Martes 5 de julio, 2022

TEATRO | 05-06-2022 00:05

“Un hombre peligroso”. Propuesta excelente y sorprendente

Dramaturgia, actuación y dirección de Ariel Núñez Di Croce. Sigue la polilla, Castro Barros 874.

★★★★★ En el teatro, propónganse lo imposible. Es el camino a la excelencia”, aseveró el genial actor y director francés Jean Louis Barrault (1910-1994), en ocasión de una de las tres memorables visitas que realizó a nuestro país. La frase cae como anillo al dedo con motivo de “Un hombre peligroso”, la sorprendente creación de Ariel Núñez di Croce, basada en la vida del periodista y anarquista italiano, emigrado a la Argentina, Severino Di Giovanni, e inspirada en el libro “El idealista de la violencia”, de Osvaldo Bayer.

La propuesta, en realidad una experiencia teatral, casi cinematográfica, comienza con un acertijo que permite al asistente concurrir a una dirección en la que se realizará un mitin secreto. Estamos en 1925 y allí, en el germen del movimiento revolucionario de comienzos del siglo pasado, comenzará un viaje en el que el público no es un mero espectador. Por el contrario, formará parte activa de la representación y entrará de lleno en los mismos hechos que atraviesan los protagonistas. Presenciará un atentado en el teatro Colón, la detención de Severino, su amistad con Paulino Scarfó, y su hermana América, que sería el gran amor de su vida. También su encendida prédica contra las injustcias desde las páginas del periódico Culmine, el paso a la revolución violenta con atentados a bancos y al consulado italiano, la captura, tortura, juicio y fusilamiento, en 1931, bajo el régimen del dictador José Félix Uriburu y hasta la crónica del escritor Roberto Arlt, quien estuvo presente en el proceso.

No alcanzan ni las estrellas ni los adjetivos para calificar esta prodigiosa experiencia inmersiva en la que catorce actores, no sólo dan vida a los diferentes personajes, sino que también colaboran como maquinistas, armando y desarmando los diferentes espacios en los que transcurre la acción. Imposible mencionarlos a todos, pero sería injusto no destacar a Ariel Núñez (Severino), Felipe Corrado (Paulino Scarfó), Luján Blaksley (América) y Adrián Santagata (el filósofo ruso Bakunin).

La detallista recreación de época de Mauro Puppo, el vestuario de Juan Marin y Sol Rosli y la iluminación de Paula Fraga, brindan una verosimilitud infrecuente en el teatro independiente. Sin duda, debería ser de visión obligatoria.

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Jorge Luis Montiel

Jorge Luis Montiel

Periodista crítico de artes y espectáculos.

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