Sunday 12 de July, 2026

TEATRO | Hoy 01:18

Fantasía y emoción en una gran producción

“Charlie y la fábrica de chocolate”. Basado en la novela de Roald Dahl, con libreto de David Greig, música de Marc Shaiman y letras de Shaiman y Scott Wittman. Con Agustín “Rada” Aristarán y elenco. Dirección: Ariel Del Mastro y Marcelo Caballero. Gran Rex, Avda. Corrientes 857.

Llevar “Charlie y la fábrica de chocolate” al teatro supone un desafío que va mucho más allá del despliegue que exigen la historia y el montaje. La novela de Roald Dahl combina fantasía, humor y una mirada crítica sobre la ambición, la desigualdad y el mérito. En esencia, es una fábula moral. La versión que se presenta en el Teatro Gran Rex comprende ese delicado equilibrio y consigue que el espectáculo no dependa únicamente del impacto visual, sino también de la solidez de su relato.

El libreto de David Greig pone el foco en Charlie Bucket, un niño que enfrenta la pobreza sin perder la capacidad de asombro ni la bondad. Junto a su abuelo Joe, sueña con conocer la fábrica del excéntrico Willy Wonka, cerrada al público desde hace años. La oportunidad llega cuando el fabricante esconde cinco billetes dorados en otras tantas tabletas de chocolate. Quienes los encuentren podrán recorrer el establecimiento y uno de ellos recibirá un premio extraordinario. A partir de ese momento, el musical adquiere un ritmo sostenido que combina ironía, emoción y una sutil cuota de oscuridad.

Agustín Rada Aristarán compone un Willy Wonka menos extravagante que en otras versiones, aunque igualmente atractivo por su ambigüedad. Su interpretación oscila entre la simpatía y el misterio. Juan Martín Flores, quien alterna el papel con otros tres jóvenes intérpretes, aporta sensibilidad e inocencia al personaje de Charlie y sostiene con solvencia su recorrido emocional. Sebastián Almada brinda calidez al abuelo Joe, mientras Denise Cotton y Sebastián Holz aprovechan con eficacia cada una de sus intervenciones. El elenco infantil responde con notable seguridad a las exigencias actorales, vocales y coreográficas que demanda la propuesta. 

Gran acierto de la puesta es privilegiar los recursos teatrales por encima del mero ornamento audiovisual. La dirección de Ariel Del Mastro y Marcelo Caballero articula con precisión una producción compleja. La escenografía de José Ponce Aragón transforma el escenario con imaginación y dinamismo, mientras la iluminación de Anteo Del Mastro y Sebastián Viola construye con eficacia los distintos climas. El vestuario de Romina Lanzillotta y Catalina Rodríguez Loredo aporta una identidad visual definida y las coreografías de Analía González acompañan la narración con naturalidad. 

El resultado es un espectáculo familiar que entretiene, emociona y confirma que la imaginación despliega todo su poder cuando permanece al servicio de la trama. Una experiencia imperdible cuya mayor virtud no radica en los efectos especiales, sino en la humanidad de sus personajes.   (****) 

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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