Economía / 10 de mayo de 2018

Corrida cambiaria: Todos con ataque de nervios

La disparada del dólar azuza las internas en el Gobierno y fuerza a los economistas a recalcular pronósticos de crecimiento e inflación.

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Decía Marcos Peña este 26 de abril, una semana antes de que el dólar saltara a 23 pesos, cuando aún costaba 20,80: “Hay tranquilidad porque el Banco Central tiene reservas para defender el valor de la moneda”. Entre una semana y otra, el jefe del Central, Federico Sturzenegger, liquidó 5.300 millones de dólares en reservas, un récord en tan poco tiempo, con lo que las redujo a 55.998 millones, mientras subía la tasa de interés de referencia del 27% al 33%.

Un día después de aquella frase, el jefe de Gabinete insistió: “No hay motivo para pensar que esto pueda indicar una crisis”. Unas 24 horas después sostuvo: “No hay una crisis cuando sube un poco el dólar”. El 2 de mayo repitió: “No hay motivos para la intranquilidad”. Y al día siguiente: “La volatilidad no nos tiene que asustar”. Horas después visitaba la Casa Rosada la diputada Elisa Carrió, la misma que había sentido “vergüenza ajena y propia” por la noticia de que Nicolás Dujovne había ingresado al blanqueo de capitales antes de ser ministro de Hacienda.

Ese mismo día, en la habitual reunión de Gabinete, Mauricio Macri respaldaba a Sturzenegger en su cargo. No importan las críticas que le formulan economistas por haberse apurado en aplicar metas de inflación o por sostener hasta hace poco que los tarifazos y las devaluaciones no impactaban en la inflación. Ante sus ministros, el jefe del Central y los presidentes de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó, y provisional del Senado, Federico Pinedo, el Presidente aseguró que tiene el “rumbo claro” y descartó torcerlo. El 4 de mayo, el Gobierno envió a Dujovne a anunciar más ajuste fiscal, mientras Sturzenegger reforzaba el monetario (tasa al 40%) y obligaba a los bancos a desprenderse de dólares. A los cuatro días, Macri anunciaba negociaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para un rescate que implicará aún más recortes.

Operadores del mercado especulan con que la actual corrida cambiaria no se resolverá hasta que Macri se decida a nombrar un superministro de Economía y aclare un plan económico. Pero en el Gobierno sostienen que el Presidente capitanea, como aprendió de su padre, Franco Macri, en el mundo empresarial, y las autoridades económicas coordinan su trabajo: los vicejefes de Gabinete, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana, con su asesor Vladimir Werning, Sturzenegger, Dujovne y los ministros de Finanzas, Luis Caputo, y Energía, Juan José Aranguren.

En el Gobierno restan dramatismo a la escalada del dólar señalando los factores externos que la empujan. La suba de las tasas de interés en Estados Unidos atrae capitales hacia allí, en detrimento de los mercados emergentes, como la Argentina.

En los pasillos de la Rosada no ahondan en el hecho de que el peso argentino está siendo más castigado que las monedas de otros países en vías de desarrollo. Hasta el 2 de mayo, el dólar había subido en lo que va del año un 13,9% en la Argentina, una cifra sólo superada en el mundo emergente por Venezuela y menos que el 7,2% que saltó frente al real brasileño, el 11,1% frente al rublo ruso y el 10,1% ante la lira turca. La moneda norteamericana subió en el año sólo el 0,3% contra el peso chileno y cayó el 3% frente al mexicano y el 0,7% ante el uruguayo.

Melconian. En el oficialismo desestiman una crisis, pero reconocen que les preocupa que la inflación de mayo iba a ser sensiblemente menor que el 2,5% calculado para un abril de tarifazos, pero con la devaluación acabará siendo mayor que lo previsto. Analizan medidas para evitar el traslado de la depreciación de la moneda a los precios y descartan los renovados rumores de cambios de gabinete, alentados por reclamos públicos de periodistas amigos. Defienden la liquidación de reservas: “Sin eso, la estampida del dólar hubiese sido mayor”.

Alejado del Gobierno hace casi un año, Carlos Melconian ha vuelto a su consultora después de su paso por el Banco Nación. Desde allí ha bautizado “Plan Perdurar” al rumbo que estableció su aún amigo Macri. Ese programa, según Melconian, consiste en financiar con deuda externa el déficit fiscal y aprovechar que la oposición está diezmada para llegar a la reelección en 2019. “Es un hijo de puta, pero tiene razón”, reconoce alguien en el Gobierno. Analistas que comparten la crítica por derecha de Melconian sostienen que el plan puede resistir aun con la fuerte salida de los capitales especulativos, que en los primeros dos años de gobierno de Macri entraban en manada. “Se le hará más exigente conseguir la plata a Caputo, pero la conseguirá. Lo que vas a tener es menos actividad, más inflación y no vas a poder mejorar la competitividad vía salarios”, comenta uno de esos críticos.

Javier Alvaredo es socio de la consultora ACM. Allí trabajaba uno de los economistas de la Jefatura de Gabinete, Maximiliano Castillo Carrillo. “No se entiende bien qué hace el Central”, opina Alvaredo. “No sé si habrá dejado deslizar el dólar para hacerlo retroceder otro día vía intervención masiva o si tiraron la toalla, lo que no daría mucho margen para el optimismo. Si no se juega un poco poniendo un nivel objetivo y marcándolo con operaciones a futuro, va a seguir reinando la confusión y eso implica demanda de dólares”, agrega el dueño de ACM. En los últimos días, Sturzenegger ha recurrido por primera vez en su gestión al dólar futuro, la misma herramienta de su antecesor, Alejandro Vanoli, por la que el juez Claudio Bonadio terminó procesando a la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner.  Alvaredo recuerda el inicio del gobierno de Macri: “Puso una tasa altísima, vino mucha guita especulativa, el Central pensó que el tipo de cambio podía flotar, eliminó la obligación de liquidar las exportaciones y sacaste controles como si la situación argentina ya hubiese dejado de ser crítica”.

“Algunos culpan al cambio de metas de inflación del 28 de diciembre”, cuenta Marina Dal Poggetto, socia de Eco Go Consultores y fugaz candidata en 2017 a directora del Central. Era propuesta por Sturzenegger, pero la iniciativa quedó en la nada. Tampoco prosperó el rumor de que Quintana impulsaba a Werning para ese cargo. Precisamente, el 28-D, por presión de Quintana y Werning, Sturzenegger había elevado la meta de inflación del 12% al 15% y había bajado después la tasa. “Sin el 28-D hubiese entrado más guita y ahora tendrías más devaluación”, opina Alvaredo.

Por qué. “Otros se preguntan para qué Sturzenegger había subido la tasa tras las elecciones, por qué al comienzo de esta corrida cambiaria buscó frenar el auto agarrándolo de la antena, por qué un día suelta dólares, otro día suelta la tasa”, se interroga Dal Poggeto. “El escenario internacional complica a todos, pero más a nosotros porque estamos más abiertos”, explica la economista.

Su colega Lorenzo Sigaut Gravina, de la consultora Ecolatina, advierte que el déficit fiscal se puede cubrir con deuda interna, pero escasean las divisas para cubrir el rojo comercial. Alvaredo no descarta barreras a la importación. Sigaut Gravina prevé una caída del consumo, dado que muchas paritarias cerraron en 15% y se revisarán en diciembre. Prevé la inflación en 22% o 23%. En cambio, Hernán Hirsch, de FyE Consult, vaticina un 24 o 25%. Se verá…