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Política / 7 de noviembre de 2013

Lanata y Carrió: Como dos gotas de agua

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Fotomontaje. Ella es la más dura opositora política. El es el enemigo público Nº 1 del Gobierno. Cooperan mutuamente. Ambos sobrevivieron a crisis de salud, adelgazaron, y ganaron votos y rating.

Si uno es lo que ven los otros, hoy Lilita Carrió y Jorge Lanata no solo son los defensores más ruidosos y visibles del Grupo Clarín sino que, en un extraño juego de espejos, parecen la versión femenina y masculina de un mismo modelo. Y si el exceso de peso representa el punto más visible de esa similitud, hay coincidencias que escapan a esa mirada superficial.

Alicia Castro, actual embajadora argentina en Inglaterra, fue durante mucho tiempo compañera ideológica y rutera (viajaban juntas recorriendo el país) de Carrió y sus anécdotas de viaje bien podrían formar parte de la biografía del periodista estrella de El Trece. Al menos desde la perspectiva de Castro, comparte con él una suerte de tendencia al exceso que la convierte en una fuerza de la naturaleza difícil de domesticar, aunque cada tanto se estacione en un lugar con el fin de tomar impulso.

Antes que la convicción, lo que parece llevarlos a defender con uñas y dientes las empresas que dirige Héctor Magnetto es su necesidad de abastecerse en el arduo y solitario camino que eligieron; conducta no exenta de divismos que suele generarle problemas a la hora de sostener sociedades, preservar lealtades o construir proyectos. Basta mirar la trayectoria de estas dos personalidades criollas para entender que su obra son ellos mismos, y que muchos de los productos que emprendieron terminaron deformados o destruidos. Ni hablar de quienes estuvieron junto a ellos, gente que guarda silencio por respeto a lo que significan pero exhiben diferencias de base que los lleva a distanciarse.

Jorge Lanata, hombre que en el pasado cercano fue muy duro con Clarín y su postura monopólica, ahora es el periodista que más dañó al oficialismo desde su exitoso programa Periodismo Para Todos. Llegó ahí enfermo y después del resonante fracaso del diario “Crítica”, tanto significó esa vuelta para él que además de ordenar su salud (dejando de lado los altibajos recientes), bajar de peso y liberarse en parte de la diálisis, retomó ese aire de divo absoluto, propio de una estrella de rock.

Algo parecido ocurre con Lilita. Con un voto que fue cayendo en picada en los últimos tiempos y tras años de vivir de la caridad mediática de Luis Majul, al primer repunte en las elecciones ascendió desde América, un canal relativamente “menor” en términos de audiencia, a la primera A televisiva que le brinda el Grupo Clarín. Se nota que esa escalada en los puntos de rating la revitaliza, en especial porque tampoco sobran candidatos opositores dispuestos a desollar a la Corte Suprema levantando el argumento de un pacto maligno entre su presidente Ricardo Lorenzetti y Carlos Zanini, Secretario Legal y Técnico de la Presidencia. ¿Qué ella misma asegura insistir con el tema hace tiempo? Es verdad y ni siquiera puedo poner en duda sus argumentos.

Sí se nota que, en sintonía con Lanata, su entusiasmo supera cualquier interés republicano. Mientras el periodista disfruta descubriendo supuestas mafias en el Gobierno, ella luce feliz a la hora de asegurarnos que Cristina, Lorenzetti y Zanini conforman una asociación ilícita, y levanta la voz cual soprano en el punto más alto de la opera ni bien debe afirmar que la Presidenta llamó en persona a Fayt y Maqueda, ambos miembros de la Corte Suprema.

Si ya desde lo físico, el carácter y la conducta, existe más de una razón a la hora de asociarlos, los tiempos, las edades de ambos y en especial su vínculo con Clarín, llevan esta hermandad a niveles que despiertan curiosidad. Por un lado, alguien podría decir que son Quijotes luchando por una causa noble (dicho esto sin segundas intenciones), por otro, náufragos desgastados aferrándose a un barco en problemas que, sin embargo, les brinda una plataforma desde donde reparar fuerzas, otra más de las tantas que transitaron y destrozaron a lo largo de sus fructíferas y convulsivas vidas. Porque el fervor que ponen a la hora de abrazar esta causa tiene ribetes pasionales que solo se dan cuando existen emociones de por medio.

Claro que lo último que quieren es ser vistos a manera de espadachines de Clarín. El posicionamiento de arietes hermanados que le están endilgando desde distintos sectores les molesta y los descoloca. Dentro del cambiante círculo íntimo de Lilita rechazan cualquier “acusación” en ese sentido y aseguran que carecen de seriedad y son injustas. Primero, recalcan que su líder empezó con el tema hace mucho, cuando el diputado oficialista Carlos Kunkel dejó entrever la existencia de un pacto que incluía acuerdos económicos ligados a la reforma del Concejo de la Magistratura. Segundo y más importante (para ellos) es que Carrió fue la única que jamás apoyó las leyes que favorecían al Grupo y no tiene reuniones con ninguno de los popes periodísticos o gerenciales que trabajan ahí. Sí admiten que hay cierta empatía entre Jorge y su jefa, corriente natural de cariño que empezó cuando al periodista lo echaron de su programa en América y ella se solidarizó.

Lo mismo ocurre dentro de las filas de Lanata quien, según dicen, más allá del discurso introductorio no usará su programa como tribuna para pelear contra el fallo de la Corte Suprema, al contrario, lo considerará natural y seguirá ahondando en sus golpes al oficialismo. El periodista Marcelo Longobardi, quien por años militó en las huestes de Daniel Hadad y hoy tiene un rotundo éxito en las mañanas de Mitre, asegura que la radio no se verá afectada por ninguno de estos movimientos ya que está “aparte”, y que aunque la presidenta no lo expresó de forma directa, este año habló tres veces acerca de un medio radial opositor que, supone, se trata de la empresa donde trabaja. O sea, entiende que molesta aunque no de forma tan visceral como el Grupo en su totalidad y lo que significa de cara al kirchnerismo.

Sólo una vez me crucé con Lanata y fue por casualidad. Él estaba esperando en las pequeñas salas de un gran supermercado que era mi cliente. Dado que soy tímido evité expresarle la admiración que sentía y pasé delante de él como si no lo reconociera. Menuda fue mi sorpresa cuando me enteré a qué venía: tenía entre manos el proyecto de un programa de entretenimientos que, por supuesto, la cadena rechazó al grito de “Es muy caro”. Me sorprendió que el creador de PAGINA 12 anduviera con eso bajo el brazo. Después vendría el Maipo y una tendencia al show que se fue haciendo más evidente con los años. Mirado en perspectiva supongo que ya entonces (hace bastante de esto) andaba buscando una tabla de salvación a sus constantes vaivenes laborales.
En la misma línea siempre asocié a Carrió con Castro. El tiempo me mostró una diferencia importante: Alicia Castro cuida sus salvavidas hasta el punto de terminar en Inglaterra, pegada a este gobierno sin fisuras ni cuestionamientos, Lilita los pincha y al fin del día no queda asociada a nadie o se libera enseguida.

Dejando de lado las connotaciones políticas y periodísticas, Lilita Carrió y Jorge Lanata son como Leonardo Di Caprio y Kate Winslet en las escenas centrales de la película Titanic: dos almas gemelas aferradas a un tronco salvador que, sospecho, en principio defienden por eso, por su capacidad de albergarlos en este momento de sus vidas donde, después de quedar solos y varados en el medio del mar, necesitaban tomar aire para volver a hacer de la suyas, comportamiento que no pasa por la Ley de Medios, el Grupo Clarín y las posiciones republicanas, sólo se trata de descansar y tirarse al agua de nuevo. ¿Y el tronco? No creo que se preocupen demasiado por su destino.

Crédito Fotomontaje: www.parabuenosaires.com