Friday 14 de August, 2026

RESTAURANTES | 11-08-2026 09:35

La parrilla del Obelisco que controla su carne desde el campo a la brasa

Costilla de novillo braseada, quebracho y carbón sobre Avenida Corrientes. Una parrilla que discute la idea de que en el centro no se come buena carne.

Hay una discusión que el porteño evita: la parrilla del centro. Palermo tiene sus templos, San Telmo su liturgia turística, la costanera su nostalgia. Pero Avenida Corrientes, que fue durante décadas el corredor gastronómico más denso de la ciudad, quedó asociada a la pizza al molde y al café de trasnoche. La carne, ahí, siempre fue tema de segunda.

Revire Brasas Bravas discute eso a pocos metros del Obelisco, en pleno circuito teatral. Y lo hace con un argumento que en la Argentina de 2026 pesa más que cualquier declaración de principios: controla su propia cadena productiva. Desde la selección del ganado hasta el procesamiento en frigorífico propio.

Vale detenerse acá, porque es el punto que separa a las parrillas serias del resto. En un mercado donde el precio de la hacienda se movió más que el dólar y donde el consumo interno de carne vacuna viene golpeado, la mayoría de los restaurantes compra semana a semana y reza. El resultado lo conoce cualquiera que haya vuelto a un lugar donde comió bien y encontró otro producto. La trazabilidad no es marketing: es la única forma de que el bife de agosto se parezca al de marzo. La cocción respeta el canon. Parrilla abierta, quebracho y carbón, fuego lento. Nada de innovación por la innovación.

Revire

El plato que ordena la carta es el Asado Especial Revire, una costilla de novillo braseada durante cuatro horas. La técnica es interesante porque introduce el braseado en un territorio donde la ortodoxia manda asar. Cuatro horas de calor húmedo desarman el colágeno de una manera que la parrilla pura no consigue, y el corte llega a la mesa con una terneza que no depende de la calidad del animal sino del método. Es, digamos, una decisión de cocinero más que de parrillero.

El resto del repertorio es previsible en el mejor sentido: ojo de bife con hueso, bife de chorizo, entraña, lomo a las brasas, asado de tira. Están también el churrasquito de cerdo, la bondiolita grillada y el salmón, que en toda parrilla cumplen la misma función diplomática de no dejar a nadie afuera de la mesa.

Donde la carta se pone más ambiciosa es en el Cordero al Disco, cordero patagónico cocinado lentamente en disco de arado con arroz, papas, choclo y boniato. Es cocina de campo trasplantada al centro, un gesto que puede salir muy bien o quedar en postal folclórica según cuánto respeten los tiempos. El disco de arado no perdona el apuro.

Revire

Hay además una zona de la carta que suele pasar inadvertida en las parrillas y que acá está trabajada: las pastas artesanales. Sorrentinos de lomo, ravioles de cordero, tagliatelle con ragú de cordero patagónico, risotto funghi y risotto de langostinos. La lógica es clara y es la misma que aplica cualquier parrilla que quiera sobrevivir a la mesa familiar completa. Que estén bien hechas, en cambio, no es tan habitual.

La cava recorre las principales regiones vitivinícolas argentinas, con Mendoza como columna vertebral y presencia de otras provincias. Sumale una barra de coctelería clásica y de autor, que en una parrilla del centro tiene más sentido del que parece: sirve para el antes de la función y para la sobremesa larga.

Y ahí está, en definitiva, la carta ganadora de Revire. Su ubicación no es un dato de logística sino de identidad. Rodeado de los teatros más importantes del país, el salón se volvió punto de encuentro de actores y actrices que terminan función y cruzan la vereda. Los platos autografiados que decoran las paredes son el testimonio de eso, y también son la razón por la que un restaurante de estas características funciona en Corrientes y no funcionaría en otro lado.

por M.S.

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