Saturday 20 de April, 2024

POLíTICA | 02-03-2024 09:49

Milei y su Operativo Disciplina: el ataque como método presidencial

Mitad estrategia y mitad caos personal, el Presidente avanza entre peleas. Santiago Caputo, el gran instigador. Trasnoches de furia tuitera y la lógica detrás de los dardos.

Santiago Caputo saca su celular y se lo muestra a Javier Milei. Le dice que vea lo que él estaba viendo: la pantalla devuelve la imagen de X, la plataforma preferida de ambos. Mirá esto, este tema está funcionando, mirá lo que te dicen. Lo ceba, como el torero que provoca al toro para hacerlo engranar. “El Loco” lo escucha: confía ciegamente en él desde que lo escuchó asegurar, antes de las PASO, que iba a salir primero. Fue el único de toda La Libertad Avanza que compartía el pronóstico del libertario y de su hermana, y desde entonces se convirtó en su sombra.

El asesor estrella parece ser la contracara perfecta del Presidente, su lado racional, frío y calculador. Pero quizás no sea sólo eso. En la noche del 7 de febrero, el periodista Ernesto Tenembaum dio a entender en sus redes que Caputo tenía una cuenta anónima en X, bajo el usuario @DuquedeSuabia. Era algo que el monje negro de Milei ya había hecho durante la campaña, en la que se hacía pasar por una llamada @SnakeDocDelta, desde donde decía que era “una de las personas más inteligentes del país” y también “amante de las armas”. La última, que borró sólo unas horas después del aviso de Tenembaum, contenía mensajes como “hace cinco años le pasamos la chota por la cara” (en referencia al resto de los partidos), que iba a “hacer concha” a Massa, Frigerio, Massot, y Monzó, y que, luego de que cayera la ley ómnibus, “la pregunta era si Glock 17 o Glock 45”.

Quizás, entonces, Caputo sea más parecido a Milei de lo que la mayoría piensa. Quizás no, y simplemente haya logrado decodificar la parte más salvaje y emocional del Presidente, la que lo hizo conocido primero en los medios y que fue luego el corazón de su plataforma política. Pero lo cierto es esto: atrás de algunos exabruptos del libertario está el estratega. Dandole cuerda. Haciendolo engranar. Mostrándole que a la artista Lali la llaman “depósito” en las redes, que ella tiene incluso más seguidores que él y que un cruce directo podría convertirse en la comidilla de la semana. Desviando así, consciente, adrede, la conversación desde temas más preocupantes como la inflación y la economía a sucesivas peleas que protagoniza el Presidente. Erigiendo a los cruces de Milei contra periodistas, músicos, gobernadores, diputados y sindicalistas como una parte central del relato de este Gobierno, que hasta ahora no tiene resultados positivos para mostrar. Exprimiendo hasta la última gota al único capital político real que tiene el oficialismo: la popularidad, todavía fuerte, del libertario.

Látigo. Hay dos preguntas que aparecen en cada charla del círculo rojo. La primera es hasta cuando puede durar el experimento libertario, un interrogante que preocupa a muchos. La segunda es si Milei es o se hace, una duda que flota sobre el personaje en cuestión desde que entró a los medios. Si sus raptos de violencia son parte de una jugada magistral o simplemente las incontinencias propias de alguien que está convencido de que su perro muerto fue la conexión con Dios, el que le encomendó convertirse en político.

Por la tarea de Caputo parecería que el economista se “hace” más de lo que “es”. Que hay una elaborada logística -en la que también participa el equipo de tuiteros, a los que Karina llama “mis chicos”, que tienen despacho en la Sala de Mujeres de la Casa Rosada que hicieron tapiar (ver recaudro)- que fabrica peleas artificiales para desviar la atención. Pero, ¿es sólo eso?

El 15 de febrero fue el día siguiente a la entrevista en La Nación + en la que el mandatario apuntó contra la artista. A las 8 de la mañana, cuando estaba en la Quinta de Olivos sin su equipo de comunicación, Milei agarró su celular y subió a X, en referencia a Espósito: “Encima me dicen que la 'gran artista' no canta sino que hace playback”. Dejando de lado la ironía de la situación -el libertario, como contó NOTICIAS, hace algo mucho más grave que el playback como es el plagio- el hecho demuestra que no es necesario que haya nadie al lado para que el hombre se embarque en una de sus furiosas peleas: X e Instagram las maneja él en persona.

Los horarios en los que más usa la primera, su red preferida, dan cuenta de que en la mayoría de los casos debe estar sólo o a lo sumo con su pareja. La Nación publicó un extenso informe en el que analizó las 4364 publicaciones que hizo desde que asumió el cargo, y que da un promedio de 73 tuits por día. “La estadística revela que su horario de mayor actividad es entre las 22 y las 23 (el 10,5% de su contenido fue hecho en esa franja). Le siguen las 23, las 20, las 21 y las 00, pero también lo ha hecho en la madrugada, entre las 3 y las 5, por lo menos 68 veces”, dice el diario, que además da cuenta que 506 de sus publicaciones eran “ataques”. Difícil de imaginar que a las cuatro de la mañana esté Caputo en Olivos susurrandole al oído al Presidente.

En lo que va de Gobierno, Milei atacó con nombre y apellido a María O'Donnell, Luisa Corradini, Silvia Mercado, Alejandro Borensztein, a Ricardo López Murphy, Martín Lousteau, Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro, Ricardo Quintela, a Miguel Ángel Pichetto, María Becerra, Eduardo Belliboni, Hugo Arana, Axel Kicillof, Carolina Píparo, Nicolás Massot, Emilio Monzó. Las firmas continúan e incluyen hasta al fallecido actor Hugo Arana. También cargó contra partidos e instituciones, como el Congreso -“nido de ratas”- o la UCR -“putitas del peronismo”-. Una curiosidad: CFK, por ahora, permanece afuera del alcance de sus dardos más furibundos, aunque en la última entrevista que le dio a La Nación + la llamó por primera vez “la jefa de la banda”.

Aunque las diferencias entre los recién nombrados no podrían ser mayores, todos comparten algo en común: ninguno de ellos le rinde pleitesía absoluta a Milei, la condición necesaria que el libertario y su círculo íntimo exige para ser incluidos en la lista de “argentinos del bien”. Píparo, por poner un ejemplo, pasó de candidata a gobernadora bonaerense a “traidora” por votar en contra solamente un inciso de toda la ley ómnibus. El Operativo Disciplina del Presidente es claro: es todo o es nada, se es aliado incondicional que nunca jamás expresará ni un sólo reparo o se es un enemigo jurado de las “Fuerzas del Cielo”. Es estrategia de sus asesores pero también es la incontinencia verbal y emocional que lo carecteriza desde que era un niño solitario y sin amigos en el colegio Cardenal Copello, en donde se ganó el apodo que lo acompañó gran parte de su vida.

Milei, el que cree que Dios le encomendó la “misión” de luchar contra “el maligno”, sólo puede ver su carrera política en un código mesiánico y teológico. “Soy recto e inflexible, estoy limpio, por eso puedo jugar a fondo, otros no pueden hacer eso”, sentenció en la última entrevista en LN+. Ese es el registro bíblico que usa, en el que hasta se vale pasajes de Moisés, para dividir al bien -que él encarna, el “limpio”- del mal -¿los sucios?-.

Es que para Milei no existen los grises. Sólo hay blanco o negro.

Chequera. Pero los cruces no quedan sólo en la estratósfera de las redes o en las declaraciones picantes en entrevistas. Parte de la carga contra todo aquel que no le rinde pleitesía se transforma en realidad. Luego de la caída de la ley, el Gobierno anunció una fuerte reducción de transferencias hacia las provincias, en forma de quita de fondos para el subsidio de transporte y para los docentes estatales. “El Loco” pega donde más duele.

Lo que queda es preguntarse si esta manera de gobernar es efectiva. Si se le pregunta a Caputo o a Milei seguramente dirían que sí, y hasta tendrían números para demostrar su argumento. La consultora Ad hoc, por ejemplo, midió la conversación digital en las redes sociales entre el miércoles 15 y el jueves 16. Eran los días del auge de la pelea de Milei contra Lali, que coincidían con la publicación del último dato de inflación que había arrojado un preocupante 20,6 en enero. Dice el informe: "Tres de los cinco conceptos asociados a Javier Milei en esos días refieren a sus dichos sobre Espósito. Ni el dato de inflación ni la carta de Cristina Kirchner modifican la agenda de conversación pública propuesta por el Presidente. El oficialismo recupera el control de la agenda y logra evadir hablar de las clases, la inflación o de los vaivenes en el Congreso".

Acá está el corazón de la parte estratégica de los arranques de Milei: en el Gobierno creen que hasta que no haya resultados favorables de la economía para mostrar -que sin un grabador prendido imaginan para recién en el segundo semestre- van a necesitar desvíar el humor social hacia las agarradas presidenciales. “Es que la política es un poco de show”, dice el libertario. ¿Alcanzará con eso?

La duda es si la escalada de violencia que propone el Presidente no se puede transformar en un boomerang que le termine jugando en contra al oficialismo. Se puede ver en ejemplos claros. Los diputados “dialoguistas” juran que si no hubiera sido tanta la vehemencia de Milei contra ellos, si hubieran propuesto un camino más sereno -como enviar la ley dividida en leyes específicas- el grueso de los temas planteados, como las facultades extraordinarias, hubieran sido aprobados. Otro podría llegar a ser los costos políticos del feroz recorte en educación. Si las clases no llegan a arrancar, ¿quiénes serán los más apuntados? Milei propone culpar a los gobernadores, pero es toda una apuesta ver si efectivamente se encauza así el enojo o si le terminará impactando de lleno a su figura.

Hay otro elemento, probablemente el más grave de todos. Es la duda sobre si la enorme agresión verbal que despliega el mandatario se trasladará algún día a la agresión física. Es una duda lógica, teniendo en cuenta que ese suele ser el camino que toma la violencia, algo que se puede contrastar en el intento de asesinato de CFK. Y también en otros datos, como en la decisión que tomó la periodista Luciana Peker de irse del país luego de que la Justicia comprobara amenazas hacia su persona, o en el trabajo que viene haciendo el CELS junto a revista Crisis. Ellos crearon RADAR (Registro de Ataques de Derechas Argentinas Radicalizadas). Sus números muestran que de los 221 ataques que registraron desde marzo del 2020, 38 fueron entre diciembre y en enero. Es decir que el 17% de los casos ocurrieron de la asunción de Milei, en sólo dos meses.

La ira desatada tiene, además, un último problema. Se sabe dónde arranca -en esta Argentina, mucha violencia nace en la boca de Milei- pero nunca, jamás, donde termina. El Operativo Disciplina puede terminar saliendo mal. Para todos.

 

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Juan Luis González

Juan Luis González

Periodista de política.

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