Periodista político

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