Wednesday 27 de May, 2026

POLíTICA | Hoy 14:18

Feinmann: "Los candidatos de Cristina son Wado De Pedro, Bregman y Grabois"

El periodista analizó el rol de CFK en el armado electoral opositor: poder de veto, odio al peronismo y obsesión con hundir a Kicillof.

En el pase televisivo que comparten a diario en A24, Eduardo Feinmann y Pablo Rossi debatieron este miércoles el lugar que ocupa Cristina Kirchner en la construcción política de cara a las elecciones. Para Feinmann, la expresidenta conserva un caudal de entre el 20 y el 25% de los votos, pero su influencia tiene límites claros: "La veo con poder de veto, no con poder de dedo esta vez".

El periodista fue contundente al enumerar a los dirigentes que, según su análisis, cuentan con el respaldo de CFK para una candidatura presidencial: Wado De Pedro, Myriam Bregman y Juan Grabois. Rossi sumó a Sergio Uñac, quien también se autolanzó en las últimas horas.

El momento más resonante del intercambio llegó cuando Rossi planteó que Cristina sería capaz de apoyar a Bregman —referente del Frente de Izquierda— con tal de complicarle la vida al gobernador bonaerense Axel Kicillof. Feinmann no solo no lo descartó sino que lo afirmó sin rodeos: "No lo dudes".

Según el conductor de A24, la expresidenta "quiere políticamente muerto a Kicillof" y su enojo desborda al peronismo en general. "Considera que la dejaron sola y que nadie se ocupa de ella estando encerrada en prisión domiciliaria", explicó Feinmann, para luego ir más lejos en su diagnóstico: "Ella está odiada. Es una etapa peor que el resentimiento".

El análisis de Feinmann se inscribe en un escenario donde el cristinismo enfrenta su mayor fragmentación interna en años. Con CFK cumpliendo su condena en prisión domiciliaria y sin posibilidad de presentarse como candidata, la disputa por la conducción del espacio opositor se da en un vacío de liderazgo que nadie termina de llenar.

Kicillof, que era el heredero natural, quedó en el centro de la tormenta. Grabois, Wado y Bregman orbitan ese vacío cada uno desde lugares ideológicos distintos, lo que refleja hasta qué punto el kirchnerismo dejó de ser un bloque para convertirse en una serie de apuestas dispersas que esperan —o necesitan— una señal que quizás no llegue.

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