Sociedad / 7 de septiembre de 2014

Estanislao Bachrach: el profesor cerebro

El biólogo molecular best seller explica cómo entrenar al cerebro para ser felices. Los secretos del cambio y los circuitos neuronales que éste genera.

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No le gusta que le digan gurú. Mucho menos gurú de las neurociencias: “Yo soy biólogo

molecular, un pibe al que le gusta estudiar, ver qué está pasando en los laboratorios y qué de esa información se puede usar para que a la gente normal le vaya mejor en la vida. Nada más”. Nada menos. Aunque rechace el mote, Estanislao Bachrach es la nueva estrella de la divulgación científica y el protagonista de un suceso editorial que comenzó con “Ágilmente” y que espera revalidar sus credenciales con “EnCambio”, una guía práctica para aprender a modificar el cerebro sin bisturí, sin drogas; sólo con la mente. “Lo digo con humildad porque no es una fórmula mágica. No vas a ser feliz por leer el libro, vas a tener que trabajar. Y quizás no resulte”, aclara.

No promete resultados, pero la gente lo sigue igual: decenas de empresas en Argentina y el exterior lo han contratado para que trabaje con sus equipos durante los últimos cinco años, da clases en la Universidad Torcuato Di Tella, distintos partidos políticos lo han querido de coach y hasta el director técnico Matías Almeyda lo llevó a hablar con los jugadores de River antes del partido en el que se jugaban el regreso a la primera categoría. A todos les habla del cerebro.

Tiene 43 años, está casado, tiene dos hijos y dice que es feliz. Que ahora sí es feliz. Que antes no. Antes es el 2005, cuando era investigador y docente en Harvard y pasaba siete días  por semana en su laboratorio buscando la cura para una rara enfermedad infantil.

Estanislao Bachrach: Estudié biología porque era el deseo de mis padres, ambos psicoanalistas. Te lo contesto con muchos años de terapia detrás, eh. Yo era bueno y creía que quería eso. Estudié quince años sin parar hasta que me ofrecieron trabajo de por vida en Boston y vino el click.  Quise volver. Mi familia, mis colegas, mis amigos, todos creían que estaba loco. Fue muy difícil decidirlo, estuve un año enfermo viendo médicos: me sentía siempre mal, se me cayó el pelo. El cuerpo me estaba marcando algo hasta que me dí cuenta. Pasa que cambiar, como cualquiera sabe, implica tomar ciertos riesgos. Esforzarse, ser un poquito distinto del que uno era antes. La fuerza del libro “EnCambio” es que vos sos tu primer gran biocoteador. En realidad, tu cerebro.

NOTICIAS: ¿Nuestro cerebro no quiere que cambiemos?

Bachrach: Los cerebros son órganos que buscan la homogeneidad. Eso no nos hace tontos, nos hace eficientes. Ese repetir constante es el modo que tenemos de supervivencia. En el libro cuento cómo podés involucrar a tu mente: lo que deseás a largo plazo, cómo te podés ver. Sobre todo cómo te querés sentir. Esa es la piedra angular: vos podés pensar y sentir diferente y eso altera tu cerebro, lo cambia. Tu mente tiene más poder sobre el cerebro de lo que pensábamos.

NOTICIAS: ¿No es que el cerebro controla a la mente, sino al revés?

Bachrach: No, son las dos cosas. El paradigma de la neurociencia era que tu mente era eso que le pasaba a tu cerebro. Hoy sabemos que eso es verdad, pero que también podés hacer que tu cerebro cambie de acuerdo con lo que vos decidas pensar.

NOTICIAS: ¿Cómo cambia? ¿De forma?

Bachrach: Sí. Esto quiere decir que se generan nuevos circuitos neuronales, nuevos mapas. Vos tenés una cantidad de neuronas que generan conexiones y van generándose nuevas. Cambiar es sinónimo de aprender.

NOTICIAS: ¿Uno le puede enseñar cosas al cerebro?

Bachrach: Obvio. Pasa que el cerebro está bien así. Si comés todos los días y no pasás necesidades, el cerebro no te va a decir: “Dale, che, cambiemos”. Hay un porcentaje de la gente al que le gusta el cambio, pero no es la mayoría. Los cerebros en general nos piden que estemos tranquilos. Lo que yo propongo es aprender a hablarle al cerebro. A decirle: “¿Sabés qué? Yo entiendo que me estás cuidando y no querés aprender chino porque es un esfuerzo, pero me va a servir en unos años porque tengo ganas de viajar”. Hay que convencer al cerebro de que ese cambio es doloroso, pero que al final del proceso, te conviene. Entonces, ¿cómo le tenés que hablar al cerebro? Prometiéndole que le vas a dar placer. El cerebro “te presta” sus neuronas si le prometés que eso que hacés va a estar bueno.

NOTICIAS: ¿Es como un jefe? ¿Un padre? ¿Un superyó?

Bachrach: Depende de cómo lo mires. El tema es decirle a la gente que es normal que cueste aprender un idioma o cambiar de laburo, porque el cerebro no quiere.

NOTICIAS: ¿O sea que el temor al cambio es neurológico y no emocional?

Bachrach: ¿Qué son las emociones? Neuronas prendidas. Hay áreas del cerebro responsables de las emociones. Si a vos te va de una forma en la vida y querés cambiar, ¿qué decís? “Tengo que hacerlo diferente”. Esos son los comportamientos, pero mi mirada es que, para cambiar, hay que pensar en el pensamiento y las emociones. Porque vos hacés cosas en tu vida de acuerdo con lo que pensás y sentís.

NOTICIAS: Entonces, ¿usted dice que hay que cambiar lo que se piensa cuando se está sintiendo algo?

Bachrach: Cómo pienso esto y cómo me siento frente a esto.

NOTICIAS: ¿En qué se diferencia entrenar el cerebro a indagar en el inconsciente?

Bachrach: No tengo idea. Yo soy hijo de psicoanalistas pero no sé de psicoanálisis. Y no me gusta tocar la guitarra. Yo hablo desde la biología. Entrenar el cerebro es como hacer un deporte. La gente hace pequeños cambios en su vida y tal vez no se da cuenta o se critica.

NOTICIAS: Es interesante lo que dice sobre la autocrítica en el libro. Uno creería que es una herramienta constructiva.

Bachrach: Cuanto más te autocriticás, menos cambiás. Instintivamente uno piensa que darse con el látigo nos lleva a cambiar, pero yo prefiero la autocompasión. El cuidado de tu cerebro te va permitiendo ir animándote a más cosas. Criticarte no te motiva, te encierra.

NOTICIAS: ¿Les cuesta más a los adultos el cambio?

Bachrach: Ese es un gran mito. Está supercomprobado que podés cambiar a la edad que quieras. Cuando sos adulto parece más difícil porque tenés más patrones dominantes de pensar, te repetís que sos viejo, que no podés aprender. Son esas actitudes las que hacen que no puedas. Pero la capacidad plástica de tu cerebro dice que sí, que podrías. Experimento con gente de 70 u 80 años y veo que nacen neuronas a esa edad.

NOTICIAS: ¿Neuronas nuevas?

Bachrach: Sí. Manteniendo el cerebro activo. Si vos ves tele todo el día, las neuronas literalmente se mueren. El cerebro se apaga si no lo usás, le parece que es un gasto de energía. Cuando ves viejos superlúcidos y les preguntás qué hicieron, te contestan una de dos: o siguieron haciendo actividad física o siguieron activos intelectualmente, cognitivamente, aunque sea jugando al póker con amigos…

Bachrach jugó al tenis, al fútbol, al squash. Hoy corre y hace meditación “mindfulness”, una técnica cercana al budismo que –asegura– tiene evidencia científica de que funciona. Su método, en cambio, puede fallar: “Me contrató una empresa y, después de un año de trabajo, se le fueron las tres mejores personas. Eran brillantes, vieron su potencial, sintieron que podían hacer de todo pero que la empresa no les daba oportunidades y renunciaron. Tuve que pedir disculpas”, recuerda.

NOTICIAS: Es la anécdota menos marketinera del mundo.

Bachrach: Es que yo no garantizo resultados. Fracaso mucho más de lo que tengo éxito. El 99% es fracaso. ¡Estoy aprendiendo! Me voy a equivocar y lo digo.

NOTICIAS: ¿Por qué trabaja con empresas y no con particulares, como en un consultorio?

Bachrach: Porque no podría, no soy coach, ni psicoanalista ni terapeuta. ¿Cómo un biólogo va a atender gente?

NOTICIAS: ¿Y cómo un biólogo va a atender a una empresa?

Bachrach: Porque ahí hay muchos cerebros. Y yo miro cerebros, no personas. Vos tenés tres grandes pedazos de cerebro, uno más instintivo, uno más racional y uno más emocional. La evolución del hombre fue creando distintos pedazos cerebrales. Por muchos años, los seres humanos creíamos que éramos seres racionales. ¿Qué quiere decir? Que la mayoría de las decisiones que tomamos en el día son pensadas. Hoy está megacomprobado en la teoría y en la práctica que las decisiones que tomamos son emocionales. La razón la usamos para justificar aquello que hicimos, somos racionalizadores. Ser inteligente emocional es conocer las partes del cerebro, cuanto más expresás por qué te sentís de una manera o cómo conviene decir algo, más inteligente sos. Esto primero fue psicología, hoy es neurociencia y ya pasa al mundo de las organizaciones: se buscan líderes con más inteligencia emocional.

NOTICIAS: En “EnCambio” habla de la principal razón por la que alguien quiere cambiar de trabajo.

Bachrach: ¡El jefe! Ganar mal es la quinta razón. Los estudios de mercado marcan eso y no es porque todos los jefes sean malos, es por la importancia que le da el cerebro a lo social. Para el cerebro, lo social es cuestión de vida o muerte. Si te llevás mal con tu jefe lo pasás tan mal como si tuvieses una fractura de tibia y peroné porque el dolor social y el dolor físico activa las mismas áreas cerebrales. Por eso cuando estás mal, estás mal de verdad. Eso es lo que traba “EnCambio”: las emociones. La personalidad es una construcción de lo que va ocurriendo y es genética también. En ciencia está muy de moda entender que el ambiente impacta en la expresión de tus genes. Antes se creía que al gen no había con qué darle.

Marina Abiuso

mabiuso@perfil.com

 

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