Política / 20 de agosto de 2013

LOS MASSA-GALMARINI

La nueva familia del poder

Secretos del clan que quiere suceder a los K. Peleas del candidato con su suegro. Malena, indomable. El cuñado operador y el futbolista.

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Lo negará, por lo menos, un año más. Pero el verdadero objetivo de Sergio Massa es ser presidente en el 2015. Y si lo logra, no necesitará hacer las valijas. Al menos ese es el acuerdo al que llegó con su esposa, Malena Galmarini: no habrá mudanza a la residencia presidencial de Olivos. Los Massa seguirán en la casona del barrio cerrado Isla del Sol, en Rincón de Milberg, Tigre, según fantasea el candidato del Frente Renovador en familia.

El contrato matrimonial de la nueva familia del poder es más sencillo de lo que parece. En la política manda él y la estrategia de cara a la prensa también le pertenece, aunque a veces se le escape de las manos. Pero en el seno familiar, la que ordena es ella. Por si quedaban dudas, Tomás (8), el hijo menor de la familia, se encargó de disiparlas. Fue hace unos meses, la tarde en la que el intendente entró en su casa y encontró al menor en- ceguecido frente a la Playstation. Massa le recordó que estaba castigado. Tomás fue implacable: “Vos decís que de la puerta para afuera mandás vos, pero de la puerta para adentro la que manda es mamá. Y mamá me deja jugar”.

El intendente de Tigre intenta que su intimidad familiar no quede expuesta a la luz. Que el carácter volcánico de su mujer no se convierta en parte de la agenda pública. Que los padres de ella, ambos políticos, no sean noticia y las rencillas queden puertas adentro. Por algo el rol de los Galmarini, la familia política del candidato a diputado, se limita ahora a acompañar entre bambalinas. En especial el ex ultramenemista Fernando “Pato” Galmarini, suegro del intendente: es la primera vez que coincide en el mismo barco que su yerno, pero las tensiones entre ellos son constantes. Abundan los pases de facturas, como el que Massa le enrostró en febrero pasado, delante de toda la familia en el quincho de su casa, entre mollejas y asado. Todavía flotaba la duda de la candidatura, y Galmarini insistía: “Tenés que jugar, Sergio, no seas cagón”. El intendente contestó a los gritos: “Cagón fuiste vos que en el ’97 no te animaste a enfrentar a Duhalde”. Malena ya ni se molesta en mediar entre ellos. Hace rato que tomó partido por su marido, que define su rol como el de un pater familias. El dueño de todo. El conductor de los Massa y el de los Galmarini. “Me cago en las presiones familiares”, se desahoga con sus colaboradores.

FAMILIA MUY NORMAL. Massa era por entonces jefe de Gabinete de Cristina Fernández y había recibido en su despacho a los primos Santiago y Francisco Cafiero, nombres fuertes del PJ de San Isidro. Era la tarde del martes 11 de noviembre del 2008, veinte días antes de la interna partidaria en la que los Cafiero enfrentaban a Sebastián Galmarini, hermano de Malena y cuñado de Massa. Carlos Zannini, secretario Legal y Técnico y hombre fuerte de Cristina, entró al despacho sin golpear con una copia del histórico fallo de la Corte Suprema que establecía la libertad sindical. Massa aprovechó para blanquearle a Zannini su apoyo a los primos Cafiero: “Ellos son mis hombres en la interna de San Isidro”. Zannini achinó sus ojos y no pudo disimular la carcajada: “¡Ah, entonces era cierto que no bancabas a tu cuñado!”. Todos rieron. Sebastián Galmarini perdió la interna veinte días más tarde.

No era la primera vez que el candidato del Frente Renovador se paraba en la vereda de enfrente de uno de los integrantes de su familia. Si era capaz de enfrentar a su cuñado en una interna justicialista o ahora llamar “cagón” a su suegro, diez años atrás había estado dispuesto a trompearse con el padre de su esposa. Fue a fines de los ’90. Massa, consagrado vicepresidente del Club Atlético Tigre, estaba cara a cara con Galmarini, café de por medio, en uno de los bares de la avenida Cazón, a metros de la Municipalidad de Tigre. “Pato” Galmarini había jugado fuerte con la lista adversaria, otra vez en la vereda opuesta. Y la conversación subió de tono cuando el ex funcionario de Menem mezcló los lazos familiares. “¡Lo único que te voy a pedir es que no mezcles a tu hija en todo esto!”, lo cortó en seco Massa, dispuesto a irse a las manos. Ese año, Galmarini pasó la Nochebuena y recibió el nuevo año lejos de su hija.

Para leer la nota completa, adquiera online la edición 1912 de la revista NOTICIAS.

Los Massa, la nueva familia del poder

 

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