Wednesday 12 de August, 2026

TEATRO | Hoy 04:31

Un cuento imperial con brillo propio

“Anastasia, el musical”. Libro: Terrence McNally, música de Stephen Flaherty y letra de Lynn Ahrens. Con Minerva Casero, Felipe Bou Abdo, Fernando “Pichu” Straneo, Lucila Gandolfo y elenco. Dirección musical: Néstor Tedesco. Dirección General: Marcelo Rosa. Astral, Av. Corrientes 1639.

El regreso de los grandes musicales de Broadway a la cartelera porteña encuentra en “Anastasia” una de sus apuestas más ambiciosas. Inspirado en la película animada de Disney y, de forma indirecta, en el clásico cinematográfico protagonizado por Ingrid Bergman, la historia escrita por Terrence McNally construye una mirada romántica sobre el ocaso de los Romanov, que suaviza las complejidades de una dinastía cuya caída estuvo lejos de ser un simple acto de barbarie. 

Aquí la tragedia histórica se convierte en un melodrama elegante donde la emoción prevalece sobre los matices políticos. Esa concesión ideológica, sin embargo, no impide disfrutar de una maquinaria teatral que funciona con precisión admirable. La trama reconstruye el itinerario de Anya, una joven huérfana que intenta descifrar el enigma de su propia identidad en una Europa sacudida por las consecuencias de la Revolución Rusa. Convencida de que su pasado esconde un secreto, emprende viaje hacia París acompañada por dos hombres que buscan hacerla pasar por la supuesta heredera del Zar. 

Minerva Casero supera con autoridad la prueba de asumir un protagónico de semejante exposición. Transmite fragilidad determinación y demuestra que posee una presencia escénica capaz de sostener el relato. Encuentra su mejor momento en el tema “Un viaje al pasado”. Felipe Bou Abdo, como Dimitri, resulta convincente tanto en lo vocal como en lo dramático. Lucila Gandolfo aporta la elegancia y la intensidad necesarias para representar a una emperatriz consumida por la nostalgia. Fernando “Pichu” Straneo, una verdadera revelación, y Carolina Mainero con impecable timing cómico, son los responsables de aliviar el dramatismo.

Marcelo Rosa conduce una puesta dinámica que aprovecha con inteligencia las creativas proyecciones digitales. El viaje en tren hacia París, la recreación de los salones imperiales y el brillante cuadro inspirado en “El lago de los cisnes” confirman un elevado nivel de producción.

La orquesta en vivo, ajustada y precisa, el vestuario suntuoso, las imaginativas coreografías de Alejandro Ibarra y un impecable diseño lumínico completan una creación escénica que nunca pierde ritmo y entiende que un gran musical debe emocionar tanto como asombrar.

Es cierto que la leyenda continúa apoyándose sobre un mito históricamente desacreditado y que el libreto evita profundizar en sus contradicciones. Pero también lo es que este tipo de espectáculos no siempre busca reconstruir el pasado sino ofrecer una experiencia impactante. En ese terreno, esta propuesta cumple con creces y confirma que el género atraviesa uno de sus mejores momentos en Buenos Aires.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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