Sin categoría / 3 de noviembre de 2017

Boudou detenido: apunten, ¡fuego!

La hiperactividad de los jueces federales ya pasó de sospechosa. La moda de hacer justicia tarde y encarcelar sin condena es parte de la madeja de corrupción histórica.

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En julio de 2011, Amado Boudou estaba en su momento más glorioso: el entonces ministro de Economía, acababa de ser designado candidato a vicepresidente para la reelección de CFK, quien, a su vez, gozaba de la santidad del luto. La tapa de NOTICIAS “Amado mío” fue tomada como una provocación procaz, opositora y misógina por el ancho, largo y alto oficialismo de aquellos días, que redundaría, tres meses después, en un aluvión de votos. Nada que ver: en la nota se hablaba de “los lujos” que definían el nivel de vida del elegido, que ahora marcha preso por presunto enriquecimiento ilícito. Los jueces federales eran parte blindada del 54% que dio origen al “vamos por todo”. ¿Cuántos políticos, empresarios, periodistas y ciudadanos que aplauden hoy callaban?

Aquellos magistrados quietos, dóciles, tiempistas y acomodaticios se han vuelto hiperactivos, implacables, feroces defensores del Código Penal. Hay otro gobierno, que viene de un triunfo electoral mucho más modesto pero que también ha insinuado su intención de ir a “por todo”. En Comodoro Py se vive la distribución de justicia como un laburito cualquiera, situación que coloca al empleaducho en la incómoda posición de someterse a presiones irrefrenables. ¿Me cuentan, por favor, la diferencia entre la politizada vista gorda de ayer y el ya exagerado justicierismo de hoy, también politizado, pero del lado del revés?

De pronto, la realidad político-judicial-mediática se ha llenado de presos sin condena. A los fanáticos (el fanatismo es un estado primitivo y violento de la conciencia) no les importa el detalle y más aún: les encanta. No llegan a ver ni mucho menos entender que el circo va contra ellos mismos.

Haber pasado los cincuenta conlleva un conflicto existencial: esta peli ya la vi. Menem fue preso (y ahí está, senador reelecto) y María Julia quedó procesada y detenida crónica hasta la muerte justo en el medio término de un gobierno post peronista. Concedo, de todos modos, que la remake está mucho mejor que la versión original: es en 3D, con drones y efectos digitales.

Los peronistas (como los federales del Siglo XIX) han sido brutales; los no peronistas (como los unitarios), salvajes. Seguimos anclados a una guerra civil por otros medios, supuestamente más civilizados. Está en nosotros la barbarie.

De Vido, Boudou y demás (¿adónde lleva Amado a Cristina en la moto?) merecen ser investigados a fondo desde hace rato. Pero la justicia cuando le conviene al poderoso de turno no es Justicia. Es la comedia de los viejos pelotones de fusilamiento sin condena. Espectáculo. Amenaza. Disciplinamiento. Y parte inescindible de la ancestral madeja de corrupción que nos define.