domingo, diciembre 8, 2019

POLíTICA | 30-11-2019 10:54

La trastienda de las cataratas de tuits de Alberto Fernández

A lo Topo Gigio, el Presidente electo saludó a sus seguidores antes de ir a dormir. Su equipo pensó que lo habían hackeado.

Uno de los más estrechos colaboradores de Alberto Fernández se quedó atónito por lo que veía en su celular. Alerta máxima: habían hackeado al Presidente electo, en cuya cuenta de Twitter estaban apareciendo mensajes y respuestas insólitas. Lo llamó, muy preocupado, minutos después de las once de la noche del miércoles 27. “Tranquilo, soy yo”, le contestó el político, que se rio ante su inquietud. El hombre que el 10 de diciembre se convertirá en mandatario le dio, entonces, la explicación más sencilla: estaba con un rato libre en su casa, algo que cada vez sucede menos, y de buen humor.

Le pareció una idea divertida y se soltó en su red social preferida, la que más usa, como hacía antes. Pero el Fernández 2019 está lejos del que era varios años atrás, que devolvía insultos y palabras fuertes, y ahora muestra su reconversión millennial y canchera. Ahora es con todos.

La catarsis twittera de Alberto, en la que realizó 41 publicaciones en poco más de dos horas, fue furor en las redes y se viralizó. En ese raid Fernández le contestó, en su mayoría, a usuarios anónimos de Twitter que le pedían saludos o felicitaciones por, en general, logros académicos. “Ya sos sociólogo, disfrutalo. Ahora a trabajar mucho para poner de pie a nuestra amada Argentina”, fue su primer mensaje, en el que saludó a un recién egresado de esa carrera. Luego de repartir varios mensajes, se ocupó de aclarar, ante todos los que desconfiaban, que el que estaba manejando las redes era él en persona.

“Es que es nuestro mejor Community Mannager”, explican, con gracia, desde el equipo de comunicación que comanda Juan Courel, desde donde aseguran que el único que maneja la cuenta de Fernández en las últimas horas del día es el propio Alberto. Para el Presidente electo, Twitter no es una red más: no sólo entra ahí todos los días, sino que, si no escribe él, siempre quiere ver y aprobar el contenido de los mensajes que elabora su equipo antes de que se publiquen.

Guillermo Vagni, asesor en comunicación y fundador de “Políticos en Redes”, analiza la intervención de Fernández. “No fue una acción de gran impacto, fue más de nicho, y sólo hubo 100 mil menciones vinculadas a Alberto. Fue algo espontáneo de él que confirma su personalidad: hizo algo arriesgado pero interesante”, dice.

Sorpresa. El hecho llamó la atención a casi todos en el mundo albertista. Un íntimo amigo suyo, que había pasado por las oficinas de Fernández en Puerto Madero el mismo miércoles, se quedó preplejo cuando regresaba a su hogar en la provincia de Buenos Aires. Luego de confirmar que no había sido un hackeo -el hombre que llamó a Fernández no fue el único que barajó esa posibilidad-, le consultó a su esposa si no era “demasiado” la catarata tuitera que había hecho su amigo.

“Está perfecto, Alberto entendió el mundo de las redes, no como vos”, lo retó la mujer, que también tiene experiencia política. Más allá de las dudas del compañero de Fernández, un hombre que no maneja el lenguaje 2.0, en algo su olfato político no falló: el Presidente electo terminó deslizando una arriesgada infidencia. Fernández contestó una publicación de un sitio ditigal, “El Disenso”, donde daban a Diego Gorgal, cercano a Sergio Massa, como el nuevo encargado de la cartera de Seguridad.

"Él no va a ser ministro. Y ojo que lo de (Carlos) Caserio no está seguro. Cristina le pidió que siga en el Senado y le ofreció que se haga cargo de la Comisión de Presupuesto y Hacienda", respondió Alberto a ese posteo, en un tuit que borró minutos después. En el mensaje también hacía referencia a la posibilidad de que el senador cordobés dejara su lugar en la Cámara para encabezar el Ministerio de Transporte.

¿Fue un desliz inoportuno o Fernández aprovechó el raid tuitero para bajar línea a su agitada tropa? Son días de nerviosismo en aquellos pagos: el 6 de diciembre se anunciará el Gabinete, y no sólo falta definir algunas primeras líneas sino que hay, incluso, más peleas y pujas por el segundo y tercer escalafón del futuro Gobierno. “Va a ser una semana muy larga”, pronostican desde el albertismo.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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