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Mundo / 19 de mayo de 2018

Violencia en Gaza: Erdogan se pone al frente

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En una conferencia de prensa en Londres junto a la primera ministra británica, Theresa May, Erdogan anunció que el encuentro tendrá lugar en Estambul, y consideró que es necesario que los hechos ocurridos sean investigados de manera independiente y transparente.

May se mantuvo al margen del tema, pero el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, se comunicaron con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu para expresarle su preocupación por la violencia. El mandatario galo pidió “proteger a los civiles y permitir protestas pacíficas”.

Un lunes sangriento. Los disturbios arrancaron el lunes pasado cuando los palestinos se acercaron en masa a la frontera para protestar contra la apertura de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén.

La apertura era controvertida porque supone la puesta en práctica del reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel (cosa que ya anunció el presidente estadounidense, Donald Trump, en diciembre). Y los palestinos reclaman la parte oriental de la ciudad -conquistada y anexionada por Isarel- como capital de su futuro estado: ven en el paso de Washington un duro golpe a esa aspiración.

Según los medios israelíes, los palestinos marchaban al grito de “Alá es el más grande” y “Muerte a Israel”. Y el Ejército tenía órdenes de impedir a toda costa que los palestinos cruzaran la frontera. El resultado fue trágico: al menos 60 palestinos murieron (casi la mitad por heridas de bala de las fuerzas israelíes) y 2.800 resultaron heridos. La organización Save the Children indicó hoy que al menos 150 niños recibieron disparos de bala (las imágenes de chicos ensangrentados dieron vuelta al mundo ).

El estado judío acusó a Hamas, que gobierna la Franja de Gaza, de haber usado a civiles como escudos humanos y de estar planeando atentados contra localidades fronterizas israelíes, e insistió en que buena parte de los muertos eran parte de “la milicia terrorista”.
Diplomacia en crisis. La relación entre Turquía e Israel se tensó después de lo ocurrido. El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, calificó lo de Gaza como un “genocidio”. Benjamin Netanyahu le contestó que no podía hablar porque, “él también tiene sangre en sus manos”.

Netanyahu ya lo había acusado de ser “uno de los grandes seguidores de Hamas”, el movimiento radical palestino que gobierna la Franja de Gaza. “No cabe duda de que entiende bien lo que es terrorismo y masacre. Le sugiero que no nos predique moralidad”, dijo el jefe de Gobierno israelí en un comunicado.

Erdogan, por su parte, contestó que no le perdonará a Israel su actuación. “Una vez más maldigo esta brutalidad”, insistió. Más tarde, el Ministerio de Exteriores turco le sugirió al embajador israelí Eitan Naeh que sería “adecuado si regresa un tiempo a su país”. Horas después, Israel hizo lo mismo con el cónsul turco.
Pero las consecuencias diplomáticas no se limitaron a Turquía. Bélgica e Irlanda convocaron a los embajadores de Israel en sus países para “expresar indignación y consternación”. “Un intento de acercarse, cruzar o dañar la valla no supone una amenaza a la vida o a sufrir heridas graves y no son motivos suficientes para el uso de munición real”, dijo el portavoz de la ONU, Rupert Colville, convalidando la posición de la diplomacia internacional. Solo la embajadora estadounidense ante la ONU, Nikki Haley, consideró que Israel actuó con moderación. “Estados Unidos mostró que no es mediador sino una parte”, contestó Erdogan enojado.