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Personajes / 27 de noviembre de 2018

Eddie Fitte: “La gente rota es la que más me cautiva”

Es periodista, renunció al Grupo Clarín y armó su propia productora con amigos. Tatuajes, empatía y la santa muerte.

Foto: Juan Ferrari

Un gran mapa, eso es su piel. Y alcanza con tenerlo un rato enfrente y al sol, como estamos ahora, para que los ojos se vayan solos detrás de esa herradura, de esta cruz, de aquel diseño sin nombre grabado a tinta y puede que para siempre. También puede que no, porque mucho en la vida de Eddie Fitte (Eduardo Giménez Fitte, para el documento de identidad) está destinado a mutar.

Entró al “gran diario argentino” con poco más de veinte años, luego llegó –así, todo tatuado– al Trece y a TN. Fue “pibe de los tatuajes” en el noticiero de la medianoche y el hipster que viajaba a entrevistarse con Snowden, a Madagascar a conversar con un santo, a África a conocer a un loco que convive con manadas de leones o a un pueblito de la Florida sin plazas ni niños porque todos sus vecinos han purgado penas por delitos sexuales. Dice que no es casual. Que lo suyo ha sido siempre el derrape hacia el lado salvaje, extraño y que eso le viene de familia. “Mi viejo era un progre revolucionario, intransigente, muy quilombero. Me inculcó eso de no transar y de apostar a lo que uno piensa. ‘Ser uno garpa siempre’, me decía. Somos muy parecidos”, arranca.

Noticias: ¿Qué es lo que le cuelga del cuello?
Eddie Fitte: Es la santa muerte. Tengo devoción por el paganismo. Me lo hicieron en una platería. Me dijeron: “A vos que te gustan las calaveras”. No soy cristiano. Parece una virgen, hasta que la ves de cerca y notás la fase cadavérica (risas).

Noticias: ¿Estudió Antropología?
Fitte: No, leí mucho, es mi carrera frustrada. Me comió un poco la vida el periodismo. Haber empezado a trabajar en el diario me robó todo. Pero estoy contento. Salieron bien las cosas. Pasé por Clarín, El Trece y TN y después de diez años…

Noticias: Ya sé lo que va a decir: “Aprendí mucho”. ¿O no?
Fitte: Ojo, decir eso es parte de la corrección política. Pero en este caso es verdad porque no sabía hacer tele. A gatas sabía hacer periodismo. Al diario entré a los veinte y, ¿cómo lo explico? Quiero ser preciso porque tiendo a divagar. Sentí que los formatos estaban matando al contenido. Hoy la tele es una fábrica y a mí me gusta lo artesanal.

Foto: Juan Ferrari

Noticias: Perdón pero, ¿en su brazo hay una Coca Sarli?
Fitte: ¡Hay una Coca Sarli! (risas) ¡Se roba las miradas! Fue el primer tatuaje que me hice. Decí que no soy musculoso, si tuviera bíceps sería Quico (risas).

Noticias: Volvamos a su salida del canal.
Fitte: Por más que parezca una frase técnica para justificar una renuncia, fue eso: formatos matando el contenido. Sentía que las historias eran más ricas y necesitaban espacios que el noticiero no me podía dar. Cuando contaba que hacía periodismo, me preguntaban “¿Periodismo de qué?”. ¡No tenía la más puta idea! De contar cosas. Por eso es la gente rota la que más me cautiva. Me gusta la gente que la pasó mal y que refleja sus traumas. Pero ya no hay tiempo en la tele para contar esas historias. Se ha perdido el “momento”, eso de sentarse a mirar prestando atención.

Noticias: ¿A dónde se fue ahora?
Fitte: Me fui conmigo. Es difícil y me da miedo porque coincidió con la profundización de la crisis. Armé una productora con amigos de toda la vida. Se llama Nadie. Somos un camarógrafo, una productora ejecutiva y un manager de bandas emergentes. Somos parte de una generación… rara. Somos los últimos de lo que pasó y los primeros de lo que viene, los que debutamos con las nuevas tecnologías. Y nos tildan de caprichosos por llevarnos mal con la rutina.

Noticias: ¿Lo han bardeado en las redes?
Fitte: Sí. Me alejé por eso: por saturación y dolor. No es necesario embarrarse con el odio del prójimo permanentemente. Con lo que se generó en el kirchnerismo y la conciencia de que las empresas periodísticas tienen intereses, se despertó un enojo visceral y cierta desconfianza por pertenecer a X grupo.

Noticias: Traducción: le gritaron “Devolvé los nietos”.
Fitte: Sí, pero jamás me victimicé porque entiendo de quién viene y qué puede llegar a ver en mí. Sé que no es personal pero tampoco tengo por qué desayunarme con una puteada. Sí estoy en Instagram, una red egomaníaca y de positividad (risas).

Noticias: También escribe. “Pungueate este libro” (Planeta), por ejemplo, ¿de qué va?
Fitte: Es un libro enfermo, psicótico, patológico, políticamente incorrecto al punto de caer mal. Lo dijo un comediante inglés: “El chiste que más me gusta es ese que no me animo a hacer”. Me quedó grabado eso de escribir lo que no me animo a decir.

Noticias: ¿Hoy es el que quería ser cuando era chico?
Fitte: Por lo que cuenta mi vieja y las cosas que hay de mi infancia, sí. Se ve que siempre quise guardarme. ¡Perdón! ¡Se ve que nunca quise guardarme!

Noticias: ¡Qué buen lapsus!
Fitte: Menos mal que no la vi a mi terapeuta, con esto me metía adentro dos horas más. Nunca quise guardarme, siempre quise expresarme. Cuando era chico hacía historietas muy locas. Siempre me gustó reflejar mi perspectiva. Nunca quise ser objetivo. La gente que me escucha sabe quién soy y toma las cosas como de quien vienen. Pero para eso hace falta que te conozcan. Mi choque con los medios masivos fue porque te encontrás con gente que te consume pero no te conoce.

Noticias: ¿Qué tiene en los nudillos? ¿Qué son esas marcas?
Fitte: Runas vikingas. Es una cultura que me fascina. Son runas de protección para los viajes largos y las guerras. Muchos amigos míos son tatuadores, y cuando charlamos, están los aparatitos ahí y bueno, te tatuás. Mi primer tatuaje me lo hice a los trece.

Foto: Juan Ferrari

Noticias: También tiene una herradura. ¿Y esto?
Fitte: Una tapa de un disco de Los Ramones. Una frase de (Charles) Bukowsky, la tapa de “La conjura de los necios”, el elefante patas de araña de Dalí… El tatuaje tiene una cosa medio terapéutica. El más grande lo tengo en la espalda y me lo hice a diez días de la muerte de mi viejo. Es una tarjeta que dice “Live free, die well” (Viví libre, morí bien). La muerte de mi viejo fue… terrible. No sólo era mi referente ideológico, vivía con él desde que se separó de mi vieja. Tuvimos una relación muy cercana, somos parecidos. Cuando murió, sentí que había perdido una parte mía, pese a que habíamos entrado en una etapa tóxica. Estábamos muy diferentes y nos costaba encontrarnos ideológicamente.

Noticias: ¿A qué edad murió?
Fitte: A los 59. No quería llegar a viejo, no quería conocer a sus nietos. Me lo dijo: jamás pensó en llegar a los 60. Con mis hermanos crecimos con la idea de que en cualquier momento el viejo se podía ir. Siempre nos decía: “Si me muero, sabé que morí feliz”. Fumaba Parisiennes, tenía tres by pass… ¡Era yo con delantal!

Noticias: Qué loco siendo médico, ¿no? Pensé que se cuidaría más.
Fitte: ¡Un carajo! Su profesión le dio un nivel de convivencia con los enfermos y con el sufrimiento. Siempre decía: “No quiero ser un enfermo porque vivo con enfermos”. Sabía lo que implicaba la vejez. Este tatuaje tuvo que ver con eso. Es el único al que le encuentro un significado. Él fue el gran condicionamiento de mi vida. Es loco, porque si uno sabe cuál es el camino que no debe tomar para no terminar mal, no debería tomarlo. Creo que todavía estoy a tiempo de pegar el volantazo.

Fernanda Sández
@Siwisi