Menú
Política / 23 de marzo de 2018

Nueva Procuradora General: ¿el Gobierno es o se hace?

Luego de pasar años criticando a Gils Carbó por “ser militante”, el macrismo quiere nombrar a una mujer que, como en el caso anterior, está relacionada con el Presidente. El peligro del doble discurso.

Por

“Si tiene dignidad tiene que renunciar”, decía Macri sobre Alejandra Gils Carbó, cuando la abogada todavía estaba al frente de la Procuradoría General de la Nación. Desde fines del 2015 hasta los últimos días del 2017, cuando Gils Carbó anunció el retiro y luego dejó su cargo, el Gobierno despotricó contra la mujer en cada oportunidad que pudo. Toda la primera plana del oficialismo unía sus voces con un reclamo que guardaba cierta lógica: la “procuradora militante”, como le decía el Presidente, aparecía muy pegada al kirchnerismo y por lo tanto debía renunciar. Sin embargo, el apoyo que Macri le está dando a quien quiere que sea su sucesora, que ocupa un cargo en la justicia de la Capital desde el 2013, fue compañera de gimnasio del mandatario, y se paseó hoy por la Casa Rosada, hace que los límites parezcan grises. ¿Doble discurso?

Repasemos lo que sucedió desde la llegada del actual Gobierno. A partir de la asunción de Macri, toda la cúpula del oficialismo se desvivió, en declaraciones públicas, privadas, y en pedidos concretos de juicio político, en desterrar a Gils Carbó de su cargo. Fue un objetivo de Estado. Hubo incluso un amigable juez -eso sí, independiente- que emitió un fallo que habilitaba la remoción de Gils Carbó sin un litigio previo, lo que eventualmente llevaría a la mujer a renunciar. A ese punto se llegó luego de declaraciones como las siguientes:

  • “Por ser militante de un partido político debería haber ofrecido su renuncia el primer día. No tiene autoridad moral”, Mauricio Macri, Presidente.
  • “No es la mejor procuradora que podemos tener, siendo que es una persona absolutamente militante de un partido político y que obviamente no nos puede garantizar la ecuanimidad que tiene que tener para manejar a los fiscales”, Gabriela Michetti, Vicepresidenta.
  • “Tiene la obligacion moral de renunciar, tiene que haber personas idoneas en su cargo” Rogelio Frigerio, Ministro del Interior.
  • “Tiene una vision militante sobre la Justicia, y eso no se puede aceptar. Se define como una militante politica”, Marcos Peña, jefe de Gabinete.
  • “Gils Carbó llegó de la mano de un Gobierno que la puso en ese lugar y probablemente le estén pidiendo que se quede. Necesitamos a alguien con mayor reconocimiento social”, Germán Garavano, Ministro de Justicia.

Estos son solo algunos extractos de lo que hizo y dijo el macrismo en estos años. Ahora, luego de coquetear con la idea de que la remplace el mediático Jose María Campagnoli -impulsado por Carrió-, el Gobierno se encamina a nombrar a Weinberg de Roca. La pregunta es obligatoria: esta mujer, que lleva el apellido de su esposo, pariente del ex Presidente y nombrado embajador durante la última dictadura militar, ¿cumple con todos los requisitos que el Presidente y los suyos decían buscar en una correcta Procuradora General?

Sólo mirándolo con un ojo cerrado la respuesta podría ser afirmativa. Weinberg, compañera de gimnasio de Macri, es jueza en el Tribunal Superior de Justicia porteño desde el 2013. En ese entonces, Macri era el jefe porteño. “Hizo un gran trabajo”, dijo ahora el Presidente sobre ella. Hoy la recibió en la Casa Rosada, donde luego de la reunión Garavano la llenó de elogios. No quedan dudas de que esta mujer ocuparía el cargo por pedido expreso del mandatario. ¿Es Weinberg, la mujer que sudó durante años al lado de Macri en una bibicleta fija, la garantía de “independencia” que el Gobierno, hasta hace no mucho, reclamaba?  ¿Qué va a pasar si sus fiscales tienen que investigar al Presidente o a los suyos? Es verdad que ella no es “militante política”, ni pasó años dentro del PRO, pero tampoco Gils Carbó tenía una boleta de afiliación del PJ -no era a eso lo que se refería el macrismo cuando la tildaba de poco parcial-. Alguno podría decir, también, que el cargo en el poder Judicial porteño no está relacionado con el Ejecutivo de la misma ciudad, pero en las democracias latinoamericanas -y la argentina en especial- esas lineas jamás son claras. Tampoco parecería que Weinberg reúne un “consenso social” que la sitúa inmediatamente como la mejor postulante para el cargo. Después de machacar durante años con la idea de que el lugar que ocupaba Gils Carbó debería ser para alguien totalmente ajeno al Gobierno, llama la atención esta designación. Quizás hubiera sido más prudente poner a una persona muy alejada de la cúpula del macrismo, o, todavía mejor, a un profesional que discrepe con ellos. El oficialismo debería cuidarse del peligro del doble discurso.