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Política / 12 de marzo de 2019

Los D’Alessio: la interna de una familia poco normal

Negocios y paranoia en el núcleo del abogado trucho. La sociedad con su esposa. Relación fría con el tío macrista. El silencio del padre.

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Los alumnos de quinto año de un exclusivo colegio de Canning se asombraron cuando vieron a Marcelo D’Alessio en televisión, acusado de extorsionar en nombre del fiscal Carlos Stornelli. “¿Se acuerdan de este?”, preguntaron en un grupo de WhatsApp junto a la foto del falso abogado, que se hacía pasar por agente de la DEA. Lo habían visto tres meses atrás en el aula de la escuela, presentado por los directivos como “especialista en consumo de drogas, narcotráfico y abuso de alcohol”. D’Alessio llegó a dar la clase en una de sus camionetas y ante los chicos de 16 años explicó qué ingredientes se necesitan para elaborar ciertas drogas y cómo es un operativo de incautación de cocaína por dentro. En el chat adolescente hicieron memoria: “Ese tipo tenía algo raro”.

La percepción de los chicos era compartida por algunos de los vecinos, que se cruzaban a D’Alessio en las calles de Canning, en el partido de Esteban Echeverría. Salía del country Saint Thomas Este (uno de los más caros de la zona) en alguno de sus lujosos vehículos y avanzaba a gran velocidad, sin hacer caso a las máximas de seguridad del tranquilo vecindario.

“Siempre fue un tipo asqueroso”, dicen algunos de ellos. En cambio su esposa, María Valentina Oettel, logró caer bien en esa pequeña comunidad. Es profesora de Educación Física y la socia de D’Alessio en muchas de sus empresas. La última de esas firmas nació en septiembre de 2017: junto al empresario patagónico Daniel Zorzini, la pareja creó Natural Trout SRL, dedicada a la comercialización de trucha.

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Pero en el pasado, Oettel y D’Alessio fundaron la inversora inmobiliaria Plaza Madero SA y la firma deportiva Idor SRL, dedicada a la explotación de “gimnasios, piletas de natación, solárium y camas solares”. Ella, que en las redes sociales se hace llamar “Valeka”, había incursionado en el sector inmobiliario con Valeka SA, una empresa fundada en 2003, junto a su madre, ya fallecida, Susana Giúdice. Entonces, el matrimonio vivía en otro country del conurbano: el Club de Campo El Lauquén, de San Vicente. No sólo en los negocios iban juntos: en las redes se muestran unidos y acaramelados. “Marcelo sos único, me diste lo que más amo en el mundo y compartir cada charla con vos me hace amarte cada día más, te amo”, fue una de las publicaciones que subió Oettel. Desde que él está detenido, su esposa varias veces lo fue a ver a la cárcel de Dolores y hablan regularmente por teléfono.

El día que el juez Alejo Ramos Padilla allanó la vivienda familiar de Canning, Oettel y sus dos hijos estaban ahí. El magistrado, consciente de la situación, les permitió a todos los D’Alessio abandonar el lugar en uno de sus autos para evitar presenciar el largo operativo, que duró doce horas. El padre de familia se tuvo que quedar. Estaba visiblemente nervioso: en la casa tenía armas, legajos de inteligencia, un dispositivo con cámara oculta, un chaleco antibalas de la Prefectura Naval Argentina y una placa de la Drug Enforcement Administration (DEA). También se le secuestraron una camioneta Range Rover, otros dos modelos antiguos del mismo vehículo, una camioneta RAM 2500, un BMW X6, dos camionetas Hilux, un Peugeot 308 y dos Chevy de colección. La Justicia encontró además dos motos de alta cilindrada, un yate amarrado en San Fernando a nombre de su padre, el consultor Eduardo D’Alessio, y “una colección de 50 relojes de alto valor”, entre ellos un “Double Tourbillon que, de ser original, vale alrededor de 200.000 dólares”.

Familia. Eduardo, el padre, es un famoso consultor. La esposa del abogado, María Valentina Oettel, comparte sociedades con su marido y el gusto por los animales. Carlos, el tío, funcionario PRO.

“Me van a matar (…) Quiero empezar una vida nueva, me voy a cambiar el nombre cuando todo esto termine, pero realmente me van a matar y no se lo puedo permitir a mis hijos, rogó D’Alessio al fiscal, apenas iniciada la causa. Y en ese desesperante pedido, aportó datos que provenían de la memoria de su esposa: “Otra cosa más, que se acordó Valeka”, comenzó la frase que relataba un supuesto hackeo a su nube de almacenamiento de Iphone (Icloud), mientras estaba de viaje en Tulum.

Oettel, que evitó responder a la consulta de NOTICIAS, estaba al tanto de las conversaciones de su esposo con el empresario Pedro Etchebest, que lo denunció por extorsión, y juntos sospechaban que eran escuchados. “Mucho no podemos hablar por acá”, le dice ella en uno de los llamados, según consta en la causa judicial. A lo que D’Alessio responde: “No pero bueno, ya está, el tema ya está”.

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La vida de los otros. Los D’Alessio tienen renombre. Eduardo, el padre de Marcelo, es un famoso profesional. Licenciado en economía, con estudios en ingeniería en Estados Unidos, y acádemico con carrera -dio clases en España, y en la UCA y en la UBA-, fundó, junto a su esposa Nora, socióloga y madre de Marcelo, la célebre consultora D’Alessio Irol en 1981. El crecimiento de la empresa es notable. Para fines de los 90 ya trabajaban para los principales bancos privados del país, y en 1989 llegó su gran salto: el gobierno menemista los contrató para hacer un estudio de mercado acerca de la privatización de YPF. Para este milenio ya superaban los 200 clientes, entre ellos el grupo Clarín, Ford, Easy y Osde. Eduardo, además, es un hombre de los medios que suele aparecer en televisión y en radio analizando la realidad política.

No son días de tranquilidad para esta familia. Cuando NOTICIAS se comunicó con la consultora, primero le dijeron que Eduardo se hallaba ocupado y en reunión, pero ante la insistencia, el consultor comunicó, a través de una asesora, que por ahora no deseaba realizar declaraciones. “Eduardo dice que es momento de que hable la Justicia, no él”, le dijeron a este medio.

Nora, su esposa, es una judía devota e incluso D’Alessio sugiere, en una de las conversaciones con el empresario agropecuario Pedro Etchebest, que se habría ordenado como rabina. En esas charlas, D’Alessio también cuenta que quien lo crió, más que sus padres, fue su abuela, ya que el matrimonio de consultores era muy joven cuando nació Marcelo -Nora tenía 21 años- y se tuvieron que abocar al trabajo.

Carlos D’Alessio, el tío del falso abogado, con el que no tiene una buena relación, también tiene su trayectoria. Macri, apenas asumió, lo nombró como el escribano general de la Nación. Tuvo dos grandes momentos de fama: uno fue cuando apareció, como otros funcionarios, como parte de una empresa offshore en Panamá, Lafibal International Corporation, fundada el 11 de septiembre de 2009. El otro capítulo fue cuando el Presidente decidió crear un fideicomiso ciego tras el escándalo por el intento de condonación de US$ 70 millones a la empresa familiar de los Macri por las deudas en el Correo Argentino. El encargado de los bienes del Presidente es el escribano José María Fernández Ferrari, que era socio del tío del falso abogado, en una sociedad llamada Sociedad Fiduciaria SA.

“El Presidente necesita un fideicomiso, como el de Piñera en Chile. Estamos pensando en ustedes”, fue el pedido que le hizo D’Alessio a Fernández Ferrari, según este último contó en una entrevista para NOTICIAS. El tío, luego de concretar la unión de su asociado con el Presidente, renunció a la empresa. Una familia muy normal.