Sociedad / 27 de febrero de 2018

Sergio Maldonado, reportaje íntimo

A siete meses de la muerte de su hermano cuenta cómo cambió su vida. Persecuciones, trolls y la distancia con los mapuches.

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Sergio Maldonado. Foto: Juan Obregón.

La última visita de Sergio Maldonado a Buenos Aires fue fugaz pero intensa. Además de realizar trámites judiciales, el hermano de Santiago Maldonado pudo ir al recital de Charly García, pasar al camarín y sacarse una foto con el músico que escribió la frase que lleva tatuada en su antebrazo: “Los dinosaurios van a desaparecer”. A la mañana siguiente se levantó temprano y se fue al programa de Andy Kusnetzoff. Terminó la feria judicial y, a pesar de que no le gusta, sabe que tiene que volver al trote mediático para seguir pidiendo justicia por su hermano. A media mañana se cruzó a Dalma Maradona, charló con ella unos minutos y aprovechó para mandarle saludos y un agradecimiento a Diego, quien había apoyado activamente la búsqueda del joven tatuador. Al mediodía, a las corridas, llegó a las oficinas de Amnistía Internacional, lugar que considera su casa porteña y donde pautó la entrevista con NOTICIAS. Entró, saludó con un beso a todos los empleados del lugar y, antes de sentarse, miró las notificaciones en su celular: “Ya arrancaron los trolls hoy”, renegó.

Sergio Maldonado dice que los “trolls”, que lo cuestionan, ya no lo afectan. “Después de haber estado 8 horas al lado del cuerpo de Santiago sin saber si era el de él, ¿qué me podés decir que me duela?”, asegura. De todas maneras, les dedica tiempo: “Los investigo, entro a los perfiles. Me gusta ver qué dicen, de dónde salen”. Para él, que “alguien contrate un equipo para estar pendiente significa que el reclamo jode y eso es un buen síntoma”.

Detectar trolls no es lo único que aprendió a hacer. El 1 de agosto del 2017, cuando su hermano desapareció en medio de un operativo de desalojo en Chubut, su vida dio un vuelco y tuvo que meterse en mundos, hasta entonces, desconocidos. Los medios, la política, las fuerzas de seguridad, el reclamo de los pueblos originarios, los organismos de derechos humanos y el sistema judicial pasaron a ser, de la noche a la mañana, sus únicos tema de conversación.

“La privacidad, que era de lo más importante, no está más”, asegura. Muy atrás en el tiempo parece haber quedado su vida en Bariloche, cuando se hacía cargo junto a su esposa, Andrea Antico, de la pequeña empresa de producción de té, “Wallys Tea Patagonia”. La tranquilidad de aquellos días, cree, ya no volverá: “Mi vida y la de mi familia no me la van a devolver porque ya somos otros. Nos quitaron todo. Ahora, será una lucha de años”, admite.

Transformación

El 2 de agosto Sergio Maldonado se enteró que su hermano menor, Santiago, había estado presente durante el operativo de desalojo que había llevado adelante la Gendarmería el día anterior en el Pu Lof Cushamen, en Esquel. “No teníamos idea. Esa misma tarde presentamos un hábeas corpus que lo hizo un abogado cercano a Cambiemos, que está ligado a mi familia”, recuerda. “Primero uno busca ayuda en el Estado. El 4 me presenté ante el juez diciéndole: ‘A Santiago lo tienen detenido’. No me olvido más que entré y le di la mano a todos, hasta a Méndez (a cargo del operativo). Había una mujer y, por cómo actuaba, pensé que era abogada de Gendarmería pero era la fiscal. No sentí que se pusieran del lado de la familia. Recién después de esa reunión, me di cuenta de que era otro el panorama”, asegura.

A esa altura, Sergio ya se había cargado a sus espaldas la búsqueda. “Tenía la forma de hacerlo, por vivir en Bariloche y estar más cerca de Esquel, y por contar con otros recursos económicos en relación a mi familia”, cuenta. Sus padres, Stella Maris Peloso y Enrique Maldonado, viven en 25 de Mayo. Su padre, incluso, tiene problemas serios de hipertensión. El hermano del medio, Germán, también aceptó el rol de Sergio: “Él estaba mucho más en contacto con Santiago. Germán soñaba algo y Santiago le completaba el sueño. Tenían conexiones así. Por eso, el dolor de Germán es diferente al mío y su cabeza, a la hora de reclamar, funciona distinto. Preferí preservarlo y exponerme yo”, cuenta.

 

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Durante aquellos primeros días de búsqueda y confusión aparecieron las primeras versiones: los mapuches de Cushamen contaban que los gendarmes se habían llevado a “El Brujo”, como lo habían bautizado. Sergio, cuenta, creyó en esa versión por varias razones: el Estado no le daba otras respuestas, era la única hipótesis sostenida por testigos y comenzaron a suceder una serie de hechos que lo hacían sospechar de la fuerza de seguridad. “Los gendarmes me seguían y me lo hacían sentir”.

Noticias: ¿Hizo la denuncia?
Sergio Maldonado: Sí. Hice la denuncia por espionaje. Allí están las pruebas. Por ejemplo, paraba en una estación de servicio, pasaban al lado mío y me mandaban mensajes diciendo lo que yo estaba hablando. Llegué a pensar: “Lo mejor que me puede pasar es que me maten”. Era tanto el sufrimiento y tanta la locura que no quería saber más nada. Al principio fue así.

Ese miedo del primer tiempo fue cambiando a medida que fue conociendo a personas que habían pasado por situaciones similares. Para Sergio, el ejemplo de Madres de Plaza de Mayo fue el que lo hizo tomar coraje. Al mes de la desaparición de su hermano, se hizo una marcha multitudinaria en Buenos Aires y no quedaron dudas: estaba decidido a ir a fondo, sentía que su relación con el Gobierno era irremontable y todas sus sospechas apuntaban a Gendarmería.
Testigos. El 17 de octubre, la agenda mediática se paralizó: habían hallado un cuerpo en el río Chubut. “Ese día yo había ido arriba de un gomón. La búsqueda era muy bizarra y en un momento me bajé y dije: ‘Me voy. Esto no tiene sentido’. Justo ahí encontraron el cuerpo”, relata Sergio quien, desde el primer minuto, junto con su abogada Verónica Heredia, deslizaron la posibilidad de que ese cadáver hubiera sido “plantado”.

Esa jornada fue larguísima: Sergio y su mujer, Andrea, fueron hasta la orilla del río para controlar que se retirara el cadáver de forma correcta. Hoy cree que ese fue uno de los días más duros: “Fueron muchas horas de estar ahí, no sabía si era o no. Por momento me daban ganas de meterme en el agua y ver cómo estaba”, recuerda.
Para Sergio, el hallazgo no echó por tierra la hipótesis de la desaparición forzada: “El juez sólo dijo que el cuerpo no tiene signos de violencia. La causa de muerte es asfixia por sumersión con ayuda de hipotermia pero la autopsia no dijo cuándo murió, dónde, cómo y qué día”, insiste sobre sus sospechas.

Los que apuntan contra la hipótesis de la desaparición forzada, además, cuestionan a los testigos, sobre todo a los miembros de la comunidad mapuche Matías Santiana y Lucas Pilquimán. El primero contó que había visto con unos binoculares que a Maldonado lo habían golpeado los efectivos, subido a un Unimog y luego a una camioneta de la Gendarmería. Cuando la Justicia lo citó a declarar formalmente, no se presentó. El segundo, que primero se conoció como el “Testigo E”, declaró ante la abogados de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que había visto cómo se lo habían llevado al joven tatuador en un camión. Sin embargo, cuando se presentó ante la Justicia dijo que perdió de vista a Santiago cuando intentaban cruzar el río.

Noticias: ¿Qué pasó con el Testigo E?
Maldonado: No se puede decir que miente cuando a una verdad le faltan cosas. Es evidente que el relato ese es armado. Pedimos la nulidad de esa declaración y que se lo llamara nuevamente. No hicieron lugar. Nadie le preguntó nada cuando declaró por primera vez. Si vos estás esperando un testigo sumamente importante, ¿cómo no le hacés preguntas?

Noticias: ¿Hubo alguna similitud con Matías Santana?
Maldonado: Parece que un mapuche no pudiera tener binoculares pero después hay audios de los gendarmes preocupados por esos binoculares, preguntando quién se los llevó para robárselos. ¿Qué pasó con Matías Santana? No lo tomaron en serio y tiene un testimonio que no fue desmentido por otro. Lo de Matías es claro, lo dijo él y después lo ratifican otros testigos fuera de la causa. Nosotros necesitamos que declaren.

Noticias: ¿Habló con los testigos cara a cara?
Maldonado: Sí. Por eso. Yo después no fui más porque para eso está la Justicia. No me puedo estar metiendo y diciendo: “Che, andá a declarar”. No puedo obligarte. Santiago fue y perdió la vida en el lugar, y digo perdió por no decir que lo mataron, y ellos no van a declarar porque tienen miedo. Me parece una falta de código terrible. Además, yo les advertí que si no declaraban les iban a echar la culpa a ellos y bueno, es lo que está pasando. Yo más no puedo hacer.

Noticias: Algunos dicen que el cuerpo fue plantado por los mapuches. ¿Lo pensó alguna vez?
Maldonado: No descarto nada. Yo quiero saber la verdad. Sólo me baso en los testigos y me dicen que fue Gendarmería.

Noticias: ¿Esto lo acercó a la causa de los pueblos originarios?
Maldonado: No. Antes no estaba y ahora tampoco. Hay cosas que vos las tenés que tener de antes. Mi causa no es la causa mapuche. Mi causa es Santiago. A lo mejor me hubiera pegado diferente si iban y declaraban todos en su momento. Yo capaz me metía más. No lo sé.

Desconfianza

Para Sergio, el macrismo usó políticamente la desaparición y posterior muerte de su hermano y, en consecuencia, él resultó ser blanco de las críticas más feroces. Hay una acusación en particular que se repite y que a él le causa gracia: cuando lo señalan como kirchnerista o militante de izquierda. “El que me conoce no lo puede creer cuando escucha eso”, sonríe.

Sergio, que creció en el interior bonaerense, cuenta que en su adolescencia era “más conservador que cualquier otra cosa”. “Si yo te digo las ideas que tenía de chico me afilian a Cambiemos. Creía en privatizar las empresas. 25 de Mayo es un lugar de sociedad rural con ideas conservadoras”, recuerda.

Cuando terminó el secundario, y después de trabajar desde los 11 años como cadete, se fue a vivir a Capital Federal para trabajar en una cerealera y estudiar para ser clasificador de granos. En los años que siguieron trabajó en un hotel, en aeroparque, en las oficinas de Visa y de Movicom. Intentó estudiar Abogacía, hizo un curso de operador de bolsa, de barman y se hizo maestro cervecero. En 1998 tuvo un accidente de auto en Ushuaia y ahí decidió cambiar su vida: dejó el caos porteño para montar su propio proyecto en Bariloche. “Algunos me ponen ‘vago, andá a trabajar’. Todo lo que hice fue trabajar”, dice.

Sergio agradece tener su propia empresa para dedicarse, sin problemas, a la causa de Santiago. Decidió dedicar su vida a la investigación y a tenerlo presente todo el tiempo en la mente y en el cuerpo. “Me lo tatué porque es una forma de conservarlo. Siento que me mira”, cuenta cuando señala uno de los tantos tatuajes nuevos que tiene en los antebrazos (ver recuadro). A pesar de que hoy su cara es conocida y hasta Charly y Maradona saben quién es, él insiste con que no se siente representante de nadie y confiesa que ya descartó propuestas de candidaturas.