Thursday 18 de April, 2024

POLíTICA | 14-08-2023 09:31

La misión divina de Javier Milei

El diputado logró marcar el pulso del debate y cambió la agenda. El costado esotérico que le puede jugar en contra.

Javier Milei ya ganó. Dice que fue el mismísimo Dios (una de las presencias sobrenaturales con las que empezó a interactuar luego de la muerte de su perro/hijo Conan en el 2017), el que se lo dijo: está destinado a una “misión”, que no es otra que salvar la Argentina del “maligno”. Con esa poderosa convicción enfrentó su primer desafío electoral, como si fuera apenas un paso más de una historia que ya fue escrita desde los cielos.

Probar que el diputado efectivamente es el elegido del “número uno”, como lo llama él, excede al trabajo de esta nota. En “El Loco”, el libro que acaba de publicar editorial Planeta se pueden encontrar más revelaciones. Pero hay hechos que avalan su profecía.

La Libertad Avanza, su espacio, tiene apenas dos años de vida. Nació como un proyecto novedoso y afuera de la lógica de la grieta que nuclea a liberales, libertarios, conservadores, pañuelos celestes, nacionalistas duros, e influencers, una alianza variopinta que supo interpretar muy bien el clima de época.

En un país de binomios, el lento declinar de la fuerza rupturista que trajo el auge del feminismo en el 2018 dejó paso a todos los que no se habían sentido parte de esa convocatoria. El 2021, acompañando un fenómeno que sucedía en el mundo entero, trajo en Argentina el despertar de una reacción contraria al avance progresista.

A la cabeza de eso quedó Milei. Él es una figura extravagante y con pasado de economista mediático, con ideas que suenan a nuevas que, combinadas con la dosis justa de insultos y gritos y el particular toque de su pelo largo, lo habían transformado ya desde antes de su salto a la política en un personaje prácticamente irresistible.

Su nombre en la televisión da rating y en las redes da clicks, una combinación ideal para la era del recorte de videos en WhatsApp, Twitter, e Instagram (es el político argentino con más seguidores, por arriba de Cristina Kirchner y Mauricio Macri). Si Brasil tuvo a Bolsonaro y Estados Unidos a Trump, muchos vieron o quisieron ver a Milei como la encarnación argentina de estos.

La combinación de Milei y La Libertad Avanza, sumadas a los índices de inflación y a la debacle del Frente de Todos que sucedió luego de la debacle del macrismo, produjeron algo totalmente fuera de registro. Un espacio de seis meses de edad, cuyo líder no había participado ni siquiera en una elección universitaria, con un amplio porcentaje de militantes sin ninguna experiencia política, sacó 17% de los votos en las legislativas del 2021. Y sucedió en el corazón del país, en el lugar de donde salieron los últimos dos presidentes. La Libertad Avanza consiguió dos bancas en la Cámara de Diputados de la Nación, cinco en la Legislatura porteña, una en la legislatura de La Rioja, más otra que conseguirían al año siguiente en Tierra del Fuego.

Pero también lograron algo más intangible pero más importante. Pusieron en jaque el equilibrio de fuerzas entre el kirchnerismo y el macrismo, la postal inalterable de la política argentina desde 2007 hasta hoy. Milei se convirtió en el fantasma que amenazó el rentable juego de la grieta y, con la sutileza de una trompada en la mandíbula, corrió el eje de cualquier discusión.

La privatización de todas las empresas públicas, la dolarización de la economía argentina, la guerra declarada contra el progresismo, el feminismo y la “ideología de género”, la destrucción del Banco Central, la eliminación total de la obra pública, la libre portación de armas, la abolición del salario mínimo, la negación de los treinta mil desaparecidos y la defensa a ultranza de la libertad de mercado y de la “libertad” en general pasaron a ser, gracias a él, elenco estable de las ideas de la política.

Milei transformó temas tabú en placas de televisión, títulos de medios y aplausos en las redes sociales con tanta facilidad y tanto éxito que obligó a todos a prestarle atención a su fórmula casi mágica. El recién llegado pasó de alumno a maestro en cuestión de semanas, e hizo algo más: avisó que había una “batalla cultural”, una guerra invisible por el sentido común de los ciudadanos, en el suelo argentino. Y que era él quien la estaba ganando.

Ante el pánico por su crecimiento y, sobre todo, por la fuga de votos, Juntos por el Cambio pegó un volantazo. Hizo lo que ya había hecho en España el Partido Popular ante la irrupción de VOX: obligado por la aparición de un pez grande en su misma pecera, migró su discurso hacia posiciones mucho más duras. Los halcones fueron más halcones que nunca y empezaron a gritar como Milei, a incorporar sus tesis y a buscar pelea con sus mismos enemigos. “A mí no me corren más con el discurso progre cínico, no me lo banco más, ¿dónde mierda están las prioridades?”, dijo Macri en la presentación de uno de sus libros, en octubre del 2022.

Era el mismo dirigente que cuando llegó al sillón de Rivadavia le gustaba mirarse en el espejo de Barack Obama y de la socialdemocracia europea. Fue, además, el primer insulto en público que hizo en su carrera política. “Los gritos, los insultos, no hablan de mí, hablan de ustedes”, había dicho en su última apertura de sesiones del Congreso cuando era Presidente, mientras diputados kirchneristas lo toreaban desde sus bancadas. Tres años después, los insultos y gritos seguían sin hablar de Macri: hablaban de Javier Milei y de la falta de respuestas de los halcones ante su aparición en la política.

Para las palomas de la oposición el desafío fue aún más duro. Hacer convivir las grandes tesis de este bando de la oposición, como el diálogo y la sana convivencia democrática, con los nuevos modos e ideas en danza era una tarea digna de contorsionistas. Horacio Rodríguez Larreta, líder de esta ala, tuvo que salir de su lugar de confort para ensayar opiniones en las que a todas luces no creía. Y fracasó

El peronismo, por su parte, siguió con atención este tembladeral en el corazón del adversario, a pesar de que cuando Milei se lanzó a la arena política lo tomaron como poco menos que un chiste. Pero luego del 17% el histórico movimiento empezó a tener en cuenta al libertario, sea para levantarlo como el gran cuco de la política -y así bajarle el precio al macrismo-, o para imaginarlo como un aliado táctico a futuro que garantizara robarle votos a la oposición. Durante el 2023 intendentes del peronismo de todo el país se pasaron entre ellos un talonario que imaginaba cuánto saldría financiar a un candidato local que lograra el okey de Milei para competir dentro de su lista, mientras que gobernadores prestaban ayuda financiera o logística para los desembarcos del liberal en su provincia.

En plena crisis política y económica del Frente de Todos, el libertario -y los votos que lograra arrebatarle a Juntos- prometen ser un aliado indispensable para intentar mantener el poder. “Estamos rogando que Milei saque muchos votos, eso habla de que hemos perdido el norte”, dijo Fernando “Chino” Navarro, secretario de Alberto Fernández, en un rapto de sinceridad en una entrevista. En algunos casos, fueron aún más allá. El caso de Tigre, con Malena Galmari merodeando en la lista de concejales de LLA -y, como denunciaron los expulsados en NOTICIAS- poniendo al primero de ellos, es una buena prueba.

Es que Milei hizo mucho más que sacudir la escena: se plantó en el centro de la agenda, obligó a todos los actores a seguirle el ritmo y se terminó transformando en uno de los dueños de la pelota. De esta manera provocó un tsunami en toda regla y reescribió la política argentina. Transformó palabras como “impuestos”, “diálogo”, “Estado”, “progresismo” en pecados que sólo los valientes se animaban a pronunciar, mientras que “libertad”, “liberalismo”, “casta”, e insultos de todo tipo pasaron a ser sloganes taquilleros. Peronistas históricos, radicales de varias generaciones, macristas confesos y kirchneristas arrepentidos borraron su pasado con el codo y empezaron a autoproclamarse “liberales” de toda la vida, con la intención de ver mejorar sus números en las redes sociales y en las encuestas.

Por todo esto es que el libertario ya ganó, aún cuando no saque ni un solo voto cuando se abren las urnas (cosa, además, bastante improbable). Instaló temas, reescribió la agenda, transformó a los otros dos grandes partidos. Claro está, Milei es apenas el mejor personaje de una Argentina agobiada y cansada ante años y años de crisis económica y política. El fenómeno lo excede, aunque él le pone el rostro.

La única duda que  queda, entonces, es como tomará cuando suceda lo más probable: que el 10 de diciembre no se ponga la banda presidencial. ¿Lo sentirá como una traición de Dios, el que le juró que era “el elegido”? ¿Tendrá una crisis de fe? ¿O se sabrá adaptar ante el nuevo desafío?

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En esta Nota

Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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