Sociedad / 2 de abril de 2018

Mitre-Neumann: Intimidad banalizada

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Nicole Neumann llora en Telefe y cuenta los pormenores de la conflictiva ruptura con su ex Fabián Cubero. Esmeralda Mitre confiesa en América que le fue infiel a Darío Lopérfido. En los dos canales, las rubias tienen el tiempo suficiente para explayarse y dar más y más detalles de su vida privada. Una se lamenta porque sus hijas duermen con la nueva pareja del padre y la otra declara que su ex marido nunca se enteró de las aventuras que tuvo “con gente famosísima”. Los panelistas que las rodean escuchan con atención y se relamen al pensar que esas declaraciones van a tener enorme rebote mediático. En televisión, nunca se tiene certeza sobre qué producto tendrá éxito pero sí se sabe que, si una celebrity saca a ventilar sus trapitos al sol, el rating se va a disparar. La fórmula no falla y, cuanto más banal, más exitoso.

Del otro lado de la pantalla, las audiencias siguen de cerca estas historias. Casi con seguridad, la vida de la mayoría de los espectadores nada tiene que ver con la de estas mujeres. Sin embargo, hay algo que los atrapa, que los hace querer saber más.

A priori, se suele marcar que estos mismos famosos que cuentan sus intimidades aprovechan cada minuto al aire para promocionar sus intereses. Esta semana, por ejemplo, se acusó a Nicole de llorar en cámara para después publicitar en Instagram una marca de gotas oftalmológicas y a Esmeralda, que rara vez pisa un estudio de televisión, de necesitar prensa para su nueva obra de teatro.

Sin embargo, en el mundo académico hay quienes dicen que este interés por la vida ajena, incluso por anécdotas insignificantes de la vida de desconocidos, tiene sus raíces en los instintos humanos más básicos y que ha sido crucial para la evolución de la especie humana ya que al copiar las conductas de los mejores se podía sobrevivir. Exagerado o no, el interés por la vida ajena es indiscutido. En Argentina, esta semana le tocó a las rubias.

Prestigio moderno. En el mundo actual, la belleza y el dinero son atributos valorados. Tanto Mitre como Neumann construyeron sus carreras alrededor de su imagen y todos saben cómo funciona: las marcas, que las eligen para protagonizar sus campañas; los RR.PP., que las quieren en la lista de invitados de sus eventos; y la televisión, que les da espacio para hablar, más que el modelaje o la actuación, de los pormenores de su vida íntima.

Para Jamie Tehrani, antropólogo social de la Universidad de Durham (en el Reino Unido) la razón de este interés por los famosos no es puro cholulismo sino que se explica a partir de la “antropología del prestigio, una forma de estatus social que se basa en el respeto y la admiración a miembros de la propia comunidad”. Para los expertos, esta es una característica única en nuestra especie y, a la vez, universal para todas las culturas.

Según este referente del “star system”, la obsesión por la fama está íntimamente ligada a los patrones sociales de conducta. En las sociedades primitivas, si un miembro cazaba y recolectaba con más eficacia, se volvía prestigioso y los demás iban a intentar copiarlo para, simplemente, sobrevivir.

“El mundo moderno es muy distinto y el sesgo originalmente adaptativo para imitar a las personas exitosas se transformó en una obsesión enfermiza por las celebridades, a quienes prestamos mucha más atención de la que se merecen”, explicó el antropólogo en un artículo en la BBC.

Desde esta perspectiva, es lógico que el llanto de Nicole genere rating y la seguidilla de confesiones disparatadas de Esmeralda caliente la pantalla. Quizás las rubias nunca hayan leído sobre la antropología del prestigio, pero saben que son escuchadas y admiradas y que esa fascinación crece con los detalles.

En “Cortá por Lozano”, Neumann contó que su ex todavía tiene las llaves de su casa, que entra, sale y se lleva cosas, que se desenamoró, que tardó tres años en procesar la idea del divorcio y que casi explotó cuando sus hijas le contaron que habían compartido un día con la nueva novia de su papá, Mica Viciconte. En el estudio, donde la ex modelo es panelista, se hizo un silencio de tumba. Era su momento.

Después llegó el turno de Mitre en “Infama recargado”, donde lanzó la confesión que la metió en el escándalo: dijo que su ex marido nunca se enteró de sus relaciones paralelas, que ella se había permitido ponerse a prueba porque es una artista y que, cuando comenzó la crisis en la pareja, se planteó no quiso repetir la historia de sus padres. No se guardó nada. En vivo y en directo sepultó su intimidad.

Al día siguiente, con todos los medios encima, volvió a la carga. En “Pamela a la tarde” continuó con una seguidilla de confesiones sexuales, le aconsejó a Silvina Escudero que sea infiel y contó que lee a Simone de Beauvoir, Barthes y Sartre. Como si todo fuera lo mismo, los intelectuales y sus exorbitantes anécdotas personales.

Las rubias encendieron la tevé y, al día siguiente, los portales se llenaron de títulos sobre el llanto y la infidelidad. Lo que pasó esta semana con ellas se repite cada día con otros personajes. No siempre se trata de modelos o actrices, a veces lo que cautiva es la intimidad de un periodista, de un empresario o de un político. Y la lógica es siempre igual: el famoso que quiera mantenerse vigente tiene que aceptar que la intimidad no es un límite.

Tehrani plantea que “nuestros cerebros están programados para asociar el prestigio con el comportamiento adaptativo. Y, dado que la fama es la señal principal de prestigio, mientras más famosos son, más gente atraen”. Pero el experto agrega una particularidad de estos tiempos: “La fama se convirtió en un fin en sí mismo. En el mundo moderno, en realidad, no importa por qué eres famoso”.

Si tiene razón, el desfile de personalidades sacando a relucir sus peores miserias y exhibiendo hasta lo más privado no se detendrá. En definitiva, nuestro instinto nos hace observar a los bellos, ricos y famosos, tengan o no alguna cualidad especial.