Política, Sociedad / 30 de mayo de 2017

De armas tomar: Quién es la bella jefa del ex Renar

Está al frente de la Agencia Nacional de Materiales Controlados. Admite que tuvo resistencias por ser una bella mujer. Corrupción y controles.

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En el depósito. Miles de armas confiscadas e incautadas rodean a Gambaro. Es la primera vez que se sacan fotos en este lugar. Foto: Juan Ferrari.

El golpe de los tacos altos contra el suelo retumba en el amplio galpón. El Banco Nacional de Materiales Controlados (BANMAC) no está acostumbrado a la presencia femenina, sin embargo, Natalia Gambaro se mueve con autoridad y asegura que ya no la asombra ver miles y miles de armas de fuego juntas. Desde diciembre del 2015 está al frente de la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMAC), ex Renar, y su figura resalta dentro de un ámbito netamente machista que, según reconoce, le “hizo sentir el rigor” de ser mujer.

Con una figura estilizada que supera el metro ochenta, el cabello cuidadosamente peinado y una sonrisa que no ocultará en ningún momento de la entrevista, podría tratarse de una mannequin. Pero su realidad dista de ser glamorosa. Su pasarela es un arsenal de armas y municiones incautadas y sus apariciones públicas no son desfiles sino actos de gestión.

Gambaro, abogada, llegó en 2015 a ANMAC y desde entonces ha llevado adelante políticas que tiendan a reducir la cantidad de armas en circulación. Según ella misma explica, el éxito de su gestión se muestra en la cantidad de armas que almacena el BANMAC y que esperan ser destruidas. En este arsenal con acceso vedado al público, la funcionaria hace una excepción y recibe a NOTICIAS.

Noticias: ¿Cómo es ser una mujer en un ambiente dominado por hombres?
Natalia Gambaro: Vivimos en un mundo patriarcal. Más del 95% de los usuarios de armas son hombres y entonces sí, el preconcepto existe. Sí, soy la primera mujer al frente del ANMAC, o antes RENAR, pero no necesariamente ese es un requisito que tuvo a la vista el ministro de Justicia (Germán Garavano) cuando me designó. Él priorizó la gestión y mis antecedentes como legisladora al preparar proyectos sobre control de armas. Tengo también conocimiento en reformas procesales penales.

Noticias: Pero usted no tenía ninguna experiencia en el manejo de armas de fuego.
Gambaro: No. Hay una concepción de que uno tiene que conocer de armas para administrar un organismo. Y en realidad lo que tengo que conocer es la legislación sobre armas y cómo administrar un organismo público que no es distinto de cualquier otro, porque no deja de ser un registro. Lo curioso es que a los directores anteriores no se les consultó sobre su experiencia pasada con las armas, pero cuando se anunció mi nombramiento eso pasó a ser indispensable. No necesito disparar para administrar. De hecho, nunca disparé un arma y no tengo pensado hacerlo tampoco.

Noticias: Sin embargo algunos sectores siguen en desacuerdo con su nombramiento.
Gambaro: Cuando no pueden criticar lo que uno está haciendo como gestión, comienza el ataque personal. Cuando alguna de las medidas o programas que se implementan no les gusta, salen rápidamente a decir “no sabe de armas”. Pero al ver que los ataques son personales y no a las políticas que llevamos adelante, una se queda tranquila porque es que no pueden objetar la gestión.

Transición. La titular del ANMAC se mueve con soltura. Habla rápido y enfatiza cada logro de su gestión. A pesar de nunca haber empuñado un arma sí se esmeró en aprenderse al pie de la letra la ley y todas las funciones que debe cumplir. “Uno de los 100 objetivos que planteó presidencia para 2019 es la reducción de las armas de fuego, y con ese fin trabajamos”, asegura. Se ríe cuando recuerda que el depósito en el que se realiza la entrevista no debería recibir visitas de periodistas y sólo se pone nerviosa cuando la cámara le apunta. Es que a pesar de su apariencia de modelo, asegura que no le gusta posar y mucho menos ahí, donde los trabajadores bajo su órbita pueden ver la secuencia. “Me van a cargar mucho después de esto”, dice, mientras el gendarme que la sigue constantemente elige mirar para otro lado con una sonrisa.

Durante todo el recorrido de más de dos horas por el banco de armas, Gambaro exhibe una diferencia con las gestiones anteriores. Se toma un segundo para saludar a cada empleado con un beso y preguntarle cómo está. “¿Podemos robarles un segundo el mate?”, pide a otro. Incluso se toma un rato para saludar a la mascota de la oficina. Entre tantas extremas medidas de seguridad no se trata de un perro guardián, sino de un “salchicha” que no para de ladrar hasta que Gambaro lo acaricia, todo, sin perder la elegancia.

Noticias: ¿Qué situación encontraron al asumir?
Gambaro: Si tuviera que describirlo en pocas palabras: era un enorme desorden. Y siempre que hay desorden ocurren irregularidades y cosas que no corresponden. Por ejemplo, no se sabía a ciencia cierta cuántas armas había.

Noticias: ¿Ese caos que usted menciona era premeditado?
Gambaro: A partir del caso de Alfredo Marcenac (más conocido como el caso del tirador de Belgrano), que fue asesinado por alguien que tenía los papeles en regla, pero al que después se declaró inimputable, hubo una sola modificación: a partir del 2007, el apto médico no lo podía dar cualquier profesional sino que tenía que ser un psiquiatra o psicólogo. En el caso de Marcenac, quien disparó, tenía un apto emitido por un traumatólogo. Yo estoy segura de que las irregularidades y los riesgos habían sido advertidos por la gestión anterior. Lo que ocurre es que tiene que haber decisión de cambiar un sistema así y algunos sectores no tenían interés.

Las dudas sobre el accionar del entonces Renar quedaron expuestas luego de que se diera a conocer que uno de los autores del Triple Crimen de General Rodríguez, Martín Lanatta, oficiaba de gestor particular para obtener portaciones y licencias en el Renar (ver recuadro). Gambaro aclara que formalmente, el protagonista de la triple fuga no tenía ningún empleo formal dentro de la oficina. “Lanatta, al igual que otros casos que hemos detectado, utilizaba su conocimiento de algunas personas de la oficina para acelerar los trámites de manera ilegal”.

Noticias: ¿Es decir que Lanatta es otro, entre tantos, que se aprovechaban de las debilidades del sistema?
Gambaro: Sí, hubo varios casos. Y justamente esos son los sectores que ahora se oponen al nuevo sistema de registro, porque pierden su negocio. Lo que estamos afectando son los intereses de algunas personas que por determiandas razones conocen los vericuetos del sistema y acceden y venden este tipo de servicios ilegales. Funciona igual que los documentos o los registros de conducir truchos. No deja de ser un registro. Pero no puede ser que el registro de armas sea más laxo que el de conducir. El sistema actual, que estamos cambiando, es perfectamente falible.

Noticias: Existen casos de personas que tienen tenencia o portación y claramente no están aptos. ¿Cómo trabajan en estos casos?Gambaro: El mayor problema con los registros anteriores son los tests psicológicos. Hay casos de gente que va de especialista en especialista hasta que alguno le firma el apto para el trámite. Nosotros queremos unificar el criterio y que esté centralizado en una base de datos informatizada y que no sucedan casos como el del millonario (Alejandro) Radetic que no debería haber sido habilitado, pero que, sin embargo, formalmente, sus papeles estaban en regla. ¿A quién se le ocurre que un tipo que maneja a más de 240 kilómetros por hora por la 9 de Julio está apto para tener un arma? Esos son los puntos falibles del sistema anterior. Ahora, Radetic perdió la tenencia por tener antecedentes judiciales, pero queremos que no se repita un caso de alguien que indudablemente no está en condiciones de manipular un arma.

Noticias: Los legítimos usuarios dicen que con las nuevas restricciones se los empuja a la ilegalidad
Gambaro: Todo lo contrario. Quien pueda demostrar que está en condiciones de tener un arma, ya sea para portación o tenencia, puede hacerlo. Pero somos muy restrictivos para entregar los permisos. Además, impidiendo que las armas estén en manos de gente no preparada, se evita poner en riesgo a la ciudadanía y que los legítimos usuarios que realmente cumplen los requisitos no tengan que responder por gente que no lo hace.

País armado. En la actualidad existen 1.562.332 armas de fuego registradas en el país. Dentro de esta cifra se incluyen aquellas que pertenecen a las fuerzas y agencias de seguridad. Según estimaciones, por cada arma legal exite una ilegal. “Es un cálculo muy sensible. Es sólo una estimación que se realiza”, explica Gambaro, quien asegura que la mejor manera de reducir los riesgos es tener todas las armas registradas y evitar que se siga aumentando el mercado ilegal. “Todas las armas nacen siendo legales, después se fugan”, repite ella.

Noticias: ¿De dónde salen las armas ilegales?
Gambaro: Hay dos grandes puntos por donde se filtran estas armas. Una son los depósitos judiciales, y por eso nosotros ponemos mucho énfasis en ir a buscarlas y destruirlas. Algo que a muchos funcionarios judiciales les costó aceptar, pero que lentamente van haciendo. Todas las armas incautadas deben permanecer aquí, en el banco, no en otro lugar donde puedan ser robadas. Y el otro punto conflictivo que permite la existencia de armamento ilegal, son las bandas delictivas con conexiones internacionales. Piratas del asfalto, narcotráfico o trata de personas que obtienen el armamento de sus contactos en otros países y las ingresan al país. Hemos encontrado muchas procedentes de Brasil, por ejemplo.

Noticias: ¿Y cuáles son las acciones que realizan desde ANMAC para reducir la cantidad de armas ilegales?
Gambaro: Como registro nos ocupamos de las que están dentro del sistema. Entonces lo único que podemos hacer es reducir la circulación, que es nuestro objetivo principal, porque a menos armas existentes, menos chances de que caigan en manos de los delincuentes. Este año destruiremos 75.000 armas y esperamos que cada año sean más.

Lejos del estereotipo machista que rodea al mundo de las armas, Gambaro es la encargada de regularlas en el país. Reconoce que a muchos les cuesta sentarse a dialogar con una mujer que nunca practicó tiro. Con su metro ochenta, perfumada y un ceñido vestido asegura que no tiene pensado disparar. “No interesa mi ideología sobre las armas, yo tengo que cumplir la ley”, reitera y se aleja haciendo sonar sus tacos una vez más entre fusiles y revólveres.

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