Ciencia, Opinión / 2 de septiembre de 2018

Desfinanciamiento en ciencia y tecnología: ¿regreso al menemismo?

Los niveles de reducción en términos de porcentaje del PBI y subejecución presupuestaria alcanza niveles no vistos en los últimos 15 años. La fuga de cerebros, a un pestañeo de hacerse masiva.

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L a situación del sector científico en la Argentina está alcanzando una situación que no se vivía desde los días de la presidencia de Carlos Menem y del “que se vayan a lavar los platos” del ex super ministro Domingo Felipe Cavallo. El problema es que en aquella época el desarrollo de la Ciencia y de la Tecnología (CyT) venía mal. Pero desfinanciar el sistema ahora es como frenar el carrito de la montaña rusa en plena subida. y bastante antes de llegar a la cúspide. El presupuesto actual para el sector retrocedió un 30% respecto del del año 2015, y se acerca a los niveles que tenía hace una década. Para recuperar el nivel de inversión que hubo en aquél 2015, habría que aumentar el presupuesto actual en unos 12.000 millones de pesos. En medio de los recortes impuestos por el Fondo Monetario Internacional (FMI) no parece posible que esto vaya a lograrse.

Hace unos días, el ingeniero Jorge Aguado, Subsecretario de Políticas en Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva del Ministerio de Ciencia, dijo en una entrevista que la inversión pública argentina en CyT es superada únicamente por Corea del Sur. Pero eso no es así. De acuerdo con la UNESCO, la inversión pública de la Argentina en CyT es del 0,5% del PBI. Corea del Sur, con el 4,3%, es (efectivamente) el país que más invierte en I+D en el mundo, seguido por Israel (4,2%). Con diferencias, Japón, Finlandia, Suiza, Austria, Suecia, Dinamarca y Alemania no se bajan del 2,9%.
Hay 26 países con más inversión en Ciencia y Tecnología que la Argentina, incluyendo a Turquía (0,9%, aún con la crisis de la lira) y Brasil (1,3%). Es cierto que los sectores que financian al sector no son siempre el Estado, porque a mayor desarrollo del país, mayor participación de los privados. Con lo cual, cerca del 75% de la inversión en CyT en la Argentina proviene del sector público, mientras que en Corea esa relación es de poco más del 20%.

Con la intención de aclarar este punto, el Ministro de Ciencia Lino Barañao comenta a NOTICIAS, “lo que decimos respecto a la inversión es que la Argentina es de los países en que el Estado invierte más en ciencia básica en proporción al PBI. Esos son datos de la OCDE. Obviamente la inversión global de otros países es mayor pero con mayor aporte a la investigación aplicada y desarrollo tecnológico. Y también con mucha mayor proporción del sector privado”.

Sin embargo, hay dos factores a tener en cuenta en este sentido: que cada país que ha logrado entrar al grupo de las denominadas “naciones desarrolladas” lo consiguió en base a apalancar sus áreas científico-tecnológicas. Y el modelo, más allá de los signos políticos y económicos, es siempre similar: el Estado pone el foco en uno o en más áreas a las que toma como estratégicas y que pasan a ser política de Estado. Financia esas áreas mientras las mismas maduran y se crean empresas hasta que el país está en condiciones de autoabastecerse y, luego, de exportar. Israel y Estados Unidos tomaron al área de Defensa como motor impulsor; Francia, a la energía nuclear; Corea y Singapur, a la informática de punta; la Unión Soviética, en su momento, a la tecnología espacial. En algún momento, ese apoyo es sobre lo que se llama “ciencia básica”. No es factible hacer crecer una planta sin haberla sembrado primero unas cuantas semillas.

En el caso de Israel, además, ese impulso al sector científico y tecnológico se apoyó sobre la gran cantidad de doctores que tenía el país. Y este es uno de los aspectos que miran las empresas inversoras de alto valor agregado cuando se asientan en una nación: no es la mano de obra esclava la que atrae inversiones de calidad, son la infraestructura, la calidad del conocimiento, la cantidad de doctores y de especialistas y de técnicos. Costos bajos, sí, pero con formación.

Es por eso que todo el ecosistema científico está de pie y en estado de alerta, pidiendo que se trate y se apruebe la Ley de financiamiento para Ciencia y Tecnología que ya fue aprobada por el Senado pero que está trabada en la comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados. Es por eso que 240 directores de institutos del CONICET (el 90%, sobre un total de 266) firmaron una carta advirtiendo que están en “situación de emergencia total”. Porque las becas para entrar a la carrera del organismo se redujeron en un 66%, porque con la devaluación los insumos licitados ahora no se pueden comprar, porque hay obras de infraestructura que quedaron a medio hacer, porque el salario de un becario post doctoral (recurso humano de altísimo valor agregado) ronda los 25.000 pesos o menos. Porque esta semana (y antes de la corrida que puso el dólar a casi 40 pesos) se le anunció a investigadores argentinos que trabajan en el extranjero con convenios de cooperación que no recibirán el dinero de sus subsidios, con lo cual algunos no pueden siquiera viajar.

El ministro Lino Barañao le dijo a NOTICIAS que “esto sucede porque algunas misiones se reprogramarán para adecuarlas al ingreso de las partidas presupuestarias que se desembolsan trimestralmente. Además, el aumento de los costos se debió a la diferencia en el tipo de cambio y a aumentos adicionales en algunas aerolíneas”. Por ahora, los investigadores no saben en qué situación están.
A esto se le suma la situación de las universidades nacionales, que ya pasaron su cuarta semana de paro con toma de universidades y manifestación masiva incluida (se calcula que hubo unas 500 mil personas en las calles el jueves pasado), algunas sin poder pagar servicios tan básicos como luz y gas. Aunque pocos lo toman en cuenta, ellas aportan entre un 22% y un 30% del presupuesto en investigación científica.

Otra vez, con la corrida del dólar, un investigador que hoy está en la carrera del CONICET, con diez años de antigüedad, cobra menos de mil dólares. Si tenemos en cuenta que en el exterior esa suma ronda mínimamente los cuatro mil dólares, la fuga de cerebros ya está en marcha. l