Viernes 30 de septiembre, 2022

POLíTICA | 08-09-2021 14:30

Las PASO, el examen para Rodríguez Larreta: a todo o nada

Del resultado del domingo dependerá su futuro presidencialista. La guerra con los halcones y el plan para construir una coalición del 60%. El factor Sergio Massa.

“Zeitgeist” es un término que se supone que acuñó el filósofo alemán Georg Hegel en el siglo XIX, que luego retomó y popularizó Karl Marx. Su traducción literal es el “espíritu del tiempo”, y hace referencia a un clima intelectual, cultural y político de una época, un conjunto de sensaciones e ideas que no se pueden ver ni tocar pero que, sin lugar a dudas, están ahí. La candidatura presidencial de Horacio Rodríguez Larreta en el 2023 es el zeitgeist de la Argentina de hoy. Es una idea que está instalada en su entorno y en el corazón del círculo rojo. Pero no sólo ahí.

El domingo 29 a la noche el jefe de Gobierno porteño salió a un cine en la zona norte de la Ciudad con su hija menor, de cinco años. Iban a ver “Paw Patrol”, la película infantil del momento, una de las pocas escapadas que pudo hacer el opositor en plena campaña electoral. Los que se acercaron aquel día para pedirle una foto o dejarle un comentario, todos votantes de Cambiemos, eran más conscientes del espíritu de este tiempo que muchos analistas del presente: “Horacio, tenés que ir de Presidente”, le decían, en una escena que se repite con insistencia desde que empezó a sepultar a los halcones del espacio. Nadie -y menos el hombre que posaba con una sonrisa de ocasión para las selfies- creía ni por un instante que lo que se va a definir el 12 de septiembre son sólo unas elecciones legislativas. Larreta, aunque no figure en ninguna boleta, se juega ahora a todo o nada.

All in. Ningún político -y menos el protagonista de esta nota, que hace del cálculo estratégico un estilo de vida- va a admitir hoy que está pensando en el sillón de Rivadavia, de la misma manera en que no hay ningún político -y menos el protagonista de esta nota, que piensa en el sillón de Rivadavia casi desde que tiene vida- que no fantasee con la Casa Rosada. Pero, aunque no lo diga, todo lo que hizo Larreta en este año apunta a Balcarce 50.

En lo que fue una pulseada difícil, y en algunos casos traumática, se impuso a los duros del espacio: no sólo estableció su idea de ir a una interna y no, como quería el otro lado de la subgrieta, a una lista de unidad -con el objetivo de ampliar el espacio y sumar a figuras como López Murphy-, sino que ganó las dos boletas más importantes para sus candidatos. Esa jugada, además, dejó afuera de las listas a Patricia Bullrich y al ex Presidente. Quizás dentro de unos años, cuando vuelva la cabeza hacia atrás para ver el pasado, Larreta piense en el 24 de julio como una fecha histórica: el día del cierre de listas fue el momento en que, casi dos décadas después de estar bajo la sombra de Macri, pasó de ser empleado a jefe. Sin embargo, el futuro todavía no llegó, y la victoria de hoy puede convertirse en una desgracia si los números dan mal en noviembre. Ahora todas las luces apuntan a él.

Por eso es que, hasta que no se abran las urnas a fin de año, cualquier cosa que se parezca a un proyecto nacional se va a materializar en escenas aisladas y abajo del radar. Un ejemplo fue el del cine y otro fue la frase que tiró, con Larreta presente, el presidente del bloque de Juntos en el senado bonaerense, Roberto Costa, en la mañana del sábado 28. “Horacio, te queremos presidente”, lanzó el legislador, en un acto en Escobar ante una centena de personas. El jefe de Gobierno apenas disimuló su incomodidad: por ahora es mejor no hablar de ciertas cosas.

Además hay datos de la realidad que aún se mantienen abajo de la superficie. Empresarios y peronistas díscolos que olfatean el clima de época y le piden una reunión a Larreta o a su entorno, y también una versión que hace correr el kirchnerismo duro para reposicionarse como dialoguista pero que de alguna manera u otra lo levanta como figura dentro de la oposición: desde el Instituto Patria corre el rumor de que Máximo Kirchner está buscando a Larreta para volver a establecer un diálogo luego de las generales. Hasta la crisis por la Coparticipación, el jefe de Gobierno porteño había mantenido varios encuentros cara a cara con el líder de La Cámpora en el Congreso, vía un allegado de ambos: Sergio Massa. Desde entonces -como con Alberto Fernández, con quien no cruza ni un Whatsapp desde hace ocho meses- la relación está congelada.

Halcones al acecho. Massa y Larreta son íntimos amigos desde hace treinta años. Uno asegura que aún hoy, en plena carrera electoral, se siguen viendo religiosamente cada diez días, mientras que otro dice que su compinche es de exagerar y que el número real se aproxima más a un encuentro cada mes y medio. De cualquier manera, está claro que lo que sucedió el 26 de agosto en el evento que organizó el Council of Américas, y que puso en alerta a ambos lados de la grieta, se había charlado en más de una ocasión entre ellos.

“¿Y si probamos una vez sentarnos a dialogar todos?, ¿si nos comprometemos a escucharnos? Así vamos a dar vuelta la historia. Argentina necesita un plan a largo plazo, serio y consensuado por todas las fuerzas políticas”, propuso primero Larreta. Massa dijo cuando le llegó su turno: “Debemos encontrar diez acuerdos básicos para la construcción de la Argentina de los próximos veinte años”. Fue tan parecido lo que dijeron que los duros de ambas partes de la grieta lo temieron ensayado y pusieron el grito en el cielo. No sólo los amigos negaron ante los suyos, y ante la consulta de la prensa, que las declaraciones hubieran estado arregladas de antemano, sino que luego Larreta sobreactuó su posición.

Dos días después del evento, en una reunión con la Mesa Nacional de Juntos por el Cambio, el propio jefe de Gobierno insistió con emitir un comunicado para asegurar que no hay ninguna posibilidad de un acuerdo con el Gobierno. ¿Cómo y por qué pasó Larreta, en 48 horas, de una posición a la contraria? Es que los halcones, los políticos y los votantes a los que estos encarnan, aún respiran. Y todavía tienen fuerza para hacer sentir la presión. Esta es una marca personal que le hacen a Larreta, y también a Vidal, a los que acusan de demasiado dialoguistas, y todavía le pasan factura por lo que entienden que fue un acercamiento excesivo con el Gobierno en el pandémico 2020. El comunicado anti diálogo es una señal para tomar en cuenta acerca de la sobrevida de los halcones: lo que había sucedido en el Council of Américas no había tomado tanta relevancia pública como para obligar a la aclaración, pero dentro de la interna pegó fuerte. No está muerto quien pelea.

La diferencia se vio bien clara en el regreso de Mirtha Legrand a la TV el sábado 28: ahí ella y los invitados, como Baby Etchecopar y Jonathan Viale, le tiraban una indirecta atrás de otra a Fernán Quirós para que fustigue a Ginés González García. Aunque el ministro de Salud porteño tomó distancia de su ex colega, de ninguna manera mostró la intensidad que los halcones de la comunicación reclamaban, y encima lo remató con un: “Ha hecho cosas muy importantes en la historia del sanitarismo argentino”. Nadie en la mesa lo podía creer.

Aunque a veces tienen posiciones extremas -posturas que fueron alejando a políticos como Jorge Macri, que hoy reporta directamente a Larreta, o Néstor Grindetti, ex Socma y ultramacrista que hoy es el jefe de campaña de Santilli-, es verdad que en esta los duros tienen bastante razón. Es que lo que dijo Larreta fue no sólo lo que piensa sino lo que planea hacer para poder alcanzar -y mantener- la presidencia. Es el “plan 60%”. “Es que con menos de eso no podés gobernar”, suele comentar el jefe de Gobierno. La idea no es tanto alcanzar ese número de votos, algo prácticamente imposible, sino una vez lograda la victoria electoral ampliar la base política hasta lograr una alianza que represente a esa porción del electorado. En esa lista de políticos a sumar hay nombres como el de Florencio Randazzo, el de gobernadores peronistas como Sergio Uñac o Juan Schiaretti -con quien además los une el hecho de tener como “asesor externo” al consultor todoterreno Guillermo Seita-, e intendentes y dirigentes de diversa índole. Al momento del cierre de esta edición, parecería que la única condición para esa alianza futura era no haber sido parte del gobierno de CFK o de Alberto Fernández. En el futuro hasta esa premisa puede cambiar.

Planes. Esta idea de reforzar la base -que lleva implícita una crítica a la lógica que usaron Macri y Marcos Peña cuando les tocó gobernar- se va a poner en práctica luego de las legislativas. No sólo ahí se vendrá un cambio de gabinete en la Ciudad, sino que va a debutar el operativo para hacer crecer al ala política, movimiento con olor a 2023. El nombre que más destaca en esta primera tanda, y que viene con un perfil llamativamente bajo en plena elección, es el de Emilio Monzó. La relación entre el ex jefe de la Cámara de Diputados y Larreta atraviesa un momento incierto: el jefe de Gobierno le ofreció un ministerio antes de las elecciones, pero Monzó terminó en la lista de Facundo Manes. Algunos en Uspallata confían en que post noviembre será el ex intendente peronista el primer refuerzo importante de ese armado, incorporación que a su vez es la llave para acercar a otros aún díscolos como Nicolás Massot.

Este armado más amplio, y con más peronistas, es justamente lo que olfatean los halcones. Es un dejo que no les gusta para nada. Esta idea, reforzada por la fuerza de la historia -del peronismo es de donde viene Larreta-, despierta temores entre los más duros. ¿Y si termina siendo una versión edulcorada del fantasma que ellos intentaron desterrar? Es un miedo que desde el larretismo quieren desterrar, asegurando que sólo con moderación y diálogo se puede gobernar a un país hastiado de la grieta. De hecho, están tan convencidos de lo que aseguran que extienden esa lógica al bando de enfrente. “El único del Gobierno que hoy le puede hablar al votante indeciso es Massa, que ya está armando una alianza como la nuestra pero con radicales sueltos como Morales y peronistas no K”, dice un operador del jefe de Gobierno. Para muchos en Uspallata podría ser el tigrense, el íntimo amigo de Larreta, quien los enfrente dentro de dos años. El ala más técnica de la jefatura porteña descarta esta mirada política. “Muy pocos miden tan mal como Sergio. Si pudiera elegir a un rival para el 2023 es a él”, dice uno de los que manejan los números de la campaña.

Pero el partido es largo y la historia argentina está llena de Ícaros que se quemaron antes de llegar al sol. “Eso es verdad, pero Horacio nunca tuvo tantas chances y nunca estuvo tan cerca”, se anima alguien que conoce y trabaja con el jefe de Gobierno de toda la vida. Falta ver cuál será el espíritu del tiempo en el 2023.

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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