Wednesday 17 de April, 2024

TEATRO | 05-10-2023 19:29

Dolorosa jornada de expiación

“Largo viaje de un día hacia la noche”, de Eugene O’Neill. Con Selva Alemán, Arturo Puig, Diego Gentile y Lautaro Delgado Tymruk. Dirección: Luciano Suardi. Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530.

(CUATRO ESTRELLAS)

Harold Clurman, gran actor, director y crítico de teatro, consideraba que en todas las piezas de Eugene O’Neill (1888-1953), hay un tema constante: la pérdida de fe. Sostenía, además, que “Largo viaje de un día hacia la noche”, estrenada luego de su muerte, era no sólo la disección trágica de una familia norteamericana, sino un ejemplo de la “pérdida de la coherencia espiritual que hace que los hombres y las sociedades sean completos”.

El dramaturgo estadounidense, premio Nobel de literatura, se basó en su propia experiencia para crear esta partitura macabra para cuatro intérpretes, en la que nos cuenta el derrumbe de los Tyrone en un solo día, desde la mañana
hacia la noche. En la trama, James Tyrone (Arturo Puig), un actor tacaño que sacrificó su sueño de transformarse en gran intérprete de Shakespeare, hizo fortuna con obras insulsas y la invirtió en diferentes propiedades que hipotecó para acrecentar su patrimonio.

Desde hace más de treinta años está casado con Mary (Selva Alemán), una mujer frágil, anclada al pasado, que aún
recuerda su primer encuentro romántico con este hombre avaro. Cuando dio a luz al enfermizo Edmond (Lautaro Delgado Tymruk), el segundo hijo, James contrató a un médico que le recetó morfina para calmar el dolor y ella se volvió adicta al opiáceo. El cínico vástago mayor (Diego Gentile), rechaza la grandilocuencia paterna, no soporta la adicción de su madre y pasa sus días entre alcohol y prostitutas como forma de evadirse de la realidad.

O´Neill, casi en el comienzo de la obra, nos expone la situación de dolor y angustia de estos seres y lo que se desprende es una indagación en las almas y las mentes de los personajes. La atmósfera enrarecida, no solo por la niebla que penetra en la casa, las luces mortecinas y las paredes venidas a menos, son el ámbito propicio para una interminable cadena de reproches y acusaciones.

Semejante texto, verdadero clásico, requiere de actores capaces de transmitir la desolación y la zozobra hasta llegar al acorde final, lleno de amor y compasión. Alemán, traza con precisión el degradante descenso a los infiernos de su criatura, desde la alegría inicial a la profunda soledad compulsiva del adicto. Puig, capta intensamente la impotencia y desesperación por acercarse a Mary y conmueve cuando su voz se llena de resignación dolorosa.

Bien guiados por Luciano Suardi, ambos logran trabajos conmovedores. Los talentosos Gentile y Delgado Tymruk, no les van en zaga.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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