Santos Vega, la figura legendaria del gaucho payador, revive en el teatro una historia en la que el amor, el honor y las tradiciones rurales ocupan un lugar central. Se trata de un hombre solitario que encuentra en la guitarra y el canto una forma de expresar sus sentimientos y su deseo de ser amado. El encuentro con Argentina, una muchacha ingenua, cambia su destino y lo enfrenta a emociones hasta entonces ocultas. El amor introduce una dimensión humana que transforma al protagonista y resignifica su destino.
A lo largo de la trama se suceden escenas de la vida gauchesca, fiestas de estancia y episodios de solidaridad, como la defensa de un gaucho perseguido. En el desenlace, aparece Juan sin Ropa, una figura asociada al Diablo que enfrenta al protagonista en una célebre payada.
Estrenada en 1913, esta creación pertenece a Luis Bayón Herrera (1889-1956), autor nacido en Bilbao, España, que llegó muy joven a Buenos Aires y desarrolló aquí una extensa trayectoria como dramaturgo, guionista y director cinematográfico. Aunque sus primeros intereses estuvieron ligados a la poesía, pronto se volcó al teatro.
Su primera comedia, "Cómo se olvida", estrenada por Pablo Podestá, marcó el comienzo de una carrera prolífica. Autor de más de doscientas obras, muchas escritas en colaboración con Manuel Romero e Ivo Pelay, se convirtió en una
figura destacada de la revista criolla. Algunas de sus creaciones también dieron origen a tangos grabados por Carlos Gardel.
La puesta del experimentado Daniel Casablanca apuesta a la espectacularidad, con escenas de conjunto bien logradas, en las que sobresalen las excelentes coreografías de Gustavo Carrizo y la acertada dirección musical de Fernando Selles.
Sin embargo, se demora en exceso la aparición del protagonista, a cargo del estupendo Federico Llambí. A esto se suma el tono caricaturesco de las escenas habladas, acentuado por una declamación altisonante constante, que no da respiro, y la extensión desmesurada de la propuesta a la que no le vendría mal una buena poda.
Más allá de estos reparos, el espectáculo cuenta con buenas actuaciones, como la de Alejandro Viola, que se multiplica en varios personajes; Gimena Riestra, siempre solvente, y Mariela Passeri, en el papel de una madre alucinada, atravesada por el dolor. También se destacan en otros roles Yacaré Manso, Roberto Monzo, Mariana Ortiz Losada y Pedro Maurizi.
Aunque celebradas con fervor por el público y bien resueltas desde lo escénico, no terminan de convencer la irrupción de un tema que fusiona rap y hip hop ni una coda con la encendida canción "Si se calla el cantor", de Horacio Guarany.
3 ESTRELLAS














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