POLíTICA | 26-07-2020 00:11

Las peores 48 hs. del Gobierno: el enojo de Cristina kirchner y el plan contención

Trastienda política del regreso del todos contra todos. Intimidad de la relación de Alberto Fernández y CFK. Máximo, el mediador, y sus trasnoches de reuniones con el Presidente. Cafiero al ring.

El 9 de julio no salió como se esperaba. No sólo el de 1816, en el que los patriotas se juntaron a decidir una forma de gobierno y, cuatro meses de discusión mediante, apenas pudieron ponerse de acuerdo en dos escuetos párrafos que no decían demasiado, sino el de la semana pasada. En ambos hubo desinteligencias varias, y en el último ya la jornada había arrancado rara: los empresarios y sindicalistas que fueron hasta la Quinta de Olivos habían acordado una reunión mano a mano con el Presidente, pero se llevaron la sorpresa de que los situaran al frente de un acto por la fecha patria del que nadie les había dicho nada. CFK también se sorprendió.

Desde su hogar en Recoleta, la vicepresidenta de la Nación se enteró por los medios de lo que estaba sucediendo. Nadie le había avisado, y menos la habían invitado. Sólo las paredes del departamento de Juncal en donde vive saben lo que habrá dicho Cristina Kirchner al notificarse de lo que para ella significó un feo destrato, pero su respuesta llegó en plato frío, en público y en tono belicoso.

Es que tres días más tarde compartió una nota del periodista de Página/12, Alfredo Zaiat, en la que este criticaba duramente el encuentro del Presidente con “la derecha empresaria, el poder económico conservador, ideologizado al extremo y contaminado”, y le pronosticaba que se iba a llevar una “decepción” con estos hombres y mujeres de negocios. El texto podría haber sido una editorial dominical más, pero el mensaje que le adjuntó CFK cuando la compartió -“el mejor análisis que leí en mucho tiempo, imprescindible para no equivocarse”- lo remontó a la estratósfera de la interna oficial. El dardo de la política más importante del país provocó un tsunami en Olivos, el primero en lo que va del Gobierno que realmente penetra la coraza dura de negociador que lleva puesta el Presidente. Significó el primer cortocircuito real y contundente entre ellos dos.

Los empresarios y sindicalistas que fueron hasta la Quinta de Olivos habían acordado una reunión mano a mano con el Presidente, pero se llevaron la sorpresa.

“No nos hace bien esto, que haya diferencias entre la cúpula principal. Hay que regar la planta de la unidad, divididos nos fue muy mal”, se sinceró Eduardo Valdés ante el periodista Pablo Duggan. Algunos, como Sebastián Galmarini, intentaron poner paños fríos. “Es una gran noticia el disenso interno, a nivel estrategia y comunicación sirve para copar la centralidad del escenario, que hoy está en discusión, y capturar al moderado”.

Equilibrio. De cualquier manera, Alberto Fernández quedó desconcertado cuando vio el tuit de su coequiper. No fue el único: desde el domingo al mediodía el círculo más alto del Ejecutivo se puso como misión intentar comprender el sorpresivo enojo de CFK y pacificarlo. El propio Presidente habló por teléfono con ella en varias ocasiones, el martes y el miércoles, pero ninguno de los dos quiso o intentó sacar el tema a la luz. Fueron 48 horas de zozobra, y escaló hasta tal punto que, por primera vez en lo que va del Gobierno, la Vicepresidenta felicitó a un ministro nacional en público. El elogiado fue Martín Guzmán.

También fue llamativo ver a Máximo Kirchner en el bando de los sorprendidos. El reclamo de CFK también le cabe a él: el jefe del bloque del Frente de Todos, junto a Sergio Massa y “Wado” de Pedro, venía de reunirse en la primera semana de julio con el presidente de la UIA, Miguel Acevedo, con Marcelo Mindlin, de Pampa Energía y otrora enemigo K, y otros popes empresariales a los que la vice dice no tenerles ninguna simpatía. De hecho, Máximo estuvo hasta casi las 12 de la noche del martes reunido con Alberto en Olivos, intentando comprender la situación y buscarle una solución.

La hipótesis más aceptada en la Quinta es que CFK se sintió destratada por no haber sido invitada.

Hasta ahora, la hipótesis más aceptada en la Quinta es que CFK se sintió destratada por no haber sido invitada -aunque probablemente no hubiera ido- al acto del 9 de julio, y que, además, no se haya incluido en esa mesa a figuras de los Derechos Humanos o de los movimientos sociales. Pero hay otro tema también: ¿A CFK le habrá dolido ver a su hijo y a “Wado” haciéndose carne de la lógica albertista de tender puentes a personas que a ella jamás le agradaron? Es decir: ¿Máximo está más cerca del pensamiento de Alberto que del de Cristina? Por ahora es una pregunta sin respuesta, aún cuando la profecía de Massa -“Máximo es más Néstor que Cristina”- empieza a tomar forma.

Grietas. El mensaje de CFK abrió una grieta en aquel lado de la grieta, y por ella se filtraron podredumbres e internas. Hebe de Bonafini, que ya había criticado duramente al Presidente a principios del año, aprovechó el envión y le espetó a Alberto aquel encuentro, polémica a la cual se sumaron Julio De Vido, que a su vez fue replicado con dureza por Juan Grabois. El dirigente social, que empieza a acumular enemigos en los ministerios de Justicia y de Desarrollo Social, publicó un texto en un libro recién estrenado de la editorial Siglo XXI -“La vida en suspenso”- que suena premonitorio: “La unidad nacional parece difícil, con una dirigencia narcotizada por las aspiraciones individuales y las pujas de facción”.

De todos los antes mencionados, salvo, claro está, la excepción de la jefa, empiezan a estar abiertamente hastiados en Olivos. Sin embargo, como recomendaría el Papa Francisco, quien no pierde el contacto directo con Alberto ni la influencia en el oficialismo, el Gobierno mostró la otra mejilla, y el Presidente publicó una respuesta a Bonafini en tiempo récord. “La respuesta a Hebe fue una respuesta a dos bandos, al tuit de CFK”, admiten en el albertismo, y habría que sumarle una más: Alberto también habla e intenta contener a todo el cristinismo duro, sin el cual no le dan los votos para gobernar.

“La respuesta a Hebe fue una respuesta a dos bandos, al tuit de CFK”, admiten en el albertismo.

De hecho, también se sumaron al operativo contención los ministros Agustín Rossi y el bonaerense Andrés Larroque. La presencia de este último, camporista de la línea dura, fue otra señal en sí misma: en este round jugó en el bando albertista. Sorpresas da la vida, aún cuando en lo que no dicen ni Rossi ni Larroque hay también información: a apenas siete meses de Gobierno los funcionarios tienen que salir a sostener al Presidente en público.

Los problemas de la coalición, en la que el kirchnerismo tiene más votos y por lo tanto más representatividad, empiezan a mostrarse sin tapujos. Eso ocurre aún cuando Jefatura de Gabinete se desgañita intentando tapar los baches: desde que el bando cristinista duro, con Aníbal Fernández, Sergio Berni, Roberto Navarro y Daniel Tognetti a la cabeza, empezaron a exigirle al Gabinete que “pongan más sangre”, en palabras del ex candidato bonaerense, Cafiero y los suyos levantaron el perfil como nunca. “Quieren radicalizar la situación, quieren sangre y quieren enfrentamiento, y no es lo que pide hoy la sociedad. Para eso ya va a llegar el 2021, y tenemos los fierros y la gente para eso, pero ellos no lo saben porque la ven de afuera y no la entienden”, razonan en Jefatura.

A pesar de la lógica antigrieta, que es la que catapultó a Fernández a lo más alto de las encuestas, en los pagos de Cafiero parece que están empezando a poner en práctica la clásica táctica de “haz lo que digo y no lo que hago”: el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi, cruzó con dureza a Mauricio Macri en las redes tratándolo de “inútil”, saga a la cual se sumaron los tuits de Cafiero ridiculizando al periodista Diego Leuco. Además, aunque en un tono muy distinto, Cecilia Todesca, la vicejefa de Gabinete, dio por primera vez desde que asumió una entrevista televisiva. En Jefatura parece que se están probando el casco.

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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