30 años de Democracia, Cultura / 5 de Diciembre de 2013

[30 años] Los 10 libros ignotos de la democracia

Editoriales que fueron esenciales para la literatura y el ensayo.

Por

Rodolfo Fogwill. Los pichiciegos, su libro sobre la guerra de Malvinas, fue escrito con una creatividad verbal inagotable y casi en tiempo real.

En los últimos años de la dictadura, sellos como De la Urraca (“Humor” y El periodista, Fierro, El péndulo, Humi, etc.) y Centro Editor de América Latina (colecciones dirigidas por Jorge Lafforgue, Beatiz Sarlo, Horacio Achával, etc.) fueron portaaviones que sostuvieron tanto a lectores como productores de cultura, con los kioscos de diarios como canal. Después vino el desembarco “grosso” de los sellos multinacionales y su afán absorbente.

En los últimos años hubo un brote poderoso de sellos pequeños y medianos, que tienen en Adriana Hidalgo, Interzona, El cuenco de Plata, Mansalva, Caja negra, Eterna cadencia, La bestia equilátera, Mardulce y muchísimos otros, la capacidad de reactivar la antes casi desaparecida traducción “hecha en casa”, y la edición de nuevos autores (o “rescates”) de literatura. El fenómeno tuvo su réplica en ciudades como Rosario y Córdoba.

 

1. Los pichiciegos, de Rodolfo Fogwill (1983)

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El mito habla de una escritura superveloz, acelerada con toques de cocaína: de todos modos se nota que fue escrita rápido. Habla de la guerra de Malvinas casi mientras acontece, con una creatividad verbal inagotable, y un olfato certero para las grietas de todo tipo que empezaban a verse.

Otros libros: “En otro orden de cosas”, “Un guión para Artkino”, “Restos diurnos” (cuentos) y “Los libros de la guerra” (2ª edición, aumentada).

 

2. La luz argentina, de César Aira (1983)

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Un “matrimonio moderno”, en un departamento horizontal, espera un hijo. La luz se apaga, y cada vez “hay una suave, instantánea inyección de eternidad”. Tercer libro de Aira en ocho años, parecía integrar una “obra” normal. Pero luego aparecerían decenas de libros de todo tamaño, tipo y color, que construirían un “mundo Aira” primero desconcertante, luego inevitable. Otros libros: “Diario de la hepatitis”, “Los misterios de Rosario”, “El tilo”, “Parménides”, “La vida nueva”, “Festival”, “El ilustre mago”.

 

3. Camilo asciende y otros relatos, de Hebe Uhart (1987)

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Todos sus libros tienen desde un principio, por sí solos, ejemplos memorables de su mirada marciana y su oreja impecable (corregida y profundizada: Uhart no es solo “verbal”). Esta antología incluye una de sus novelas (otra es “Mudanzas”), y varios de sus mejores cuentos: “Guiando la hiedra”, “¿Cómo vuelvo?”, “El predicador y la isoca”, “El budín esponjoso”. Vuelan a la misma altura las crónicas de viaje de “Visto y oído”.

 

4. Lo imborrable, de Juan José Saer (1993)

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En su momento de aparición pasó un poco desapercibida. Plantado como casi siempre en Santa Fe, Saer lo hace en plena dictadura, sin pelos en la lengua. A partir de una editorial de “valijeros”, bucea en la depresión intensa, la bronca (genial creatividad para los insultos), el lirismo místico del río. Hace reír y callarse (angustiado) por partes iguales, o emocionarse. Otros libros: “Palo y hueso”, “Nadie nada nunca”, “La mayor”, “Glosa”, “La grande”.

 

5. El traductor, de Salvador Benesdra (1998)

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Un traductor culto del alemán con sequía sexual, y una adventista aindiada anorgásmica hacen contacto cerca de Congreso. La “relación” evoluciona con trayectorias insólitas, violentas, que reelaboran un Buenos Aires arltiano con otros medios. El derrumbe de “la izquierda”, el avance de una derecha “inteligente”, el latido del sexo como pregunta sin respuesta, desembocan en un final casi “new age”. El largo trayecto es memorable.

 

6. Galimberti, de Marcelo Larraquy y Roberto Caballero (2000)

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Dividido entre una “tragedia” y una “comedia”, los extensos reportajes a “Galimba” y las más de 400 entrevistas a otras fuentes tejen uno de los grandes libros de biografía y crónica del último medio siglo. Es un delirio, con un pie inestable apoyado en la realidad febril de “los montos”. Se mantiene una distancia justa, que no cae en la ironía fácil, ni en el juicio. Otros libros de Larraquy: “López Rega”, “Fuimos soldados”.

 

7. Borges, una biografía, de Edwin Williamson (2004)

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A partir de un descubrimiento probable (el principal amor de Borges habría sido Norah Lange; su principal enemigo mítico, Girondo), Williamson se sumerge en un minucioso recorrido de su vida, con numerosas fuentes nuevas. Hace especial hincapié en el terreno sentimental y el político, explicando con ecuanimidad vueltas hasta hoy desconcertantes. Es la mejor vida de Borges en existencia, sin descuidar el plano literario.

 

8. Osvaldo Lamborghini, una biografía, de Osvaldo Strafacce (2008)

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Hasta que César Aira compiló su obra, solo circulaban un par de libros flacos (sobre todo “El fiord”). Convertido en culto, la monumental biografía de Ricardo Strafacce desmenuza cada hebra de una vida compleja, experimentada en paralelo con un hermano famoso, Leónidas. Se expone la red sentimental, política o intelectual, y se llega a la estación final sin aflojar la genialidad combinatoria de estrategias y fuentes.

 

9. Salvatierra, de Pedro Mairal (2008)

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Dos hijos viajan desde Buenos Aires a Entre Ríos a hacerse cargo de una tela de cuatro kilómetros dejada por el padre al morir. En su brevedad, se mezclan la memoria y los secretos, los límites de la realidad y la aparente capacidad inagotable de los organismos internacionales para “salvar” patrimonios culturales. Culmina en la lejana Europa, ante el cuadro “rescatado” por el registro digital. Otros libros: “El año del desierto”, “El gran surubí”.

 

10. Explicar la Argentina, compilado por Jorge Lafforgue (2009)

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Planteado como antología del ensayo argentino, el libro justifica ese título tipo oximorón (como “hielo que quema”, o “amor que mata”) que promete explicar el caos. No lo hace, pero ayuda mucho a entender. De Mariano Moreno a José Luis Romero, pasando por Echeverría, Sarmiento, Ingenieros o Borges, el trayecto muestra sobre qué ideas y proyectos se fue armando un país. Otro libro: “Cartografía personal”.

 

Para tener en cuenta

Hay autores que son una nube o territorio: las crónicas de Leila Guerriero (con “Los suicidas del fin del mundo” como paradigma), los libritos de Héctor Libertella (con “La arquitectura del fantasma”, genial autobiografía). O las viejas historietas de Podetti y las letras de Charly García como fabricantes de lenguaje literario.

Otros libros: “El desierto y su semilla”, de Jorge Barón Biza; “Rabia”, de Sergio Bizzio; “La piel de caballo” de Ricardo Zelarrayán; “La operación Masotta”, de Carlos Correas; “Breve historia de la literatura argentina”, de Martín Prieto; “La vida interior de las plantas de interior”, de Patricio Pron; “El viaje de Ida”, de Ricardo Piglia.

 

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