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Libros / 31 de octubre de 2017

El día que José de San Martín se convirtió en personal trainer

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“El coronel José de San Martín fue el principal maestro de sus reclutas. Se puso al frente de los entrenamientos que durante los dos meses iniciales se llevaron a cabo en el descampado conocido con el nombre de Ranchería. Además del jefe, cada recluta tenía su instructor particular. El sistema de adiestramiento no era similar al español, sino al francés con algunas adaptaciones hechas por el propio coronel. Lo primero que les enseñó fue a marchar. Los aprendices de héroes recibieron una instrucción completa sobre los movimientos de las columnas y en menos de dos semanas estaban capacitados para marchar, contramarchar y realizar giros en orden. Pero a pie, ya que aún no había llegado la etapa en que se les permitiría montar. Al coronel San Martín no le gustaba saltear pasos. Recién cuando advirtió que sus hombres dominaban el movimiento coordinado, comenzó con una nueva instrucción.

La segunda etapa consistía en dominar el uso de las armas. Los reclutas aprendieron a usar las tercerolas, es decir un arma de fuego que puede definirse como un fusil tosco que funcionaba con chispas y contaba con la bayoneta. Pero ésta no fue una enseñanza muy intensiva porque San Martín no confiaba mucho en este tipo de armamento. Lo que él dominaba era el uso del sable y de la lanza. Los secretos de su empleo también fueron brindados por el ilustre militar a cada uno de sus granaderos. En ese sentido, puede decirse que Don José actuaba como un personal trainer de cada uno de sus hombres. Formaba rondas, se plantaba en el medio, convocaba a alguno de los aprendices al centro del círculo. Allí el elegido ejecutaba los movimientos de ataque y defensa enfrentando al propio comandante, quien lo corregía delante de todos.

Estas clases de esgrima y lanceo a cargo del Padre de la Patria eran de lo más provechosas. San Martín les enseñaba de qué manera colocar el cuerpo, la cabeza, el torso, las piernas, las rodillas y las manos. Incluso les explicaba el efecto de cada pegada para que de manera mecánica emplearan la más efectiva de acuerdo con la situación. Por ejemplo, para los sables tenía tres tipos de golpe. Con el plano de la hoja se daba un planchazo que provocaba al adversario un mareo y un aturdimiento que lo anulaba. La estocada con la punta se empleaba para infligir una herida profunda. El filo, en cambio, era empleado para cortar en forma completa un brazo, una mano, una pierna o, sobre todo, una cabeza. Terminadas las lecciones en ronda, armaba parejas para que practicaran y caminaba entre ellos, marcando defectos y señalando virtudes. El dominio del sable terminó otorgándoles una ventaja inmensa: a medida que los realistas se enfrentaban a estos sableadoresprofesionales, aumentaría el temor que les inspiraban”.

Fragmentos del libro “Historias de Corceles y de Acero, de 1810 a 1824”, de Daniel Balmaceda.  Reedición de Sudamericana.