Personajes / 24 de Agosto de 2012

Diego Olivera (42)

“Transformé mi nombre en una empresita”

En México protagoniza novelas exitosas, le dio otro perfil a su carrera y aprendió a invertir. Microclima propio y el país desde lejos.

"Hay cosas de este país que no me cierran, lo veo muy complejo. No se puede tapar el sol con el dedo, negar la inflación es ridículo y es abusar de la confianza que les dimos".

El éxito lo sorprendió como nunca antes y fue en tierra extranjera. En el 2007 a Diego Olivera lo contrataron para protagonizar “Montecristo” en la televisión mexicana y, de la noche a la mañana, se hizo famoso en un país de 112 millones de habitantes. Al día de hoy lleva protagonizadas cinco novelas, todas exitosas, tiene un importante contrato con Televisa, y sus manos figuran en el Paseo de la Fama de la capital azteca. Vive en una hermosa casa en el DF, tiene otra en Acapulco y hasta hizo un curso en la bolsa de valores para manejar sus inversiones. “Me cambió la vida”, asegura y cuenta que ahora come guacamole, totopos y tortilla, y escucha música local. De vacaciones, se instaló unos meses en Buenos Aires por compromisos laborales de su mujer, la actriz Mónica Ayos, a quien también le va muy bien en el mercado mexicano. Lo acompañan, además, sus hijos Victoria (8) y Federico (20), quien estudia actuación en el centro experimental de Televisa y es hijo de una pareja anterior de Ayos.

Noticias: ¿Lo sorprendió el éxito en México?

Diego Olivera: Ya me sorprendió el primer laburo para el que me convocaron, el protagónico de “Montecristo” para TV Azteca, hace siete años, y que me permitió ser conocido en ese país enorme de la noche a la mañana y ver el DF empapelado con mi cara. Después me sorprendió la continuidad laboral y la posibilidad de sostener ese éxito con la apertura de un campo muy importante afuera. Tuve que aprender a manejarme en un nuevo terreno y tomar decisiones estratégicas. Al principio viví casi un año solo, porque Mónica tenía mucho trabajo acá, le iba muy bien y no podía irse. A veces pasaba dos meses y pico sin ver a mi familia y eso me complicaba mucho. Después se instalaron conmigo y la verdad es que todos nos adaptamos muy bien.

Noticias: Igual, debe haber sido fuerte para usted semejante cambio.

Olivera: Sí, muy fuerte en lo emocional y en todos los aspectos. Yo tenía trabajo acá, no fui a probar suerte afuera, pero en México había algo preparado, relacionado con el destino, que me hizo replantearme mi carrera. Me cambió la perspectiva profesional totalmente y me llevó a tomar una decisión más empresarial, a transformar mi nombre en una pequeña empresa y a darle mayor prioridad al trabajo. Dejé de tener representante y pasé a tener dos estudios de abogados, uno aquí y otro allá, porque todo tiene que estar muy claro en los contratos internacionales. Mi última novela se está viendo en los Estados Unidos y hay derechos de imagen que deben estar protegidos. También tengo dos estudios contables, un chofer, dos empleados. Tuve que asumir responsabilidades y manejar una infraestructura a la que no estaba acostumbrado. Y para sostener todo eso tuve que instruirme, hasta hice un curso en la bolsa mexicana de valores para entender la dinámica de inversión. La verdad es que me cambió la vida.

Noticias: Y estampó sus manos en el Paseo de la Fama, donde antes lo habían hecho ídolos como Cantiflas, Chespirito, Luis Miguel o Ricky Martin.

Olivera: Es cierto, pero no es algo que yo venga a decir acá. Creo que de mi trabajo y de lo que hice en estos últimos años se va hablar cuando me retire. Creo que cuando llegue a mi novela número 30 (va por la 27) voy a dar un paso al costado. Quizás haga algo más esporádico, pero ya no tiras.

Noticias: ¿Cómo hizo para que su nueva realidad no lo desbordara?

Olivera: Es por la educación que me dieron mis padres y mi padrastro también, y por eso les estoy muy agradecido. Me enseñaron que las cosas hay que ganarlas, que hay que ser coherente y no creérsela. Mi papá era cantante de las Voces Blancas y yo conocí sus momentos muy buenos y los muy malos. En estos años cambié mi visión sobre el trabajo y traté de que me redituara todo lo posible, quitándole el aspecto bohemio, porque al único que le servía era al que me contrataba. Me volví más frío en la relación contratante-contratado y empecé a hablar de igual a igual.

Más información en la edición impresa de la revista

 

2 comentarios de ““Transformé mi nombre en una empresita””

  1. Me agrada que les haya ido bien. Hay que estar por lo menos un mes afuera para darse cuenta que no somos un país serio. Argentina es un caso de estudio sociológico. Tenemos gobernantes autodestructivos. El voto no debería ser obligatorio, no es posible que los que se limpian la cola con los diarios, elijan gobernantes!!!!!!!!!!!!!

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