Lunes 23 de mayo, 2022

POLíTICA | 16-02-2022 16:16

Rusia, China y los derrapes de Alberto Fernández

El Presidente incurrió en sobreactuaciones que opacaron su gira. El eco de las "relaciones carnales" de los '90.

La incorporación de Argentina a la Ruta de la Seda es una buena noticia que trajo el presidente de su gira por Rusia y China, cuyo primer derrape visible ocurrió en Moscú cuando, a propósito de nada, pronunció dos frases que sonaron como las “relaciones carnales” que el menemismo propuso a Estados Unidos en los ‘90.

Quizá encandilado por el poder que irradia el presidente ruso, Alberto Fernández sobreactuó para agradarle y lanzó frases que sonaron como un eco de aquella indigna metáfora que usó Guido Di Tella para excitar la libido geopolítica norteamericana.

Después vino el paso por Pekín y un anuncio importante para la economía argentina. Pero también en China hubo un pronunciamiento cuestionable: en el Gran Salón del Pueblo, el Presidente elogió la revolución de Mao Tse-tug y dijo identificarse con la filosofía del Partido Comunista Chino (PCCh). A metros del lugar donde hablaba, la represión militar a los estudiantes dejó miles de muertos y desaparecidos en 1989.

Días antes, el presidente había derrapado en el Kremlin al insinuar deseos de ruptura con Estados Unidos y ofrecer la Argentina como “puerta de ingreso de Rusia a Latinoamérica”. Ahora derrapaba en el edifico que está junto a la Plaza de Tiananmén.

Treinta años después de su inauguración, el Gran Salón del Pueblo fue testigo de la represión con tanques y soldados a los jóvenes que reclamaban apertura política además de la económica.

De eso no habla el Museo del PCCh que visitó Fernández poco antes de pronunciar su oscura apología. Tampoco dice que la “revolución cultural” que lanzó Mao en 1966 fue una violenta cacería de brujas que en diez años causó decenas de miles de muertes y colmó los campos de concentración.

No fueron las primeras muertes masivas causadas por el fanatismo maoísta. El desastre económico que provocó el proceso de industrialización y colectivización al que Mao llamó “Gran Salto Adelante”, dejó decenas de millones de muertos por inanición entre 1958 y 1961. A eso se suman los muertos en los campos de “reeducación”, que en realidad son campos de concentración, y el supremacismo de la etnia Han sobre el restante medio centenar de etnias que hay en China.

Esas hogueras ideológicas alabó el Presidente frente a Xi Jinping. Elogió al régimen que apoyó al Khemer Rouge, la milicia pro-china que cometió un genocidio en Camboya.

Por cierto, también elogiar el sistema norteamericano podría interpretarse como elogio a los tantos desastres cometidos por Estados Unidos, como la guerra en Vietnam. Pero la casi totalidad de las víctimas del PCCh y de los experimentos socio-económicos calamitosos de Mao, fueron los propios chinos.

Si quería halagar al anfitrión, podía elogiar aspectos puntuales del sistema y también el sideral crecimiento de la economía. Pero lo que elogió fue a un régimen que mató a millones de chinos, antes de las reformas que introdujeron un capitalismo con trabajadores mal pagados y sin derechos sindicales.

Esa fue la sombra de su paso por Pekín. Lo que brilla es el anuncio sobre la Ruta de la Seda. Si tantos países europeos y latinoamericanos, entre ellos Uruguay y Costa Rica, dos democracias estables que hacen políticas de Estado, buscaron integrar esa cadena global de vínculos económicos, integrarse a ella debe ser una buena idea.

EE.UU. fue uno de los primeros países en crear vínculos de gran magnitud con China. Por eso es irrelevante que un congresista haya dicho que Argentina eligió “unirse al Partido Comunista Chino”, más aún si se trata de Matt Gaetz, un ferviente partidario de Trump, el magnate que llegó al poder con la ayuda de Putin y tomó medidas funcionales a Rusia.

Pero eso no implica considerar que sea bueno abrazarse al eje MoscúPekín al precio de romper los vínculos con Washington. En un mundo multipolar, la monogamia es una mala idea.

Pero, de momento, el anuncio que trajo Fernández desde China es positivo, hasta que la realidad y los posibles futuros desaciertos demuestren lo contrario.

En la milenaria historia china, los grandes saltos de prosperidad estuvieron relacionados a la expansión del comercio. Esos procesos se conocieron como Ruta de la Seda. El concepto evoca dos grandes momentos de la antigua China. La ideó y concretó el emperador Wu de la dinastía Han, en la era pre-cristiana, rehaciéndola el emperador Hou de la dinastía Tang, en el siglo VII DC. En la primera Ruta de la Seda sobre la cultura gravitaba el confucianismo, mientras que en su reedición crecía la gravitación del budismo.

Que China resulte conveniente en lo económico, no significa que su régimen no sea un Estado autoritario. El autoritarismo se acentuó con Xi Jinping. Incorporarse a la Ruta de la Seda es una buena idea, en tanto y en cuanto el oficialismo contenga su naturaleza ficcional y se abstenga de describir como igualitarista y democrático al régimen chino.

Por cholulismo ideológico derrapó en Pekín y en Moscú, donde alcanzaba con su presencia. No tenía que agregar nada. La visita le sirve más al líder ruso que a él. En circunstancias normales un encuentro entre dos jefes de Estado favorece al que encabeza al país de menor gravitación y no al que preside un país con fuerte protagonismo mundial. Ergo, en circunstancias normales el favorecido habría sido Fernández. Pero este encuentro se dio en medio de una escalada de tensión entre Rusia y las potencias occidentales. Y en ese marco la visita argentina le servía más al anfitrión que al visitante.

A Putin recibir a un presidente latinoamericano le sirve en la pulseada que mantiene con la OTAN con los codos apoyados sobre Ucrania. Una de sus amenazas a Biden fue emplazar fuerzas rusas en Venezuela y Cuba. El mensaje es: si la OTAN se mete en mi patio trasero, Rusia se meterá en el patio trasero de EE.UU.

A esa estrategia le vino bien que no pospusiera la visita por la escalada. Pero, por sobreactuar, pronunció dos frases que sacudieron los esfuerzos de su gobierno por lograr el apoyo de Washington al acuerdo con el FMI: expresó su deseo de romper la dependencia con EE.UU. y con el FMI, añadiendo la oferta de que “Argentina sea la puerta de entrada de Rusia a Latinoamérica”.

En un escenario global multipolar, la lógica de un país como Argentina son las relaciones múltiples. En ese sentido la visita a Rusia, a pesar del momento, fue una decisión acertada. Lo desacertado fue la incontinencia verbal que lo hizo decir cosas controversiales.

Posiblemente lo que motivó esa sobreactuación no fue sólo la seducción del poder que irradia el jefe del Kremlin. También puede haber querido compensar el relego a Cristina Kirchner en la negociación con el FMI.

Por razones enigmáticas, o inconfesables, el kirchnerismo lleva años describiendo a Putin como si fuera progresista, aunque está a la vista que es ultranacionalista, homofóbico, aliado de la conservadora iglesia ortodoxa y partidario del paneslavismo con su contenido racial incluido.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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