El discurso de Javier Milei sobre la cuestión Malvinas dio un giro político, diplomático y discursivo de gran magnitud entre abril de 2025 y septiembre de 2026 como pocas veces se vio. En apenas diecisiete meses, el Presidente pasó de sostener una posición basada en el principio de autodeterminación de los habitantes de las islas —una postura que generó fuertes críticas de excombatientes y gran parte del arco político argentino— a pronunciar la cadena nacional más dura de su gestión sobre el archipiélago, donde calificó a los kelpers como una "población implantada", acusó al Reino Unido de ocupar ilegalmente el territorio argentino, anunció sanciones contra las empresas petroleras que operan en la zona y habló de una nueva estrategia de defensa de la soberanía nacional.
El cambio coincidió con un presunto contexto internacional favorable al reclamo argentino, marcado por las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, la inminente explotación petrolera del yacimiento Sea Lion y una creciente tensión diplomática entre Buenos Aires y Londres. Un tópico cuya mecha fue encendida hace semanas, después de que la Selección Argentina exhibiera una bandera de reclamo sobre las Islas Malvinas tras el triunfo contra su par ingles durante el Mundial 2026, un gesto que volvió a colocar la causa en el centro de la agenda pública.

El contraste entre ambos discursos es uno de los cambios de postura más notorios de Milei desde que llegó a la Casa Rosada. El 2 de abril de 2025, durante el acto oficial por el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas realizado en Plaza San Martín, el Jefe de Estado afirmó que la Argentina debía recuperar las islas por la vía diplomática y planteó que el objetivo final era convencer a los habitantes del archipiélago para que eligieran voluntariamente integrarse al país.
En ese discurso expresó: "Nosotros buscamos ser una potencia para que los malvinenses prefieran ser argentinos. Queremos que llegue el día en que ellos decidan, democráticamente, votar con los pies y elegir ser parte de la Argentina". Luego agregó: "No vamos a buscar la recuperación mediante la fuerza. La vamos a conseguir siendo un país próspero, libre y desarrollado, para que quienes viven allí quieran pertenecer a esta Nación". También sostuvo que "el voto de los habitantes de las islas será un elemento fundamental cuando la Argentina vuelva a ejercer soberanía" y habló de un proceso "largo y paciente" basado en negociaciones internacionales.
Aquellas palabras fueron interpretadas como un reconocimiento implícito al principio de autodeterminación de los isleños, algo que históricamente la diplomacia argentina rechaza porque entiende que los habitantes actuales no constituyen un pueblo originario sujeto al derecho de autodeterminación, sino una población establecida por la potencia ocupante después de la expulsión de las autoridades argentinas en 1833. La Constitución Nacional, la resolución 2065 de Naciones Unidas y toda la política exterior argentina desde la recuperación democrática sostienen precisamente esa doctrina.
El escenario comenzó a modificarse a mediados de 2026. La cuestión Malvinas recuperó centralidad internacional por tres factores simultáneos. El primero fue el avance definitivo del proyecto petrolero Sea Lion, ubicado al norte del archipiélago, considerado uno de los mayores descubrimientos offshore del Atlántico Sur, con reservas estimadas en alrededor de 1.700 millones de barriles de petróleo. Las empresas Rockhopper Exploration, de capital británico, y Navitas Petroleum, confirmaron el cronograma para iniciar la producción comercial hacia 2028, lo que implicó el comienzo de nuevas perforaciones y operaciones logísticas.
El segundo factor fue el inesperado pronunciamiento del presidente Donald Trump. El mandatario estadounidense declaró que Estados Unidos estaba "revisando su posición histórica" respecto del conflicto de soberanía sobre las Malvinas y que analizaría abandonar la tradicional neutralidad mantenida durante décadas por Washington. Trump evitó reconocer explícitamente la soberanía argentina, pero afirmó que existían "nuevas circunstancias estratégicas" en el Atlántico Sur que justificaban revisar la política exterior estadounidense. Sus palabras fueron interpretadas en Buenos Aires como una señal de respaldo político y diplomático hacia la Argentina.
El tercer elemento fue deportivo y considerado simbólico. Después de clasificar a las semifinales del Mundial 2026, los jugadores de la Selección Argentina celebraron en el campo de juego desplegando una bandera argentina con la inscripción "Las Malvinas son Argentinas". Las imágenes recorrieron por todos los medios el mundo y fueron ampliamente difundidas por la AFA e, incluso, por los propios futbolistas en redes sociales. El gesto recibió apoyo masivo de la opinión pública argentina y también provocó críticas desde medios británicos, que interpretaron la exhibición como una utilización política del Mundial.
En ese contexto, el titular del Poder Ejecutivo preparó una cadena nacional dedicada exclusivamente al Atlántico Sur. El mensaje emitido mostró un cambio completo de tono y de contenido. Desde el comienzo afirmó: "Las Islas Malvinas son argentinas por historia, por geografía y por derecho. No existe discusión posible sobre ese punto". Luego señaló: "Los habitantes actuales de las islas constituyen una población implantada por el Reino Unido luego de la ocupación ilegal de 1833. Esa población no tiene derecho a decidir sobre la soberanía de un territorio argentino". La frase significó un abandono explícito del criterio expresado en abril de 2025.
Durante la cadena nacional también sostuvo: "El Reino Unido expulsó por la fuerza a las autoridades argentinas y reemplazó a esa población por colonos británicos. Esa situación nunca fue reconocida por la comunidad internacional". Más adelante afirmó: "La autodeterminación no puede utilizarse para consolidar una ocupación colonial. La comunidad internacional reconoce que aquí existe una disputa de soberanía entre dos Estados". Esas expresiones coincidieron con la doctrina histórica sostenida por la Cancillería argentina y por las resoluciones de Naciones Unidas desde 1965.
El Presidente endureció además el discurso contra Londres. "El Reino Unido es hoy una potencia en decadencia que pretende sostener un enclave colonial en pleno siglo XXI", expresó. También afirmó que "la explotación unilateral de nuestros recursos naturales constituye un acto de piratería económica" y anunció un paquete de medidas para impedir que empresas vinculadas al proyecto Sea Lion puedan operar en territorio argentino o contratar con el Estado nacional.
Entre las medidas anunciadas se encuentran la modificación de la Ley 26.659 para acelerar las sanciones administrativas y económicas contra empresas que exploten hidrocarburos sin autorización argentina; la ampliación de esas sanciones a accionistas, proveedores y compañías logísticas que participen indirectamente del proyecto petrolero; el envío al Congreso de una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional para fortalecer el marco penal y económico frente a actividades consideradas ilegales en el archipiélago; la creación de un Consejo de Seguridad Nacional con competencia sobre infraestructura estratégica y recursos naturales; y la ampliación de la Base Naval Integrada de Ushuaia como principal plataforma logística argentina en el Atlántico Sur y la Antártida.
















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