La ciudad de Resistencia se convirtió en el epicentro de una inédita mesa de coordinación entre el Gobierno nacional, los gobernadores del Nordeste Argentino y representantes de Paraguay, en una reunión encabezada por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, con el objetivo de diseñar una estrategia preventiva común frente a la posible intensificación del fenómeno climático de El Niño, que durante las últimas semanas comenzó a manifestar señales de consolidación y encendió las alertas por el riesgo de lluvias extraordinarias, crecidas de los grandes ríos de la cuenca del Plata e inundaciones en una de las regiones históricamente más vulnerables del país.
La convocatoria, organizada por la Agencia Federal de Emergencias (AFE), reunió además al jefe de Gabinete, Diego Santilli, y a la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, quienes coordinaron junto a autoridades provinciales los protocolos de respuesta, el despliegue logístico y los mecanismos de cooperación con las administraciones locales. Del encuentro participaron el gobernador del Chaco, Leandro Zdero, anfitrión de la cumbre, junto con los mandatarios de Corrientes, Gustavo Valdés; de Misiones, Hugo Passalacqua; de Formosa, Gildo Insfrán, además de funcionarios nacionales y representantes de organismos técnicos vinculados a la gestión de emergencias.
También asistieron autoridades paraguayas encargadas de la protección civil y de la administración de recursos hídricos, debido a que los efectos de El Niño no reconocen fronteras y comprometen simultáneamente a las poblaciones asentadas sobre los ríos Paraná, Paraguay, Pilcomayo y Uruguay. La presencia de Paraguay respondió a la necesidad de intercambiar información hidrometeorológica en tiempo real y coordinar medidas preventivas para evitar respuestas aisladas frente a un fenómeno que afecta a toda la cuenca regional.

Durante la reunión, Karina Milei sostuvo que el propósito del Gobierno nacional consiste en anticiparse a la emergencia mediante una coordinación permanente entre Nación, provincias y países vecinos, evitando que la respuesta estatal se limite únicamente a la asistencia posterior a las inundaciones. En ese marco se analizaron los recursos disponibles de la Agencia Federal de Emergencias, el posicionamiento estratégico de maquinaria, embarcaciones, hospitales móviles, equipos de rescate y centros de evacuación, además de los mecanismos para agilizar la asistencia a productores rurales y poblaciones aisladas en caso de que las precipitaciones superen los valores normales previstos para el trimestre.
La actividad se desarrolló en el marco del II Consejo Regional de Seguridad Interior. Durante el encuentro, el director ejecutivo de la Agencia Federal de Emergencias (AFE), Santiago Hardie, presentó el Plan de Coordinación Federal ENOS 2026/2027. El plan contempla acciones de planificación preventiva, monitoreo permanente y coordinación entre organismos nacionales, provincias y municipios. Según los modelos climáticos oficiales, existe una probabilidad cercana al 100% de que El Niño continúe durante los próximos meses y se intensifique hacia la primavera.
Uno de los principales ejes del encuentro fue el análisis de la situación particular de cada provincia. En el Chaco, los técnicos advirtieron que la combinación entre lluvias intensas y el escaso escurrimiento natural de extensas zonas de la llanura chaqueña incrementa considerablemente el riesgo de anegamientos urbanos y rurales. Localidades del sudoeste y del este provincial presentan antecedentes recientes de inundaciones que provocaron el aislamiento de comunidades, daños en viviendas y pérdidas agrícolas, por lo que la provincia concentra buena parte de los esfuerzos preventivos nacionales.
En Corrientes, la preocupación gira principalmente alrededor del comportamiento del río Paraná y de los esteros del Iberá. Tras varios años marcados por una prolongada sequía, la posibilidad de un cambio brusco hacia un régimen de precipitaciones superiores al promedio plantea un escenario complejo para ciudades ribereñas como Paso de la Patria, Ituzaingó, Goya, Bella Vista y Esquina, además de los sectores productivos vinculados a la ganadería, el arroz y la forestación. Las autoridades provinciales remarcaron que el principal desafío será administrar el exceso hídrico después de un prolongado período de déficit de agua.

Misiones, por su parte, enfrenta una realidad distinta debido a su geografía serrana y a la elevada densidad de cursos de agua. Allí el riesgo principal está asociado a lluvias torrenciales capaces de provocar crecidas repentinas de arroyos, deslizamientos de tierra y daños sobre rutas provinciales y nacionales. La provincia ya experimentó en distintos episodios anteriores inundaciones relámpago que afectaron especialmente a Posadas, Oberá, San Vicente, El Soberbio y otras localidades ubicadas sobre el río Uruguay, por lo que se reforzó la coordinación con los organismos nacionales de protección civil.
En Formosa, la atención se concentra sobre la evolución del río Pilcomayo y del río Paraguay, dos cursos que históricamente registran importantes desbordes durante los años dominados por El Niño. Las autoridades provinciales advirtieron que un aumento significativo de las precipitaciones podría afectar caminos rurales, comunidades indígenas, establecimientos ganaderos y numerosas localidades del oeste y del este provincial, por lo que solicitaron fortalecer los sistemas de monitoreo hidrológico y las reservas de asistencia humanitaria.
Los representantes paraguayos expusieron una preocupación similar. El incremento del caudal del río Paraguay puede generar inundaciones tanto en Asunción como en numerosas localidades ribereñas, además de afectar la navegación comercial y la infraestructura compartida con Argentina. Por esa razón se acordó profundizar el intercambio permanente de datos meteorológicos e hidrológicos, de manera que ambos países puedan anticipar evacuaciones y coordinar medidas de protección de la población.

La explicación científica presentada durante la reunión estuvo basada en los informes de los principales centros internacionales de monitoreo climático. El fenómeno de El Niño se origina por un calentamiento anómalo y persistente de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental. Ese incremento de la temperatura modifica la circulación atmosférica global, altera el comportamiento de los vientos alisios y desplaza grandes masas de humedad hacia distintas regiones del planeta.
En Sudamérica, especialmente sobre el noreste argentino, Paraguay, el sur de Brasil y Uruguay, esas alteraciones suelen traducirse en precipitaciones superiores a los valores normales, tormentas más frecuentes y una mayor probabilidad de crecidas de los grandes ríos. Habitualmente El Niño comienza a consolidarse durante el invierno del hemisferio sur, entre junio y agosto, cuando el calentamiento del Pacífico alcanza niveles suficientes para modificar la circulación de la atmósfera. A partir de ese momento los organismos internacionales, entre ellos la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), comienzan a elevar los niveles de alerta debido a que los mayores impactos suelen manifestarse, período en el que aumentan significativamente las precipitaciones sobre el nordeste argentino y la cuenca del Plata.















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