POLíTICA | 05-02-2024 06:15

Martín Menem, en el ojo de la tormenta

Tuvo su bautismo de fuego en el debate por la ley omníbus. Asedio de varios frentes y su relación con Milei. El día que le presentó a su tío, Carlos Saúl.

Aunque pueda parecer sorprendente para la mayoría de los mortales que llevan apellidos comunes y corrientes, a Martín Menem las cosas nunca le salieron demasiado fáciles. Hijo del medio de Eduardo, tenía casi 15 años cuando su tío asumió su primera presidencia. La adolescencia y la entrada en la adultez las pasó bajo el escrutinio permanente que significa pertenecer a la familia del poder. Y a una, además, muy especial, en la que su palabra estaba lejos de ser la que más peso tenía. Era una realidad que el entonces joven padecía.

Para mediados del 2019 ese peculiar reparto del poder adentro del clan seguía existiendo. Y Martín lo sabía: estuvo largas semanas intentando convencer a Zulemita para que aceptara su propuesta. En aquel entonces Carlos Saúl pasaba sus últimos años de vida en un departamento cómodo en el barrio de Belgrano, y era su hija la que tenía el monopolio total de la agenda del ex mandatario. Su primo le pedía con insistencia media hora de ese tiempo, pero no había caso. Tardó meses en concretar el encuentro, hasta que al final Zulemita cedió.

Martín le quería presentar a su tío a un economista de pelos largos de la televisión. Al final, la reunión se estiró durante tres horas. Y cerró con una predicción. “Javier, vos no tenés que aflojar. Vos podés ser Presidente de este país. Y te digo una cosa: vas a ser mejor presidente que yo. Sos mi heredero”, le dijo Carlos Saúl Menem a Javier Milei. A pesar de los 88 años, el tiempo comprobó que el olfato político del “Turco” seguía intacto.

Ascenso. Varias cosas cambiaron desde aquel encuentro. El libertario es ahora presidente de la Nación, y el organizador del mitín está al frente de la Cámara de Diputados, el centro de la tormenta en los días del debate por la ley ómnibus. El camino entre un momento y otro no fue tan largo, pero sí que fue sinuoso. Sobre todo para Menem.

En el 2021 fue el único aliado oficial que tuvo Milei fuera de la Capital Federal. Que Menem sea el candidato a Legislador provincial en La Rioja de La Libertad Avanza necesitó de cierta muñeca: ahí el Partido Libertario, el gen inicial del proyecto de Milei, ya venía armando su propia propuesta. El actual mandatario los mandó a bajar sobre la hora, un adelanto de lo que haría luego en el 2022 a lo largo y a lo ancho del país, para poner en cambio a célebres apellidos de lo que el propio economista llamaría “la casta”.

Luego de unas elecciones provinciales en las que sacó 13%, Menem tuvo su primer cargo. Y fue también su primera experiencia en la política. A pesar de haberse recibido de abogado en la universidad de Belgrano y del legado en la sangre, Martín estuvo toda la vida alejado de este mundo. En 1998 uno de los profesores del gimnasio al que iba le recomendó una proteína. Él la empezó a usar hasta que se dio cuenta que en Argentina era difícil de conseguir, lo que fue el puntapié de su empresa “Gentech”, que hoy vende a todo el mundo. También comparte con su hermano Fernando Nicolás las empresas Golf Management SA y Mimada SA -de vigilancia-.

Rosca. Pero la parada más brava la tuvo a fines del año pasado. Menem quería estar al frente de la Cámara, puesto codiciado a varias bandas. Uno de los que lo pretendía era Oscar Zago, miembro fundador de LLA al que, dicen en ese espacio, Milei le había prometido el puesto. Hoy es el jefe del bloque oficialista.

También Mauricio Macri miraba este cargo. Los que conocen al ex presidente y al actual juran que fue la decisión de Milei de no nombrar a Cristian Ritondo en ese lugar un parteaguas en esa relación.

Por eso es que hoy Menem tiene que atajar penales en todos los frentes. Los opositores se quejan de su falta de experiencia, que no conoce el reglamento y que no tiene “el temple” para conducir esta Cámara, muy dividida y en la que el oficialismo tiene una amplia minoría. Algunos propios todavía lamen las heridas, mientras que el PRO no desiste en la búsqueda del lugar.

Menem, además, tiene otro grave inconveniente. Es un dolor de cabeza que comparte también Guillermo Francos, el ministro del Interior: el propio Milei. Es que el ethos de esos roles, que por definición son los que deben buscar acuerdos y puntos intermedios con el resto de la política, son lo que el Presidente más detesta. Y esa manera de ver la vida de Milei es algo que, aunque jamás lo dirá, Menem viene sufriendo.

Al libertario le costó horrores aceptar modificaciones a la ley, insultó a gran parte del Congreso -incluso a la oposición colaboracionista- y por último envió a Santiago Caputo a hacer de intermediario con los otros bloques. La presencia del asesor estrella se leyó como una desautorización, empujada también porque era finalmente Caputo quién tenía el vínculo directo con Milei para ver qué aceptaba cambiar y qué no. La situación escaló al punto de que el libertario empezó a retuitear posteos a favor de Menem en su cuenta -idéntico a lo que sucedió con Francos luego de la reunión con los gobernadores, en la que él parecía haber sido desautorizado- y envió a su hermana, en la previa al arranque de la sesión, para que se los vea juntos y mostrar así un espaldarazo.

Martín Menem camina sobre un fino hielo. Y el Gobierno recién comenzó.

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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