Libros / 15 de febrero de 2013

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La viajera móvil

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Cuando un grueso tomo recogió sus “Relatos reunidos” (2010), ya medio mundo sabía que Hebe Uhart era una de las voces más originales de la narrativa argentina, aunque costaba conseguir sus libros. Maestra de primaria, después profesora de filosofía, las ganas y la capacidad le hicieron escribir para diversos medios periodísticos los relatos de viaje de “Viajera crónica” (2011).

Tal vez el lector espere encontrarse aquí con una selección semejante. Pero todos los textos son inéditos, y varios superan en mucho los límites de extensión de un trabajo para diario o revista. El resultado es uno de los mejores libros de viaje que se hayan escrito en este país. Siguen presentes las virtudes de sus crónicas periodísticas: los bruscos cambios de frente, la conversación con gente lateral, la cita de una gran variedad de fuentes, desde grafitis o volantes hasta documentos históricos.
El primer largo texto, “Un viaje desusado”, funciona como cualquiera de sus grandes relatos. Reconstruye un viaje del pasado con alumnos de primaria, y maestras o funcionarias paradigmáticas. El resto exprime a fondo la “mirada marciana” que Uhart le suele aplicar a la realidad: actividades, objetos o ceremonias comunes para los habitantes de la zona se convierten en momentos únicos.

A menudo compara, además, el sitio visitado con Buenos Aires. Como a esta altura ha viajado mucho, para después escribir lo que vio y oyó, en un momento confiesa que al hotel ahora le llama casa. Los finales pueden ser abruptos, rápidos: se hace la hora, sale el ómnibus. Las estadías más largas son las más minuciosas: los pueblos de Córdoba relacionados con la “new age” o los ovnis; la “pampa gringa” (descripción detallada de Esperanza y sus habitantes); la “Patagonia manzanera”; el “sur más cercano” (donde uno se entera de que ahora la “piedra movediza” de Tandil es de plástico).
El mejor texto es el último. Uhart llega a Asunción poco después de la destitución del presidente Lugo y recorre las desilusiones y esperanzas relativas de la calle. Más que en las otras visitas opina personalmente. Y al fin deja fluir libremente en primera persona el amor por la gente del país (extensible a la de Entre Ríos, Corrientes y Misiones).