Monday 22 de June, 2026

POLíTICA | Hoy 16:17

Santiago y Francisco Caputo, hermanos de plata: la tapa de NOTICIAS

Manejan fondos millonarios de la Fundación Faro. Persecución del karinismo.

Antes de morir, Claudio Caputo dejó cinco cartas de despedida. Una para cada uno de sus hijos: Francisco, Santiago, Ezequiel y Malena, y también una quinta para Sebastián Amerio, a quien le tenía un especial cariño por ser amigo de la familia desde muy chico. En cada uno de esos escritos dejaba elogios y algunos consejos para sus herederos. Francisco, por ser el mayor, obtuvo un texto con más responsabilidades que el resto y la sensación de que a partir de ese momento se convertiría en el nuevo patriarca de la familia. Santiago siempre fue el más rebelde, por lo que su carta, cuentan los testigos, tendría más recomendaciones que para el resto de sus hermanos. Amerio en su breve y sentido texto recibió un mensaje que lo intenta cumplir todos los días: "Cuidá a Santiago", le dijo Claudio al amigo del asesor estrella de Milei.

Hoy el mundo de Santiago Caputo se configura de esa manera: Francisco funciona como un pater familias, a quien respeta y consulta, y Amerio es el escudero que le cuida las espaldas.

Este tridente está, desde hace tiempo, en la mira del karinismo, en especial de los primos Martín y "Lule" Menem, quienes, a través de Juan Bautista Mahiques, y con la venia de la hermana del Presidente, ya avanzaron sobre Amerio, al desplazarlo del Ministerio de Justicia, y ahora van por Francisco, quien tuvo un rol preponderante en la puesta en marcha de la Fundación Faro, el think tank mileísta que recauda millones de dólares del sector privado para difundir las ideas del Gobierno.

En sus orígenes, a principios de 2024, la Fundación Faro comenzó organizando cenas para reunir fondos y la coordinación de aquellos eventos estaba a cargo de Francisco, quien además oficiaba de recaudador, según los testimonios que por aquellos días desparramaban en voz baja los empresarios. Ellos sostenían que era Francisco Caputo quien los llamaba para invitarlos y decirles cuánto salía el cubierto: unos 25 mil dólares. No había factura. Santiago, en tanto, oficia de padrino político de la fundación.

Francisco es un año y seis meses mayor que Santiago, tiene 42, pasó por el mismo Colegio Manuel Belgrano y construyó su vida adulta lejos de la militancia, dedicado al coaching ontológico. En su Instagram se presentaba como entrenador de "Súper Humanos" y ordenaba su discurso alrededor de palabras como "potencial humano", "consciencia", "transformación" y "entrenamientos". En una entrevista de 2019 con su colega Martín Daulerio sostuvo que no hay nada que se pueda comprar con dinero que no se pueda comprar con confianza, y explicó que la falta de plata suele responder a la falta de confianza en uno mismo. Ese mismo hombre terminó a cargo de llamar a los empresarios para cobrarles el cubierto de las cenas de Faro.

Francisco asumió el control de las oficinas de la escribanía familiar de la calle Córdoba. Esas oficinas fueron la primera sede de la fundación que se usó para recaudar dinero para la campaña de Milei. Algunos pocos la recuerdan. Se llamaba Instituto para el Crecimiento y la manejaba el fallido jefe de Gabinete Nicolás Posse. Fue la antecesora de la Fundación Faro.

Al principio de la gestión de Milei, Francisco visitaba a su hermano en las oficinas de la Casa Rosada con cierta frecuencia. Luego, esas visitas se fueron espaciando e incluso pasaron a reunirse afuera.

Ninguno de los dos figura como funcionario de planta oficial del Gobierno. En el sector privado, comparten un mismo empleador en los papeles: Lucas Costa, un empresario pyme amigo de la familia desde su infancia y vecino del country Martindale. Costa tiene dos sociedades, Zefico SA, que emplea a Santiago, y Camalu SA, que emplea a Francisco, y que serían las encargadas de administrar los bienes de los Caputo. En cuestiones de poder y de plata, Santiago y Francisco son la misma cosa.

¡Clin, caja! Francisco comparte con su hermano la aversión a la exposición pública, y casi no hay documentación que lo ate a la fundación. Quien lo dejó al descubierto fue Alberto Benegas Lynch hijo, que al celebrar en X el lanzamiento de la fundación agradeció la eficaz coordinación de "Fran Caputo". Cuando Santiago vio el tuit, resopló y balbuceó un "no puede ser". Uno de los intocables del liberalismo argentino le había puesto el cascabel al gato.

Esa estructura que Francisco ayudó a montar es ahora el blanco de un organismo bajo control del karinismo. La Inspección General de Justicia (IGJ), que regula a las personas jurídicas, emplazó a la Fundación Faro Argentina para que informe quiénes son los donantes que le habrían aportado alrededor de $ 5000 millones durante 2024, según publicó el diario La Nación.

Este pedido es la primera señal de tensión entre las dos facciones del oficialismo en torno a la Fundación Faro, que ya se convirtió en la mayor maquinaria de financiamiento político privado del espacio libertario, que a su vez lleva gastados —a través de la fundación— más de 1.200 millones de pesos en publicidad política en redes desde sus orígenes hasta el cierre de esta edición. La información surge de la plataforma de anuncios de Meta, la empresa propietaria de Facebook, Instagram y Whatsapp. La web utilizada para viralizar contenido se llama Ratio Oficial y, según las métricas de Meta, es la segunda que más invirtió en toda la historia de Facebook Argentina, apenas por detrás del gobierno de Córdoba.

Faro nació sobre los restos de la Fundación Valorar, una entidad dedicada a paliar la vulnerabilidad social que en 2023 había declarado un patrimonio neto de $ 12 millones e ingresos por $ 49 millones. La transformación arrancó entre abril y mayo de 2024, ya con Javier Milei en la Casa Rosada: renunció todo el consejo de administración de Valorar y tomaron el mando Laje y Caputo. En octubre, la IGJ aprobó el cambio de nombre mediante la Resolución 808 y la sede se mudó a Reconquista 40. Tras el desembarco de su actual presidente Agustín Laje y Francisco Caputo, los ingresos se multiplicaron 78 veces y el patrimonio creció 356 veces.

Con su nuevo nombre, Faro organizó tres cenas de recaudación en el Yacht Club de Puerto Madero, con Milei como orador principal: el 13 de noviembre de 2024 y el 4 de agosto y el 15 de diciembre de 2025. A la primera asistieron José Luis Manzano (Edenor), Hugo Eurnekian (Corporación América), Martín Migoya y Guibert Englebienne (Globant), Bettina Bulgheroni, Marcelo Mindlin (Pampa Energía), Claudio Belocopitt (Swiss Medical), Sebastián Bagó, Horacio Marín (YPF) y representantes de Vista Oil & Gas y Techint, entre otros.

En el balance del ejercicio 2024, el 99 por ciento de los ingresos figura bajo el concepto "donaciones, cursos, talleres y prevención", pero el balance no identifica a ningún donante. La normativa de la IGJ exige individualizar a quienes superen el equivalente a 40 salarios mínimos. Además hay $ 246,4 millones anotados como "deudores varios", sin identificar a quién se prestó ese dinero ni en qué condiciones. De ahí la denuncia, que en redes el propio Santiago Caputo se encargó de apuntar a los responsables: "Debe ser una total casualidad que Alconada Mon haya escrito esta nota llena de falsedades y datos incorrectos en contra de la Fundación Faro basado en un requerimiento de la IGJ", escribió con cierta ironía. Pero para que no quedaran dudas, una cuenta vinculada al asesor presidencial escribió unos minutos después: "El ministro de Justicia mandó a la IGJ a perseguir a la Fundación Faro y le filtró información privada a Hugo Alconada Mon luego de hacer jueza federal a su cuñada". La interna oficial de Caputo con Karina Milei se juega en cada movimiento.

Sobre el destino del dinero, Faro sí detalló que invirtió $ 4188 millones —el 84% de sus ingresos— en fondos comunes de inversión, letras del Tesoro y bonos. El resto se repartió en eventos y difusión ($ 205 millones), alquileres y expensas ($ 116 millones), seguridad ($ 59,8 millones), impuestos ($ 76 millones), honorarios ($ 39,9 millones), gastos de oficina ($ 25,6 millones), sueldos ($ 23,9 millones) y viajes ($ 2,9 millones).

Agustín Laje, de 37 años, es el presidente formal de la Fundación Faro y se reunió con Milei al menos cuatro veces en Olivos, entre diciembre de 2023 y noviembre de 2025. En el plano internacional integra redes conservadoras como la CPAC y la Fundación Disenso de España, y en abril de 2025 organizó en Buenos Aires el "Encuentro por la Libertad" junto al Centro para los Derechos Fundamentales de Hungría, la Fundación Heritage y Nación Futura, el think tank del partido Hermanos de Italia de Francesco Giubilei.

Números. Una investigación del portal Chequeado puso el foco en el dinero que se usaba desde la Fundación Faro para publicidad política. Entre fines de marzo de 2025 y principios de marzo de 2026, la cuenta Ratio Oficial —una de las tres marcas registradas de la fundación, junto a Fundación Faro Argentina y Academia Libres del Mundo— gastó $ 1079 millones (unos US$ 821 mil) en más de 15 mil posteos que Meta —la empresa dueña de Instagram, Facebook y WhatsApp— clasificó como publicidad política o electoral. Hoy esa cifra asciende a 1.200 millones de pesos. En las elecciones porteñas de mayo y bonaerenses de septiembre de 2025, Ratio fue la primera inversora individual en pauta política, por encima incluso de la cuenta oficial de La Libertad Avanza, y entre sus piezas promocionadas aparecían críticas a los gobiernos provinciales no afines. Ni Laje ni los directivos respondieron a Chequeado si esos fondos ingresaron formalmente al patrimonio de la entidad ni si recibieron donaciones destinadas a financiarla; al cierre de esa investigación, en marzo de 2026, Faro tampoco había presentado balance alguno ante la IGJ, de modo que el origen del dinero seguía sin poder establecerse.

Ahí aparece el problema técnico. El Código Electoral Nacional, tras la reforma de la ley 27.504, dispone en su artículo 64 ter que la publicidad "para promoción con fines electorales" en internet "sólo podrá tener lugar durante el período de campaña" —que se inicia 60 días antes de una elección legislativa y 90 antes de una presidencial— y habilita al juez federal electoral a ordenar el "cese automático" del aviso emitido fuera de ese plazo. La campaña es, por ley, una actividad de las agrupaciones políticas, sus candidatos o terceros, sujeta al régimen de rendición de cuentas y a las prohibiciones de aportes anónimos y extranjeros que fija la ley 26.215 de financiamiento partidario; quien pauta antes del inicio formal de la campaña, sostiene la Cámara Nacional Electoral, lo hace por fuera de ese esquema de control. Una fundación que invierte por encima del propio partido oficialista, con donantes sin identificar y sin balances a la vista, queda al margen de todo escrutinio.

La zona gris es la que Faro habita con comodidad: mientras la pauta se presente como "batalla cultural" y no como promoción explícita de candidatos, esquiva la categoría de propaganda electoral y la restricción de pautar fuera de campaña. El único control efectivo es el registro previo que Meta exige para anunciar temas políticos. El artículo 128 ter prevé multas de entre $ 10 mil y $ 100 mil para la persona física o jurídica que incumpla los límites de pauta —cifras irrisorias frente a los $ 1079 millones gastados— y la pérdida del financiamiento público para los partidos infractores. Pero ninguna de esas sanciones fue pensada para un actor que no es partido, no rinde cuentas y mueve en redes más dinero que el oficialismo al que amplifica.

Hoy Faro, como la mayoría de las fundaciones de Argentina, está en ese limbo que permite a los actores políticos moverse con la libertad de aquellos que se autoperciben intocables. La trazabilidad del dinero es difusa. ¿Todo se destina a la política? En el karinismo sospechan que podría haber negocios personales. Todas las cajas que maneja Santiago Caputo están bajo el escrutinio de la hermana del Presidente y los primos Menem: la SIDE, el ARCA y también la Fundación Faro. Son números que queman.

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Rodis Recalt

Rodis Recalt

Periodista de política y columnista de Radio Perfil.

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