Lunes 30 de marzo, 2020

SHOWBIZ | 08-01-2020 11:11

El cine de la realidad: cuáles son los mejores documentales para ver

Año de oro para las producciones del género, soportado en gran parte por las plataformas on demand. Los elegidos.

El mito fundante del cine es el de reproducir la realidad, que implica necesariamente ganarle a la marea del tiempo, “volver a vivir” aquello que pasó o directamente presenciar aquello de lo que estuvimos ausentes. De hecho, el cine nació documental, y la palabra es importante porque implica dar fe de que, efectivamente, algo ocurrió porque fue registrado por la cámara. OK, hoy eso es muy difícil de sostener porque la tecnología hizo lo suyo.

Pero paradójicamente, mientras las salas se llenan cada vez más de espectáculos fantásticos e imposibles, fruto de nuestro afán de maravillas y de un uso impensable hasta hace poco de las herramientas digitales, las pantallas hogareñas les hacen espacio a esas películas que tienen como materia prima la realidad, aquellas en las que podemos espiar el mundo tal como es (o al menos, porque toda película implica una manipulación, imaginar que eso es así). El año que pasó, el formato documetal fue un fenómeno, apalancado fundamentalmente por las plataformas.  

Grandes hitos. “Free Solo”, el documental de NatGeo que se llevó el Oscar de la especialidad a comienzos del año, es uno a destacar. La película de Jimmy Chin y Elizaneth Chai Vazsrhelyi muestra cómo un montañista solitario, Alex Honnold, intenta trepar El Capitán, una inmensa roca vertical de 900 metros en el Parque Nacional Yosemite, en los Estados Unidos. Hay tres elementos que hacen de este film algo extraordinario: en primer lugar, la personalidad excéntrica de Honnold, que se parece a la de un asceta; segundo, el modo en que se filmó el asunto, de tal manera que uno realmente siente el vértigo y el peligro con un grado de inmersión (porque lo que vemos es absolutamente real) que no logran los más grandes espectáculos tecnológicos de pantalla grande. Y tercero, porque hay también, una historia, un cuento que vale la pena, una pura abstracción donde el mundo exterior, a medida que se asciende, deja de existir.

Documentales

No deja de existir, sin embargo, el mundo que vivieron, sufrieron y perdieron James Safechuk y Wade Robson, los niños de los ochenta cuyo amor por Michael Jackson se transformó en abuso sexual por parte del cantante. En dos partes, con enormes polémicas alrededor e incluso un par de juicios por parte de los herederos del Rey del Pop, “Leaving Neverland” (HBO), dirigido por Dan Reed, muestra cómo esos dos pibes de -entonces- 7 y 10 años tuvieron un relación cada vez más compleja, cada vez más perversa, con Jackson. Hay mucha tela para cortar y muchos elementos que causan una angustia difícil de definir: la actitud de las familias, la alegría del todo es posible de esos chicos que parecían vivir con una especie de hada multimillonaria y, sobre todo la decepción de descubrir que los han engañado, usado y destrozado. 

Hablando de música, Ken Burns, uno de los grandes del género, después de su monumental trabajo sobre la Guerra de Vietnam (que se puede y casi diríamos “se debe” ver en Netflix) le dedicó unas cuantas horas a mostrar el desarrollo de la música country de los Estados Unidos. “Country Music” es de lo más bello que dio el documental en 2019 y es, además, puro placer auditivo y visual, una serie de cuentos y de personajes extraordinarios y el testimonio (el documento) del amor de un artista como Burns por otra forma de arte.

Vida social. Un film que vale la pena es “One Child Nation”, de Nanfu Wang y Jialing Zhang. La película retrata la otra cara del éxito de China como país ambiguo, con un gobierno comunista y una economía de mercado (interno) totalmente desaforada. Hasta hace algunos años, la política del Estado chino era que las parejas no pudieran tener más de un hijo. Con el tiempo, eso representó problemas de todo tipo, desde familiares hasta demográficos. Lo más fascinante de la película consiste en la manera como logra articular el tema de la intervención del Estado en la vida privada, y qué implica esa relación siempre tensa. 

También es un retrato social, aunque de un modo muchísimo más lateral y poético, “Las facultades”, de la argentina Eloísa Solaas. Se trata de ver a personas de diferentes contextos económicos y sociales estudiando, dando examen, hablando de por qué eligen lo que eligen. Es una película sobre muchas cosas: sobre la vocación, sobre el saber, sobre el lugar de la inteligencia en la vida de una sociedad, sobre la educación. Pero también es, a su modo y alternativamente, una película de suspenso y una comedia de costumbres, donde todo lo que vemos vibra más que el solo hecho que el film retrata. ç

Documentales

El cine argentino abunda en documentales. Las razones son muchas y la cuestión económica no es la menor. Eso no quita que haya grandes películas. “El Método Livingston”, de Sofía Mora, es una de esas. Retrato del arquitecto Rodolfo Livingston, un personaje inteligente y excéntrico que resultaba molesto incluso para quienes pensaban como él, logra articular sin subrayados la relación entre un hombre y su obra, la idea de que el arte es siempre una construcción individual, el reflejo del artista, incluso cuando se trata de hacer lugares para que otras personas puedan vivir.

Poderosos retratos. Otro semblanza interesante es “Bill Gates bajo la lupa” (en Netflix), de Davis Guggenheim. Durante demasiado tiempo hemos visto a Gates como el “malo” y a Steve Jobs como “el bueno” de la revolución monstruosa -cuyas consecuencias aún no medimos, cuyo desarrollo continúa- que implicó la computadora en el hogar.

Pero en esta miniserie las cosas son un poco o un mucho más matizadas. Gates habla, Gates opina y la información respecto de su vida y su obra es bastante precisa, lo suficiente como para romper los lugares comunes un tanto maniqueos al respecto. La moraleja (no, las películas no las necesitan, pero supongamos) sería que las personas son mucho más que su imagen. Lo mismo vale para otro gran documental de este año, “Jane Fonda: en cinco actos” (HBO), dirigido por Susan Lacy, que intenta abarcar, y en general lo logra, la compleja vida de una persona que fue sex-symbol, activista política radical, productora cinematográfica (cuando las mujeres estaban fuera de juego), millonaria creadora de un sistema de ejercicios aeróbicos, esposa de un magnate, actriz extraordinaria, y parte de una de las dinastías más fuertes de Hollywood. Además de ser ella misma, claro, lo más difícil de retratar, algo que la película logra.

Uno de los eventos fílmicos de este año fue el estreno en Netflix, tras un breve paso por salas, de “El Irlandés”, la saga mafiosa de Martin Scorsese basada en hechos reales. Pero esa no es la mejor película del realizador este año. La mejor es “Rolling Thunder Revue - A Bob Dylan Story”, también en Netflix. Se trata del documental sobre una monstruosa gira realizada por Bob Dylan. Bueno, no: es totalmente falso todo aunque el material utilizado es real. O sea, es una comedia, una mentira documental, pero un enorme retrato de la obra de uno de los grandes creadores del siglo XX, y la demostración de que Scorsese es (siempre fue) un extraordinario documentalista, especialmente sobre el rock: “No direction Home” (también sobre Dylan), “Shine a Light” (con los Stones) y “The Last Waltz”, lo prueban .

Dcoumentales

Y finalmente, uno de los grandes acontecimientos fílmicos del año fue el documental “Nunca llegarán a viejos”, realizado por Peter Jackson, quien tomó viejos registros -muy Lumière, con lo que volvemos al principio- de la Primera Guerra Mundial, quizás la que menos conocemos por su iconografía, y los pasó por la computadora. Les restauró el movimiento, el color y el sonido que debían tener esos momentos. Y lo que logra es la reconstrucción asombrosa de aquel horror protagonizado por casi niños lanzados a una carnicería de la que no conocían el sentido. Finalmente, el documental y la tecnología se unen para remontar, ahora sí, la marea del tiempo y vencer a la muerte para mostrar el crimen de la guerra. Pasó por cines, un poco inadvertida, y vale la pena buscarla.

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Leonardo D'Espósito

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